Con más de ochenta años de historia, es difícil que un serenense o un turista no haya probado, al menos una vez, los helados de La Crisis. Y es que su receta magistral, con ese sabor de antaño y natural, ha traspasado cuatro generaciones, superando incluso su propia “crisis”. Hoy, en un pequeño local y con ventas que alcanzan los cien litros diarios durante el verano, Raquel Salinas y sus hijas María Eugenia y Silvia Garín, se afanan, día a día, para mantener una tradición y seguir cautivando los paladares de grandes y pequeños.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz.
Proveniente de Iquique, Etelvina Bórquez, tía de Raquel Salinas, se radicó en La Serena, buscando nuevos horizontes comerciales, tras la crisis del salitre. Era el año 1933 y Etelvina compró una heladería y salón de té, en ese entonces, ubicada en calle Prat en pleno centro de La Serena. Como una manera de rememorar parte de esa historia que dejaba en el pasado, bautizó su nuevo negocio con el nombre La Crisis.
A partir de entonces, la receta de la tía Etelvina, se convirtió en todo un éxito en el escaso rubro de los helados. Y es que en esos años, además de no tener competencia, se las ingenió para elaborar un producto natural, de calidad y con un sabor difícil de olvidar.
“La tía Etelvina fabricó un tonel de vidrio con una manilla y en su interior tenía un cubo donde se vaciaba la leche para preparar los helados. En ese tiempo, el hielo se compraba en barras en la fábrica Floto y ella lo picaba, lo ponía alrededor del cubo y encima le vaciaba sal gruesa protegiéndolo con un saco, para que el hielo no se derritiese. Una vez que vaciaba la leche, ponía la fruta y comenzaba a girar la manilla ¡Todo lo hacía a mano!”, relata Raquel Salinas, quien después de años heredó la receta, convirtiéndose en la tercera generación al mando de La Crisis.
A sus ochenta y nueve años, Raquel afirma, entre risas, que es ella quien se encarga de guardar en sobres el dinero recaudado durante el día. Sus hijas, María Eugenia y Silvia Garín, son las únicas de seis hermanos que optaron por acompañar a su madre en el negocio y dar continuidad a esta tradición. “Crecí en medio de la heladería y siempre me gustó elaborar los helados. Me encargo personalmente de comprar la fruta, de las labores administrativas y, por supuesto, también estoy en la cocina”, recalca María Eugenia.
¿Después de la tía Etelvina, en manos de quién quedo el negocio?
R: Al fallecer la tía Etelvina, mi hermana Alicia se hizo cargo de la heladería. Ella se enfermó y al morir, el negocio pasó a manos de mi madre, Sabina Bórquez. En esos años, además de los helados, se hacían dulces y pasteles caseros… de eso se encargaba mi abuelita.
¿Y la heladería seguía en calle Prat?
ME: En 1978, el negocio se cambió a calle Balmaceda, al lado del Banco de Chile y ahí permaneció hasta 1994.
R: Ese año fue cuando entré a formar parte de La Crisis. Hasta ese momento siempre trabajé como modista, pero dejé la máquina de cocer por los helados.
¿Fue en un buen momento?
ME: Lamentablemente, no nos fue bien porque los arriendos en el centro comenzaron a subir, se instalaron otras heladerías y nos fuimos quedando en el pasado ¡Ese año fracasamos!, las ventas no daban para pagar el arriendo y tampoco los sueldos. Luego, La Crisis se trasladó a la esquina de Avenida Aguirre con Larraín Alcalde y eso fue el acabose… lo peor que pudimos haber hecho, porque, además, nos endeudamos.
R: ¡Fue horrible! Estuvimos poco tiempo ahí y luego, decidimos cerrar.
Literalmente La Crisis cayó en una crisis
ME: Así fue. La Crisis desapareció por un año.
R: Nos costó reponernos, hasta que decidimos instalarnos en mi casa en la Avenida Los Perales, lugar donde estamos actualmente.
¿Y partieron de cero?
ME: Sí, hicimos una reestructuración del negocio y comencé a ayudar a mi madre. Cuando reabrimos no teníamos letrero, partimos tímidamente y vendíamos los helados solo a la gente del sector.
R: De eso ya han pasado veinte años. Nos arriesgamos y nos empezó a ir bien.
¿Sin publicidad y solo por el boca a boca?
ME: ¡Exacto! Se corrió la voz de que La Crisis estaba de vuelta. Comenzamos a recibir a los antiguos clientes y a mantenerlos. Los más jóvenes nos decían que sus abuelitos los llevaban a comer helados al centro cuando eran pequeños y los serenenses que se han ido a vivir a Santiago, vuelven porque afirman que La Crisis es toda una tradición de esta ciudad.
TROZOS DE FRUTA
Raquel y María Eugenia afirman que a pesar de los altos y bajos del negocio, la calidad y sabor de los helados siguen siendo los de antaño. Esta poderosa razón los hizo renacer como el Ave Fénix y superar las angustias del pasado. “Nosotras jamás hemos usado pulpa para elaborar nuestros helados y tampoco congelamos la fruta, porque siempre utilizamos fruta fresca y de temporada. Lo especial de nuestra elaboración son los trozos de fruta mezclados con la base del helado que es leche y azúcar. Todo ciento por ciento natural”, recalca Raquel.
¿A quiénes compran la fruta?
ME: La compramos en una sola feria y tenemos a nuestros caseros. Nunca me ha gustado comprar a proveedores.
¿Algún secreto para la receta?
R: El secreto está en las medidas de la leche y el azúcar. Y que la fruta sea de calidad para que el helado quede suave, cuando la fruta no es buena queda grumoso y eso no me gusta.
ME: Otra característica es que vendemos el helado en barquillo, copas y litro y nunca le ponemos adornos, mostacillas, crema o baño de chocolate.
¿Cuáles son los sabores de esta temporada?
ME: Durante el año tenemos veinte sabores y en este tiempo elaboramos helados de durazno, damasco, frutilla, chirimoya, melón, sandía, papaya, plátano, piña y frutos del bosque.
¿Y los tradicionales?
ME: Café con leche, bocado, vainilla, canela, nueces, almendra, chocolate y chocolate suizo.
¿Y en la elaboración trabajan con otras personas?
R: Al principio hacíamos todo solas, pero hace ocho años contratamos a dos señoras, les enseñamos el proceso y aprendieron muy bien.
¿Cuándo se detiene la producción?
ME: El único día que no trabajamos es el lunes porque debemos descansar y generalmente los domingos ya no nos quedan helados. Tenemos clientes que vienen todas las semanas y turistas que vuelven todos los veranos.
R: Hay personas que compran nuestros helados y los mandan a Santiago en avión, la verdad no sé cómo lo hacen.
¿Usted sabía, señora Raquel, que somos el primer país de Latinoamérica en consumo de helado?
R: ¡Sí, es que los helados chilenos son muy buenos! Tenemos fruta de primera y en las heladerías naturales no utilizamos colorantes ni preservantes.
ME: No es lo mismo hacer helados artesanales que naturales y eso es importante recalcarlo, porque lo elaborado en casa no significa que se utilicen insumos ciento por ciento naturales.
¿Y han pensado elaborar helados para diabéticos?
ME: Sí, es importante innovar y una de las ideas que tenemos es crear este tipo de productos.
¿Cuántos litros diarios venden durante el verano?
ME: Fácilmente vendemos cien litros y todo el día estamos reponiendo.
¿Con estas ventas La Crisis volvió a ser lo que era antes?
R: Gracias a Dios está todo pagado y no le debemos a nadie.
ME: Vivimos tranquilas y nos damos nuestros gustos. De diciembre a marzo es el periodo fuerte de trabajo, pero en invierno tomamos vacaciones y disfrutamos.
¿Es posible que exista una quinta generación?
R: Creo que sí, podría ser un nieto. Mi sueño es que esto nunca termine, que continúe la tradición, que la gente nos siga buscando…
ME: En lo personal pienso que nunca se terminarán los helados La Crisis.
“Nosotras jamás hemos usado pulpa para elaborar nuestros helados y tampoco congelamos la fruta, porque siempre utilizamos fruta fresca y de temporada”.
“Cuando reabrimos no teníamos letrero, partimos tímidamente y vendíamos los helados solo a la gente del sector”.
“Hay personas que compran nuestros helados y los mandan a Santiago en avión, la verdad no sé cómo lo hacen”.