Antes de terminar este año, nuestros creadores locales recibieron el financiamiento para sus proyectos a través del Fondart 2016. Son artistas y creadores que ya pueden proyectar su trabajo creativo para los meses que se avecinan.
Esta herramienta de financiamiento tiene, como todo, seguidores y detractores. No puedo discutir ninguna postura sin embargo, debo reconocer que gracias a la aparición de este formato, es que muchos gestores culturales aprendimos a formalizar nuestros sueños, darles un sentido más comunitario, a evaluar si el impacto de nuestras ideas era masivo o selectivo.
Quizás para muchos dar tanta estructura al arte es contraproducente, pero a veces es la única vía para acercar al artista con el público, ayudándole a ponerse en el lugar del espectador, imaginando cómo será evaluada la obra y modificándola si hay algún aspecto que parece estar fuera de lugar.
Hoy hubo treinta iniciativas adjudicadas. Detrás de estos seleccionados, hay decenas de proyectos que quedaron en el camino cuyos autores tal vez estén con el corazón un poco roto, pero que deben tener la certeza de que sus iniciativas pueden ser perfectibles, mejorables y finalmente, ejecutables. Quizás no sea ahora, quizás falta maduración. Pero cuando un creador se fija una idea en la cabeza, jamás debe olvidarla hasta verla convertida en realidad.