En marzo de 2015, la familia Pinto Manso decidió un cambio de vida, lo que implicó que él pospusiera el ejercicio de su profesión para emprender un negocio de comida rápida gourmet, con características ecológicas y saludables, igual a la comida hecha en casa.
Hace dos años, el matrimonio de Andrés Pinto y Javiera Manso decidió iniciar el negocio de comida casera al paso, bajo el concepto de Smart Food, que implica la existencia de un consumidor que sepa el origen de su comida y que sea consciente de lo que consume.
A esta idea, agregaron otros lineamientos, liderados por la premisa que la comida rápida no tiene que ser chatarra; por eso, cocinan recetas saludables gourmet, que varían todos los días. También, priorizan un bajo impacto en el medio ambiente, por lo que la imagen que más destaca a 1674, es el uso de frascos de vidrio en los que se vende la comida. Si los clientes los retornan, se aplica el descuento al frasco en la próxima compra. Más económicos y biodegradables, son los envases de cáñamo, que utilizan en las colaciones. Tampoco emplean químicos ni colorantes ni ningún sabor artificial en todos sus dulces, pastas, panes y salsas. Seleccionan todos los ingredientes, privilegiando a productores locales, para así llegar hasta los comensales con alimentos frescos y que otorgan beneficios naturales.
El matrimonio aprovechó el primer piso de su propia casa para instalarse, ubicada en un sector alejado del centro penquista, pero cercano a una universidad, residencias y pequeñas empresas. El garaje fue transformado para servir de local, y la terraza y living comedor, para distribuir mesas que sirven a quienes prefieren comer ahí mismo. El servicio de delivery se realiza en bicicleta, por los alrededores.
RECETARIO FAMILIAR
Los Pinto Manso empezaron su emprendimiento con quince frascos y hoy elaboran sesenta a diario, con cinco platos distintos, donde destaca la pasta fresca de espinaca, zapallo y tradicional, con sus salsas; el potaje, sopa o crema de verduras de estación, o de verduras frescas. Tampoco faltan las preparaciones especiales, como la torta de panqueque con pollo, salsa blanca, queso chanco, surtido de verduras y zanahoria. También cuentan con sándwiches gourmet, con hamburguesas de carne o de quínoa. En pastelería, abundan los rollos de canela; kuchen de manzana, arándano o pera; y pie de limón.
La mayoría de las recetas de platos caseros son sacadas de un recetario familiar que empezó la bisabuela de Javiera y que, generación tras generación, ha ido incorporando más preparaciones, incluso de Javiera, quien seguramente legará este tesoro familiar a alguno de sus hijos. 1674 también ofrece desayunos, colaciones y onces, o una simple taza de café, pero siempre privilegiando los productos gourmet en un ambiente informal y muy acogedor.
Andrés Pinto es kinesiólogo de profesión, especialista en terapia neural (especialidad dedicada al alivio del dolor de patologías agudas y crónicas no oncológicas), y Javiera, educadora de párvulos en el Colegio Alemán. “El mejor panorama en nuestros primeros años de casados era cocinar en conjunto y luego compartir una velada con exquisitas preparaciones”, indica Andrés.
¿Por qué su negocio tiene un concepto ecológico?
La ecología ha sido una inquietud desde siempre, que se fue incrementando con los años, especialmente desde que fuimos papás por primera vez. Así es que el bichito estaba, por lo que cuando decidimos abrir el local nos pareció importante incorporar este factor dentro de nuestro concepto, bajando en un cincuenta por ciento nuestros desperdicios y en un ochenta por ciento nuestra dependencia al plástico, para contribuir con un pequeño grano de arena a disminuir el volumen de basura de la ciudad.
¿Cuáles han sido las principales dificultades que han enfrentado?
Las mayores dificultades han sido no conocer a cabalidad el rubro gastronómico, bastante alejado de lo que estudié y me especialicé, además de las dificultades propias de la burocracia para poner en marcha un negocio y hacerlo crecer.
¿Quiénes son sus clientes?
El público es bien variado, están los alumnos de la Universidad del Desarrollo, personal de diversas empresas que se encuentran en los alrededores y las personas que viven cerca. Además de apoderados que envían los almuerzos para el colegio de sus hijos.
¿Cuánto han crecido desde marzo de 2015?
No ha sido fácil, para nada, pero hemos logrado crecer. Partimos remodelando el garaje de la casa como lugar de venta y mejoramos la cocina para producir nuestros productos en forma más profesional, luego con una pequeña terraza techada, después con servicio de reparto a seis cuadras a la redonda en bicicleta y seguimos con una terraza libre y ahora vamos por una ampliación para atención de público para eventos privados. Por ejemplo, si alguien quiere celebrar su cumpleaños, tenemos un espacio exclusivo para veinte personas, con platos especiales, una decoración entretenida y ambiente cálido, siempre bajo el concepto de smart food.
¿Cómo eligen los platos?
Principalmente, por gusto personal o revisando revistas o recetarios con platos que nos tinquen. No hay más ciencia que esa. Lo probamos, y si el público lo compra, se repite; si no, lo sacamos de la lista.
¿Cuáles son sus planes?
Lo primero es poder consolidarnos como empresa, han sido dos años vertiginosos con muchos altibajos, de muchos porrazos y aprendizajes, pero vamos por el buen camino. Lo segundo es crecer con los invernaderos en nuestra parcela, para así aumentar la producción de productos naturales para nuestro local. Ya tenemos dos y la idea es llegar a cinco en 2017. Por último, diseñar nuestra primera sucursal el próximo año e implementarla en 2018. Otra opción, es adquirir un food truck, pero aún está en proceso de análisis.
“El mejor panorama e nuestros primeros años de casados era cocinar en conjunto y luego compartir una velada con exquisitas preparaciones”.
“No ha sido fácil, para nada, pero hemos logrado crecer”.