El Patrimonio Cultural de nuestro país tiene distintas dimensiones, como por ejemplo, el Archivo Nacional Histórico, donde se da cita el mayor número de personajes de nuestra historia.
Otro personaje que convive en los pasillos del Archivo es don Francisco de Núñez de Pineda y Bascuñán. Soldado criollo, prisionero por los mapuches por cerca de siete meses y autor de Cautiverio feliz, texto que describe las costumbres de los araucanos y los defiende irrestrictamente. Sus relatos están acompañados de una serie de láminas que grafican los encuentros bélicos entre españoles y mapuches y que son una gran expresión artística y de fuente histórica. También es posible encontrarse con Catalina de Los Ríos y Lisperguer, La Quintrala, los juicios en su contra por maltrato y sus testamentos.
Desde ahí se puede avanzar hasta el período de la Independencia, ya que aquí se encuentra el texto íntegro y original del Cabildo Abierto, celebrado el 18 de septiembre de 1810. Bernardo O’Higgins ocupa un sitial de honor, y su firma puede verse en los decretos que intentan terminar con las desigualdades coloniales como los títulos de nobleza; otro que determina nuestro gentilicio de chilenos e incluso aquel que pone término para siempre a las diferencias basadas en el color de la piel.
Otros episodios más personales, pero no por ello menos relevantes, se advierten en la figura de don José Miguel Carrera. Su Libreta Personal contiene la carta de despedida a su esposa Mercedes Fontecilla: “Mi adorada pero muy desgraciada Mercedes, un accidente inesperado y un conjunto de desgraciadas circunstancias me han traído a esta situación triste. Ten resignación para escuchar que moriré hoy a las once…”. Manuel Rodríguez, fiel a su estilo, está presente pero camuflado en múltiples disfraces; una firma por ahí, un registro de su examen para titularse de abogado en la Universidad de San Felipe, pero aunque sus testimonios sean escasos, su presencia es notoria en los documentos de la etapa emancipadora.
Por el contrario, Diego Portales estampó en todo momento su firma. Sus cartas hablan de sus ideas y propósitos políticos y los decretos, de su firme voluntad de llevarlos a cabo. La Constitución Política de la República de 1833, lo refleja en su encabezado: “En el nombre de Dios todopoderoso, creador y supremo legislador del universo”.
El primer siglo como República también tiene a sus personajes, esos que alimentaron el “lado B” de nuestra historia. Uno de ellos es Francisco Rojas Falcato, más conocido como Pancho Falcato. Carnicero, ladrón de ganado y con un gran prestigio en el mundo delictual gracias a su astucia para escapar, incluso de los “presidios ambulantes”, carros con jaulas en los que se trasladaban los presos desde las cárceles. Otro personaje que incrementa su fama a medida que pasa el tiempo es Antonio Ramón Ramón. Un obrero de origen español que saltó a la crónica roja al intentar asesinar al general de ejército Roberto Silva Renard, el 14 de diciembre de 1914. ¿Sus razones?: su hermano gemelo había inmigrado a Chile para trabajar en las salitreras y habría sido parte de la matanza de la escuela Santa María de Iquique. Cuando perdieron el contacto, Antonio viajó a buscarlo y al llegar descubrió que el responsable de esa represión fue Silva Renard. Juró vengarse y lo concretó siete años después.
El Archivo Nacional espera a todo ciudadano que desee conocerlo. Para eso, ha realizado iniciativas como “Diálogos con Historia” y, desde marzo del 2016, desarrolla #elarchivoeduca, propuesta que busca incentivar a los colegios para que visiten el lugar y aprendan del patrimonio documental histórico.