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EDICIÓN | Enero 2017

ENSEÑAR A JUGAR

Elizabeth “Lissy” Miño
ENSEÑAR A JUGAR

Colorina, alegre y perseverante, esta talquina es parte de una familia dedicada al tenis, por lo que entrenó desde muy pequeña para ser profesional. Con el tiempo se dio cuenta que su talento pasaba por enseñar a los niños a jugar y, casi sin darse, terminó creando su propia escuela de tenis, que no sólo busca descubrir talentos, sino que formar niños felices.

Por María Paz Macaya O. / fotografías Francisco Cárcamo P.

Desde los tres años, Elizabeth Miño, más conocida como Lissy, jugaba con raquetas mientras acompañaba a su mamá a entrenar o a participar en algún campeonato. A los cuatro años le regalaron una raqueta para niños. De ahí que el tenis es su máxima pasión.

En ese tiempo no había muchas clases de esta disciplina para niños tan pequeños, menos en provincia. “Nadie me quería hacer clases porque era muy chica y antes el tenis no estaba bien adaptado para los niños, entonces mi mamá fue un poco visionaria, y decidió que, aunque tuviera que pagar el doble, me tenían que hacer clases igual”.

A los siete años, ya destacaba por su juego, así que comenzó a entrenar en Santiago tres veces por semana. Esos días faltaba al colegio, lo que le implicaba un sacrificio adicional para estar a la par con sus compañeros de estudio. “Estuve en varios colegios, donde iban aguantando mi estilo de vida. Antes no era como hoy, que si uno quiere ser deportista es mucho más fácil que la gente lo entienda”.

Con sólo trece años se fue a vivir a Santiago para poder entrenar y participar en los campeonatos. Se retiró del colegio y daba exámenes libres. “Me fui a vivir sola a un departamento en Escuela Militar, me llevaba la plata de la semana y me tenía que alcanzar para  todo. Tenía que cocinar, hacer el aseo y más encima tenía que estudiar. Estaba de lunes a viernes. El fin de semana, si no había torneo, viajaba a Talca”.

¿Fue difícil esta infancia tan diferente a las demás?

No, a mí me gustaba. Además, mis papás siempre se preocuparon de que yo fuera niña. A ellos no les importaba si yo ganaba o perdía.

¿Por qué es tan sacrificado hacer carrera en el deporte?

Porque es una vida muy sola, te tienes que radicar en otro país y al comienzo no tienes financiamiento. Si no tienes plata no puedes jugar, porque hay mucha gente que tiene talento, pero el tema son los costos. Y a corta edad nadie te considera. Yo tuve la suerte de que a los ocho años me auspiciara una marca de raquetas, pero eso no siempre pasa.

CAMBIO DE RUMBO

Ya en la adolescencia jugaba todo el circuito nacional. Le gustaba, le iba bien y quería empezar a proyectarse. Pero a los quince años se cuestionó su futuro y decidió que no quería ser tenista. Fue difícil para Elizabeth hablar con sus papás, después de todo lo que ellos habían invertido en su desarrollo deportivo. “No fue una crisis, una día desperté y lo sentí. Veía tantos niños estresados y que lo pasaban mal, que un día me dije: yo no quiero ser tenista, quiero ser profesora de tenis. Y les tuve que decir a mis papás que no iba a jugar más campeonatos”.

De esta manera y con la tenacidad y perseverancia que la caracterizan, se propuso estudiar para ser profesora de este deporte. “Mi mamá me decía: eres muy chica, no te van a considerar. Pero no me importó y me dije a mi misma ‘de los quince a los veinte me preparo, adquiero experiencia y cuando tenga veinte ya puedo empezar a hacer clases’. Hicimos reunión familiar, y decidí ir a estudiar a Buenos Aires”.

Del otro lado de la cordillera, empezó a trabajar de ayudante de un profesor en el Lawn Tennis Club y en el Club Ferrocarril Mitre. Lissy estaba encargada de preparar a los niños más chicos y ahí se dio cuenta de que nadie quería atender a los que recién comenzaban en esta disciplina: “todos quieren niños grandes y con talento. Y ojalá que sepan jugar…”.

Entre medio de todo, viajaba a Chile a dar exámenes libres para terminar su educación media y luego regresaba a Palermo Soho, al departamento de una amiga, donde la acogieron durante su estadía en Argentina.

LA VUELTA

Cuando volvió a Chile, rindió la prueba de aptitud y, para su sorpresa, le fue muy bien. Frente a la presión de sus padres porque estudiara algo, decidió seguir administración de empresas. Era una carrera corta y vespertina que le permitía en el día trabajar en lo que más le gustaba: enseñar tenis.  

Comenzó haciendo clases en Talca en forma independiente y sin pertenecer a ningún club. Así, se fue corriendo la voz de que esta colorina tenista hacía clases. “Era por dato, iba a las casas y daba clases particulares. Era tanto lo que me gustaba, que me puse a hacer clases en una cancha que nadie usaba y que estaba abandonada en el sector sur de la ciudad. Yo misma compré la malla y fui haciendo un puerta a puerta, ofreciendo clases gratis. Incluso la misma marca que me ha apoyado desde chica, ofreció regalarme raquetas y pelotas. Así formé mi primera escuela. Llegué a tener sesenta alumnos y de ese grupo dos o tres quedaron jugando entre los diez mejores de Chile”.

¿Por qué te gusta trabajar con niños?

Porque soy alegre, relajada, me siento cómoda, no hay esquemas cuando se trabaja con niños. Además soy tranquila y tengo paciencia.

¿A veces te sientes terapeuta de tus alumnos?

Creo que hay muchos que van porque sale más barato que el sicólogo… (se ríe). Siento que les entrego alegría, algo provoco en ellos. A veces, cuando se bajan del auto y llegan enojados o llorando y me miran, se ríen. Aquí, hay que ser de todo un poco, no sólo profesora.

¿Cuál ha sido la clave de tu éxito?

Yo no vendo alto rendimiento. En mi escuela los niños vienen a pasarlo bien, y les digo a las mamás que no sé si el niño llegue a competir, pero que va a ser un niño feliz, un buen competidor y además una buena persona. Y cuando los papás me piden que sus hijos jueguen en torneos, yo no los puedo recibir, porque la idea no es presionar. De hecho una vez me pasó que, en un campeonato en Talca, con otro club que sí vende alto rendimiento, la mayoría de mis alumnos ganaron y los pocos que perdieron estaban contentos. En cambio, el otro club perdió y daba pena ver como esos niños lloraban y se sentían frustrados.

SEGURIDAD Y ALEGRÍA

La escuela “Lissy Tenis” se ha consolidado como un grupo de entrenamiento durante todo el año. Y no sólo para niños, sino que también se han incorporado adultos. Con más de tres años de trabajo independiente y una creciente demanda, la escuela creció. Miño organizó talleres por edad y contrató a más profesoras, porque le faltaban horas del día para hacer clases.

¿Por qué Lissy Tenis creció tan rápido?

Creo que gracias a la recomendación de los mismos papás que se pasan el dato. Además, siento que hago bien mi trabajo porque me gusta. Y ese es el secreto, siempre estar alegre y ser responsable. Es muy distinto cuando hay un profesor que recibe a tu hijo contento y que disfruta haciendo su clase.

¿Algún reconocimiento que hayas recibido por la escuela?

Sí, fui invitada en octubre por Prince -nuestro auspiciador- a Miami, a la  IMG Academy, de Nick Bollettieri. Ahí se han formaron figuras como Agassi, Sharapova, Marcelo Ríos y Boris Becker. Es la academia más famosa del mundo y me fui a capacitar con ellos acerca de nuevas tecnologías para raquetas.    

¿Cuáles son tus proyecciones ?

Por el momento, quedarme en la Villa Esmeralda de Talca, consolidarme y seguir capacitándome para más adelante tener mi propio club. 

 

“Si no tienes plata no puedes jugar, porque hay mucha gente que tiene talento, pero el tema son los costos. Y a corta edad nadie te considera”

“Yo no vendo alto rendimiento. En mi escuela los niños vienen a pasarlo bien, y les digo a las mamás que no sé si el niño llegue a competir, pero que va a ser un niño feliz, un buen competidor y además una buena persona”

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