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EDICIÓN | Noviembre 2016

Imperdibles de Tomé costero

Costa de Tomé

La costa de Tomé debe ser una de las más generosas de la Región del Biobío, con diversidad de paisajes, tranquilas playas, amplia oferta gastronómica y respetable capacidad hotelera. Recorrimos las cercanías de esta comuna balneario, que no solo recibe visitantes en verano, sino que todo el año.

Por Cristóbal Montecinos C. / fotografías Sonja San Martín D.

Históricamente, la costa de la comuna de Tomé ha sido uno de los destinos preferidos por los penquistas a la hora de buscar algún lugar cercano para pasear, gracias a la diversidad de sus playas, paisajes, gastronomía y oferta turística en general para todos los gustos y edades.

Abandonamos Concepción para dirigirnos hacia este destino y para ello tomamos la ruta 150. Tras atravesar Lirquén y después de recorrer unos veinte kilómetros, hacemos la primera parada para visitar Punta de Parra.

Avanzamos por un empinado camino de tierra y nos encontramos con un extenso estacionamiento, una hostería y una amplia terraza de baldosas blancas y negras con vista a la playa.

Se trata de un proyecto liderado por Marcelo Ortiz, sicólogo de profesión, y que comenzó hace cinco años con la adquisición de trece hectáreas. “Inicialmente, esta propuesta iba a ser instalada en Dichato, pero encontramos este terreno y calzaba perfectamente con nuestra idea de ofrecer un estilo de vida más que un negocio. Este estilo de vida está relacionado con saber vivir; por ejemplo, disfrutar de una tranquila caminata por la playa o apreciar un atardecer en toda su magnitud. Dicho de otra manera, querer vivir de distinta forma y disfrutar de las cosas simples”, explica.

El restaurante, que puede albergar a más de doscientas personas, ofrece una carta internacional donde los mariscos y pescados son los platos estrella y donde llaman la atención cuadros de marinas de Juan Calderón Abos-Padilla y otros pintores nacionales. En las tardes soleadas, la terraza parece estar protegida por los grandes árboles que cubren el área contigua a la hostería.

Unos metros más allá, hay disponibles trece modernas cabañas completamente equipadas y con un cuidado diseño interior. Incluyen tinas de agua caliente y los huéspedes pueden disfrutar de la piscina con una vista infinita hacia el horizonte y con una espectacular panorámica a la bahía de Concepción con la isla Quiriquina incluida.

El lugar es ideal para desconectarse de todo, practicar deportes náuticos y disfrutar de un merecido descanso. La arena blanca y la limpieza de sus aguas hacen de esta playa una de las favoritas de los penquistas.

COCINA SUIZA DE CALIDAD

Dejamos atrás Punta de Parra y continuamos nuestro recorrido hasta la ciudad de Tomé. Nos dirigimos hasta la calle Baquedano 619, donde nos detenemos en el restaurante Munot, del chef suizo Peter Thomen.

El local, cuyo nombre homenajea al Castillo Munot de la ciudad suiza de Schaffhausen, abrió sus puertas en 1997 y cerró en 2004, pero Thomen, con el apoyo de su familia, decidió recomenzar el año pasado. “En diciembre partimos como café y en febrero ampliamos la carta, ofreciendo almuerzos y cenas de martes a domingo, además de las onces”, relata.

Con capacidad para cuarenta y cinco comensales, el restaurante ofrece platos tradicionales, pero también novedosos. Medallón de atún rojo en salsa vino tinto con cebolla morada; lomo liso en costra de pimienta negra y salsa Oporto; escalopa de salmón con salsa de manzana; eminceè de pollo con champiñones en salsa cremosa al vino blanco, servido con spätzle y verduras salteadas; además del timbal de jaiba con salsa americana; trilogía de salmón; y los postres parfait glacé y mousse de mote con gelée de huesillos, son algunas de las preparaciones de la carta que también incluye recetas suizas.

“En nuestra cocina todo funciona bajo un estricto orden. Le damos gran importancia a las salsas, complemento fundamental en cada preparación”, explica Thomen.

CLÁSICO EN COCHOLGÜE

Dejamos el restaurante Munot y tomamos la Avenida Werner hasta la salida norte de Tomé. Cuando la calle cambia de nombre a Estadio, a mano izquierda encontramos un letrero de madera que nos indica la entrada a Villa Cocholgüe.

Se trata de un predio privado que originalmente era propiedad de la empresa Bellavista y que posteriormente adquirió Alfredo Dannenberg, quien construyó las primeras casas en el lugar.

A fines de la década de los setenta comenzó a arrendarlas y luego a vender algunos terrenos. Años más tarde se hizo el loteo del sector que comprendía este fundo a orillas del mar y a mediados de la década de los ochenta se oficializó el comienzo de la Villa Cocholgüe. A partir de entonces, cuarenta y siete propietarios mantienen sus casas de veraneo con hermosos jardines que llaman la atención de los visitantes y una piscina emplazada con vista a casi toda la extensión de la playa. Solo un tercio de las dieciocho hectáreas están construidas y el resto corresponde a áreas verdes, para respetar el paisajismo.

La hostería de Villa Cocholgüe también abrió sus puertas a mediados de los años ochenta y mantiene la misma estructura de madera de entonces. Su actual concesionaria, Alicia Zerega, comenta que “se trata de un local clásico para los vecinos antiguos del Gran Concepción y tenemos clientes de toda la provincia, incluso de Chillán. Todos saben de la calidad de nuestras preparaciones y la tranquilidad que ofrece esta playa”, dice.

Abierto de martes a domingo, se sugiere reservar los fines de semana, y como todo restaurante ubicado a la orilla de una playa, los mariscos y pescados copan la carta. “Los pescados rellenos son una de las especialidades de la casa, así como nuestros panqueques con jaibas y camarones y las diversas salsas. El chupe de locos y el pastel de jaiba también son muy cotizados, así como nuestro pisco sour”, detalla Zerega.

La carta incluye una generosa lista de postres, con tortas de la casa; y una variedad de empanadas. Y si el clima lo permite, es posible sentarse en una de las mesas instaladas en la terraza con una privilegiada vista al mar. Con capacidad para más de ochenta personas, el restaurante también cuenta con una sala de juegos con taca-taca, mesas de pool y pimpón.

 

Además de mariscos y pescados, la carta del restaurante Villa Cocholgüe incluye una generosa lista de postres, con tortas de la casa; y una variedad de empanadas. Y si el clima lo permite, es posible sentarse en una de las mesas instaladas en la terraza con una privilegiada vista al mar.

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