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EDICIÓN | Diciembre 2016

APRENDIENDO A MONTAR

Consuelo Márquez, profesora de equitación
APRENDIENDO A MONTAR

A veintitrés años de haber iniciado el proyecto La Tropilla, esta curicana continúa con la misma pasión y dedicación enseñando, principalmente a niños, no sólo a montar, sino a descubrir y a potenciar sus habilidades a través de la interacción y relación con los caballos.

Por Bernardita Watkins, Fotografías: Margarita Landeta.

Inquieta y apasionada, Consuelo es una mujer llena de proyectos y que impresiona por la fuerza, determinación y plenitud con la que se mueve por la vida. A sus cincuenta y cuatro años está feliz por su trayectoria, pero sobre todo, por lo que ha aprendido en este recorrido, por quienes ha conocido y por la posibilidad de relacionarse con todo tipo de personas: "Los caballos son una pasión para mí, una forma de vivir. Me han entregado muchas cosas y he aprendido mucho de ellos". 

 

Creció en Romeral y recuerda su infancia como una etapa muy linda, con papás presentes y dedicados. Su amor por la naturaleza y su conexión con los caballos la diferenciaba de los demás; su papá jugaba polo y ella gozaba siendo su petisera, “prefería acompañarlo, escobillar y pasear caballos que estar en el “club house” con los otros niños. Así crecimos, todo era parte de nuestra rutina y de nuestra vida familiar".

 

Casada hace treinta y cuatro años con José Luis Callejas, es madre de cinco hijos: María Jesús, Consuelo, José Luis, Antonia y Joaquín y tiene cuatro nietos. Para ella, su mayor orgullo y prioridad en la vida es su familia. Una familia que se formó en medio del proyecto La Tropilla.

 

¿Por qué decides formar La Tropilla?

Empecé enseñando a mis niños en el jardín de la casa y, poco a poco, fueron llegando amigos con sus hijos, hasta que un día me propusieron que me instalara en el club de polo. Nunca imaginé que iba a dar clases de equitación. Pensé que llegarían cuatro o seis niños y se llenó; yo sólo quería enseñar mi pasión. Después estuve tres años en Zapallar y, finalmente, me instalé en mi casa donde estamos hasta el día de hoy y donde ahora, además, tenemos un bed & breakfast.

 

¿Cómo fueron los primeros años?

Todos los fines de semana había concursos. Mi marido fue un pilar fundamental y siempre ha sido mi brazo derecho. La Tropilla empezó a abrirse y, sin darme cuenta y sin haberlo proyectado, empezó a crecer. No me había programado para eso, jamás pensé que iba a estar tantos años haciendo lo mismo y me acaban de confirmar que, en Chile, soy la profesora más antigua con la misma escuela de equitación.

 

¿Cómo impactó a tu familia?

Ha sido parte de nuestra vida, los niños crecieron en medio de todo esto y uno se adapta a lo que va haciendo. En cualquier tipo de proyecto, sobre todo al principio, debe haber un motor y yo era ese motor, tenía las ganas, la juventud y la pasión para hacerlo.

 

¿Te imaginas haciendo otra cosa?

Feliz hubiese sido profesora de básica o parvularia. Me encantan los niños, ayudarlos, contenerlos... de alguna manera mi trabajo está muy relacionado con ellos.

 

APRENDER ENSEÑANDO

 

¿Qué ha significado La Tropilla para ti?

Ha sido una escuela también para mí. Cuando empecé en esto, sabía de caballos, pero no le ponía nombre a las cosas, todo era muy intuitivo. Aprendí en el camino. Esto fue todo al revés, primero las personas creyeron en mí y después lo hice yo.

 

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

La posibilidad de trabajar y relacionarme con niños y con personas. Lo más lindo de todo esto, es que a través de los caballos he podido conocer a las personas.

 

¿Cuál ha sido la clave del éxito de tu escuela?

Pienso que nos caracterizamos por entender a quienes vienen y tenemos muy claro que un mismo caballo no es para todos. Observando, aprendí que un niño temperamental necesita un caballo tranquilo, que alguien pasivo, funciona mejor en uno brioso... así empecé a contrastar y equilibrar las personalidades. A pesar de que los niños vienen a aprender equitación, entendí que a través del caballo, les puedo entregar herramientas para potenciar sus habilidades. Eso es lo que más me ha gustado de todo esto, y es algo que aprendí conociendo el temperamento de los niños y el de los caballos. 

 

¿Quiénes vienen a La Tropilla?

Aquí vienen personas con distintas inquietudes y generalmente vamos más allá del objetivo principal que es aprender a montar. Me ha tocado de todo... niños con un tremendo potencial, otros que vienen por prescripción del sicólogo, como pasatiempo, niños que hacen hipoterapia, etc.

 

¿Qué pasa con las competencias?

En algún momento fue muy importante, pero hoy me enfoco en enseñar equitación y mostrar a las personas cuales son sus habilidades a través de estos animales tan sensibles, eso me motiva mucho más. Para mí hoy las competencias están más ligadas a los desafíos personales.

 

MANEJAR LA VIDA

Hace dos años y medio, Consuelo sufrió un accidente al subir a su caballo, pasó un mes en cama y dejó de saltar durante un largo período. Está segura que de acuerdo a cómo manejas un caballo, puedes observar cómo manejas tu vida, pues queramos o no, ellos perciben todo.

 

¿Qué provocó en ti este accidente?

¡Venía a mil por hora! Empujando y echando todo al carro y ahí quedé, con una agenda súper recargada un mes en cama. Fue difícil, pero pensé que mi vida tenía que cambiar, lo tomé como algo positivo. El accidente marcó un antes y un después; debía parar, no estaba disfrutando, andaba como un relámpago. Entonces, desde mi cama empecé a repasar mi historia... tenía cincuenta y un años y me di cuenta de que las cosas pasan por algo, tenía que aprender una lección, no quiero llegar a los setenta y decir ¡estoy agotada!, ¿por qué no paré antes? Ese era el momento de hacer un cambio y me lo enseñó mi yegua a quien adoro.

 

¿Qué aprendiste?

Empecé a ver la vida de otra forma, a organizarme de otra manera. Aprendí a conocer a la gente y a descubrir cómo ser mejor.

 

¿Volviste a saltar?

Si conduzco mi caballo, conduzco mi vida. Después de mi accidente no había vuelto a saltar, lo hice en noviembre de este año en Santa Cruz y gané. Estoy muy contenta de conducir mi vida otra vez, me daba susto caerme. El año pasado dije desde el 2016 en adelante serán mis años, tengo cincuenta y cuatro, soy joven y el 2 de enero me subí otra vez a un caballo. Finalmente volví a montar a la yegua de la que me caí. Sabía que podía, dije “necesito que aprenda algunas cosas”, pero en realidad yo aprendí a volver a tener valor... estoy en ese proceso.

 

CABALLOS Y APRENDIZAJE

¿Por qué a un niño le hace bien practicar este deporte?

Porque la equitación hace bien. El movimiento estimula ciento un puntos energéticos del cuerpo y eso desbloquea los chacras. El tenis hace bien también, pero el sólo hecho de montarte en un caballo es una experiencia, el contacto con un animal vivo, que está calentito, peludo, que te mira, no tiene comparación con una raqueta, por ejemplo. El caballo come de tu mano, te escucha, lo escobillas, lo montas... el niño encuentra un nuevo amigo y junto a él enfrenta sus miedos y desafíos.

 

¿Cuál es tu metodología?

Historias, cuentos y mucha imaginación. Todo es un juego a través del cual los niños van aprendiendo de una forma entretenida y a veces sin darse cuenta. Hay niños que no se atreven a tocar un caballo y logran cosas increíbles, porque se meten en la historia.

 

¿Qué desafíos te has planteado?

En lo personal, practicar equitación con mayor dedicación y para ello estoy en clases con un profesor. Respecto a La Tropilla, potenciar la práctica de los deportes ecuestres en Curicó, comenzando con la equitación. Además, afinar mi método de enseñanza, a través de juegos ecuestres logrando una equitación más lúdica y cercana a niños y adultos. También quisiera estudiar la sicología del caballo para así desarrollar aún más la hipoterapia y las terapias en general, ya que el caballo es el mejor terapeuta.

 

“A pesar de que los niños vienen a aprender equitación, entendí que a través del caballo, les puedo entregar herramientas para potenciar sus habilidades. Eso es lo que más me ha gustado de todo esto, y es algo que aprendí conociendo el temperamento de los niños y el de los caballos”. 

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