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EDICIÓN | Diciembre 2016

LAS MIL Y UNA VUELTAS DE LA “POLLO”

Juanita Mir, empresaria cultural y concejala
LAS MIL Y UNA VUELTAS DE LA “POLLO”

De top model en los ochenta a flamante nueva integrante del Concejo Municipal de Lo Barnechea, pasando por esposa, mamá de cuatro hijos y empresaria cultural. Juanita, la Pollo, tiene varias vidas, todas cruzadas por el trabajo intenso y la alegría, que transmite a través de su característica sonrisa.

Por Mónica Stipicic / Fotos Andrea Barceló

Tiene una casa preciosa en la precordillera. Rodeadas de un jardín enorme, que nos mantiene casi aislados de los vecinos a través una muralla verde de ensueño, nos encontramos con una Juanita a cara lavada y vestida con un relajado vestido veraniego.

Tiene los mismos ojos celestes vivaces y expresivos que la transformaron en una reconocida modelo en los ochenta. Y el mismo pelo rubio y largo, que ahora está atrapado en una trenza, pero que recuerda de manera automática las producciones de una época dorada, en que la Pollo compartía portadas con Josefa Isense, Rosita Parsons y Ana María Cummins.

Está cerca de cumplir cincuenta y lo recalca orgullosa. A estas alturas tiene una carrera en el mundo de la cultura como socia de Santiago Cult, un matrimonio súper consolidado con el abogado Juan Pablo Silva, cuatro hijos: Juan Pablo (24), Juanita (22), Clemente (20) y Victoria (15) y desde hace algunas semanas, una nueva carrera en política.

En las elecciones municipales de diciembre pasado, aceptó el desafío de presentarse como candidata a concejala. Y no sólo fue elegida, sino que obtuvo la segunda mayoría, superando incluso a concejales con varios años de carrera.

¿Cómo surgió esta posibilidad?

Yo trabajo mucho en temas de gestión cultural, comercial y RSE, pero también he sido parte de varias fundaciones, por lo que siempre he tenido una fuerte motivación social, me interesa y me gusta mucho la gente. Soy asesora del National Museum of Women in the Arts, capítulo chileno, trabajo en la Corporación Futrono y soy vicepresidenta de la asociación de exalumnas del Villa María, o sea siempre he tenido ese vínculo con la acción social, porque además creo que cualquier persona privilegiada de este país tiene la responsabilidad de devolver como pueda, de aportar desde lo que uno es y desde el trabajo directo con la gente. Pero la verdad es que a mí jamás se me había ocurrido postularme a un cargo público. Me llamaron un par de personas para proponérmelo y a todos les dije que no, que no era lo mío, hasta que una amiga, una mujer más grande y que viene de vuelta y a quien respeto mucho me dijo: ‘Pollo, ¿por qué no lo piensas? Llevas tanto tiempo haciendo cosas en distintos ámbitos, y a lo mejor este es un lugar donde puedes aunar toda esta energía que tienes un poco desperdigada y enfocarla como a una cosa más grande...’. Y me hizo clic.

 

¿No fue una decisión fácil?

Lo pensé mucho, me tomé mi tiempo, lo hablé con mi familia, con los niños. Y me convencí, me lancé pero de manera muy responsable, evaluando todo el tiempo cuál podría ser mi aporte.

 

Independiente, pero con el apoyo de Evópoli, comenzó a hacer campaña. No sin antes superar sus propios miedos. “Yo no tengo cuero de chancho, todo lo contrario, soy súper sensible y eso me complicaba... la sobreexposición de tu intimidad, de tus ideas es difícil, uno no siempre proyecta lo que realmente quiere y hay que estar pisando huevos todo el tiempo. Y yo soy súper natural, la misma en todas partes y con todo el mundo, entonces me costaba mostrarme. No es lo mismo que el modelaje, en que te ponías un vestido, te disfrazabas y mostrabas algo que no eras tú. Acá eras tú, con tus convicciones”.


Vives en una de las comunas con mayores diferencias del país, ¿cuál sentiste que podía ser tu aporte?

Mi campaña tenía como base que Lo Barnechea éramos todos, porque la división permanente que aquí existe es muy dolorosa. Nos quejamos de un montón de cosas, pero si no somos capaces de crear puentes nunca subsanaremos esas diferencias. La campaña fue muy trabajada, dura, pero me sentí muy acogida en todas partes, por la gente más sencilla y por mis amigos.

 

¿Qué te pasa cuando te das cuenta de que miles de personas creyeron en ti?
Una tremenda responsabilidad, pero sin susto. He trabajado toda mi vida, así que no le tengo miedo al trabajo. Al contrario, me gustaría tener más horas de terreno, más capacidad de acoger las inquietudes de la gente y de ser un nexo.

 

LA SEÑORA JUANITA
 

En una época como esta, en que la política está tan criticada, ¿sigues creyendo que ese es el lugar desde donde hay que hacer las cosas?

La verdad es que fue un proceso más mío, de sentir que estaba en una etapa de la vida en que podía ser un aporte, con una mirada de mujer, pero también de mucha libertad. Nunca he militado y eso me permite ponerme en los zapatos de cualquiera y no estar condicionada. Tenía que ver con una etapa de la vida y por algo el ofrecimiento llegó ahora, cuando estoy plena de capacidades, pero también mucho más madura. Voy a cumplir cincuenta años en abril… no soy una cabra chica, tengo cierto carrete y estoy dispuesta a transmitirlo y aportar.

 

Sebastián Piñera habló de ti como la verdadera “señora Juanita”…
Admiro mucho al presidente Piñera, es un gran amigo al que quiero y respeto. Su comentario fue muy cómico. Ojalá que mi nombre, tan popular y tradicional en Chile, sirva para acercarme, aunque tenga un estereotipo físico tan poco chileno.

 

Piñera no fue el único que te apoyó, también lo hizo el actor Pedro Pascal y el mismísimo Rudolph Guiliani…
Pedro es mi primo, por eso no dudó en apoyarme. Lo de Guiliani fue algo divertido. Nos sacamos una foto y unas amigas, muy patudas, le pidieron que me mandara un saludo. Él lo hizo, simpático, pero sin tener idea quién era yo… una anécdota nada más.

 

¿Cómo es la mujer a la que quieres representar?

No es que lo haya descubierto en la campaña, lo he visto a través del tiempo: la fuerza de la mujer chilena es notable. Es una mujer valiente, jugada. Hay abuelas que cuidan nietos y se sacan la mugre para que sus hijas salgan adelante. Tengo amigas que trabajan, estudian, crían y ponen el hombro todo el tiempo. Yo misma vengo de una familia de mujeres fuertes; el matriarcado es algo que he visto, que he conocido. El hecho de ser capaces de hacer muchas cosas al mismo tiempo nos permite estar mucho más insertas en el mundo real, porque estamos en contacto permanente con la realidad de la comuna, del país, del trabajo... porque llevamos niños al colegio, hacemos deporte, vamos a comprar, pasamos volando por la tintorería, conocemos al chiquillo que nos ayuda con las bolsas y conversamos con él.

 

Tu misma empezaste a trabajar desde muy chica.

Sí, siempre fui un poco agrandada y me gustó ser independiente. Mi primer trabajo fue a los catorce años, envolviendo regalos para la Navidad. Soy una agradecida porque siento que la vida me ha enseñado y yo he aprendido mucho. Tengo metido en el ADN el sentirme responsable y capaz de salir adelante y para mí trabajar gratifica y engrandece

 

CHILE CULTURAL

 

La cultura es uno de los temas que mueve a esta mujer. Desde hace nueve años es socia de Santiago Cult, un espacio creado para hacer gestión cultural y entregarle el valor que se merece.

 

“Sin duda, hoy existe más empatía con el tema cultural. La gente ya se dio cuenta de que era relevante y dejamos de hablar de cultura sólo desde la exposición de arte o la literatura, sino de recuperar tradiciones. Nos falta mucho y me falta mucho, porque no quiero aparecer dictando cátedra. No soy una experta, pero el tema gusta y me importa. Pero uno ve como hay mucha más gente que se atreve y más personas aportando desde lo económico, desde su empresa o desde la responsabilidad social. Pero también la torta se está repartiendo entre más y parar proyectos culturales se hace difícil, sobre todo ahora, en que la gente tiene un poco de susto de pasar plata”, aclara.

 

Pero sí hay un cambio de mirada, ya no es el “cacho” de los que vienen a pedir plata…

Totalmente, hoy se valora que alguien sea capaz de sacar un proyecto cultural adelante, el trabajo se reconoce. Hoy la gente se interesa, pregunta y ofrece ayuda, no sólo desde lo económico y eso hace mucho menos árida la pega.

 

¿Hay más gente haciendo cultura?

Creo que por ahí va, y también los jóvenes se han dado cuenta de que se puede ser feliz dedicándose a cosas distintas. Esa cosa del estigma que te vas a morir de hambre si eres artista ha ido evolucionando y todos los padres sentimos que lo más importante es que, en la medida que tus hijos sean felices, lo más seguro es que les vaya bien… por supuesto con una cuotita de talento.

 

¿Cómo te paras frente a los cincuenta?

Para mí la edad nunca ha sido mucho tema. Sí me acuerdo que cumplir treinta fue impactante, sentí que ya era una mujer hecha y derecha… pero nunca he tenido rollos con estar más vieja, más gorda o más fea. Soy pretenciosa como cualquier mujer y me preocupo, pero no se me va la vida en ese tema. Siento que estoy llegando a una etapa contenta, plena y con mi vida bastante resuelta; soy una persona segura, tengo una familia preciosa, buenos amigos, gente que me quiere. Estoy en paz, sin la ansiedad de tener que ser. En mi centro.

 

“Yo no tengo cuero de chancho, todo lo contrario, soy súper sensible y eso me complicaba... la sobreexposición de tu intimidad, de tus ideas es difícil, uno no siempre proyecta lo que realmente quiere y hay que estar pisando huevos todo el tiempo”.

“El hecho de ser capaces de hacer muchas cosas al mismo tiempo nos permite estar mucho más insertas en el mundo real, porque estamos en contacto permanente con la realidad de la comuna, del país, del trabajo... porque llevamos niños al colegio, hacemos deporte, vamos a comprar, pasamos volando por la tintorería, conocemos al chiquillo que nos ayuda con las bolsas y conversamos con él”.

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