Un proyecto al aire libre en Concón propone enseñar a los niños las labores propias de la tierra, incluyendo animales y cultivos. Educación real y práctica con experiencia palpable, sin descuidar la entretención siempre requerida por el público infantil. Así es Campo Educativo.
Por Bernardo Devia. / Fotografía Teresa Lamas G.
Se tituló y transcurrieron cinco años trabajando en lo que, se suponía, debía hacer: dar clases encerrada en una sala con muchos niños. No estaba mal, pero Pamela Maggi sintió que, después de un lustro, era el momento de convertir su experiencia en algo aún más concreto. Criada en el campo, estudió Educación Básica en la Universidad Católica de Valparaíso, con mención en Ciencias y Matemáticas, pero decidió experimentar la pedagogía más allá de la pizarra y los métodos tradicionales. Es 1997 y en el fundo El Colmito de Concón nace Campo Educativo. Según Pamela, la iniciativa es única y original. “No hay nada que se parezca a lo que hicimos acá”.
¿En qué consiste? Ofrece visitas guiadas tanto a colegios como a particulares para presenciar y participar in situ de diversas actividades inherentes al campo. “Los niños experimentan un acercamiento a esas tareas, como alimentar a distintos animales de granja y también las labores de la tierra. Incluso pueden cosechar algo de la temporada y se llevan una plantita a su casa. También alimentan a la mayoría de los animales de granja propios de la zona, y otros animales que no son comunes acá como las avestruces y los ciervos”.
Según la pedagoga, aunque Campo Educativo permite que los visitantes puedan realizar sin compañía el recorrido, la vivencia se aprovecha íntegra bajo la supervisión de un guía. “En general, no somos muy proclives a las visitas en solitario porque creemos que parte del éxito radica en la explicación profesional. Si no, te das una vuelta y te retiras rápido, sin saber qué más puedes hacer”.
¿Qué animales hay?
Tenemos ciervos, ovejas de Somalia, ovejas chilenas, cabras de distintas razas, una burrita que está muy adaptada a los niños, que deja que la peinen y le den comida en el hocico; llamas y alpacas, caballos ponis y chilotes. Tenemos dos percherones que tiran una carreta que los niños pueden abordar y les encanta. Hay avestruces, un panal de abejas demostrativo, una vaca con terneritos que ordeñamos habitualmente. También una chancha con chanchitos, que en general gusta mucho. ¿Qué más? Pavos reales, gallinas de distintas razas, faisanes, patos, gansos, conejos y chinchillas.
La huerta ¿qué ofrece?
Allí cultivamos hortalizas, frutas y verduras de la zona, harto cítrico. En general, los niños cosechan limones o naranjas. Tenemos raíces como rábanos y zanahorias, alcachofas, distintas variedades de lechuga, ciboulette, espárragos, habas, acelgas, y espinacas. El excedente lo vendemos habitualmente acá en la granja. Es una huerta orgánica y no usamos pesticida. Está más o menos integrada al sector de los animales. El Campo Educativo tiene esa característica, hacer un todo armónico.
OREJA, PESTAÑA Y CEJA
“Cuando los menores arriban, tras ser identificados con un distintivo, se lavan las manos y se ponen a amasar pan en un comedor. Ese pan luego va al horno, le untamos mantequilla y los chicos lo comen antes de partir. La visita propiamente tal arranca, en general, en el sector de las aves. Les pasamos un huevo de avestruz, que son súper grandes y gruesos de cáscara, entonces no tienen riesgo de que se rompan. Los toman, los tocan, interactúan con los sentidos. Nosotros, a su vez, les damos datos y diferencias acerca del huevo del avestruz, del pato, del ganso, el emú, de pavo real, gallinas comunes y gallinas de la pasión. Les explicamos que si el huevo está frío y no tiene temperatura, significa que adentro no puede haber vida porque la mamá lo tiene que calentar, incubar, etcétera”.
¿Sientes con los años que ha variado la capacidad de observación de los chicos, cómo reaccionan y qué preguntan, o hay una constante?
Ha variado desde mi generación a las actuales, totalmente. Yo tengo cuarenta y ocho años y la gente de mi época jugaba mucho más afuera, como también había mucho menos acceso a experiencias guiadas. Hoy en la mayoría de los sitios la actividad es supervisada. El juego de computador puede ser muy bueno en algunas áreas, pero lo real —olfatear, tocar, escuchar—, esos elementos creo que se han perdido.
¿Están más formateados los niños?
Totalmente. Pueden tener mucha más información general que la que tenía yo. Hay chiquillos que manejan a la perfección los tipos de animales, las especies de dinosaurios y avestruces, porque tienen acceso a ese conocimiento más fácil y rápido. Te pueden dar una cátedra. Pero en lo vivido, sentido y percibido, creo que falta mucho.
UN CABRITO QUE SE PEINA
Las cornamentas son los cuernos de los ciervos y se renuevan en cada primavera. En Campo Educativo los niños pueden tomarlas, apreciarlas y luego el guía les pregunta qué teorías tienen respecto de este cambio en el animal, otra manera de que la explicación no solo sea un discurso, sino que cobre sentido total al observar directamente a la especie y sus características.
Después, cuenta la educadora, los niños son conducidos donde un cabrito de paciencia infinita. “Lo pueden peinar y les pedimos que observen los cachos, las pezuñas. En ese mismo espacio tenemos una mesa con una cría de conejos, entonces los ponemos arriba para que ellos los puedan tocar, no tomar en brazos porque nos sucedía antes que se caían y quedaban muy machucados. A los niños les gusta mucho tocar los animales. Por supuesto, lo hacemos con aquellos que lo permitan por una cosa de seguridad”.
Luego visitan una mantenedora con luz roja con crías de pollos y patos, y les pasan una bolsita de maní para que puedan alimentar a esas y otras aves. Uno de los puntos altos llega a continuación: ordeñar una vaca, dar de comer a los conejos y conocer un panal de abejas demostrativo. “Después vamos a la huerta y les damos una malla para que cosechen limones y naranjas, o rábanos y zanahorias para los más pequeñitos. Ahí se dan cuenta de que también comemos raíces”. El capítulo huerta sigue en los cultivos hidropónicos, donde se explica los detalles de esa técnica de raíz flotante, para luego cosechar hierbas culinarias y medicinales.
Pamela Maggi explica que las visitas de colegios se extienden por tres horas y en el caso de particulares por dos. La profesora aconseja la experiencia de Campo Educativo para niños desde los tres años. “En realidad no hay tope de edad, hasta pololos vienen”.
¿Cómo proyectas a Campo Educativo?
La verdad es que el futuro lo pensamos respecto del aumento de público. Siempre intentamos tener juegos o nuevas actividades. Hace dos años hacemos escuela de verano en enero por tres semanas. Puedes dejar a tu niño acá con actividades un poco más específicas. Esquilamos a las ovejas, por ejemplo, y ellos ayudan a lavar la lana, algo que no puedo hacer con un grupo regular de visita. Recogen los huevos todos los días, la colación la hacemos con ese huevo que sacaron, y ellos mismos lo revientan en la sartén. También salimos a caminatas en el campo. Estamos al lado del río Aconcagua y el paisaje es maravilloso.
“Los niños experimentan un acercamiento a esas tareas, como alimentar a distintos animales de granja y también las labores de la tierra".
"El juego de computador puede ser muy bueno en algunas áreas, pero lo real —olfatear, tocar, escuchar—, esos elementos creo que se han perdido".
"Siempre intentamos tener juegos o nuevas actividades. Hace dos años hacemos escuela de verano en enero por tres semanas".