Juana Maribur recibió el año pasado un importante reconocimiento a su labor como artesana en ñocha. Ahora, su preocupación apunta a legar sus conocimientos para que esta técnica no desaparezca. En su casa taller del sector Huentelolén de Cañete, conocimos el proceso de fabricación de los productos confeccionados con esta fibra vegetal endémica del bosque nativo de la Cordillera de la Costa en la Región del Biobío.
Por Cristóbal Montecinos C. / fotografías Sonja San Martín D.
Juana Maribur Polma muestra orgullosa su plantación de ñocha a pocos metros de la casa en que vive en el sector de Paicaví Chico, Huentelolén, al sur de la comuna de Cañete, en la Provincia de Arauco. Es el quinto año que puede contar con esta fibra vegetal casi al alcance de la mano para elaborar sus productos. “Antes, teníamos que ir a buscarla al cerro y se trataba de un gran esfuerzo por la distancia y el difícil acceso. Ahora camino algunos pasos y dispongo de ella fácilmente. Esta fue una gestión de la Forestal Mininco y estoy muy agradecida”, dice.
Su hermana Gloria, que también se dedica a la artesanía en ñocha, asiente con la cabeza. Ha sido su compañera de labores durante varios años y efectivamente fueron unas de las ciento veinte beneficiadas con la iniciativa emprendida por Forestal Mininco hace más de diez años, instalando plantaciones al lado de sus hogares y facilitando el acceso a la planta de ñocha.
Además, las hermanas integran el grupo Ñocha Malén, iniciativa impulsada hace unos cuatro años por Ideartesana, empresa enfocada al rescate, enseñanza y gestión de artesanías nacionales. Precisamente esta agrupación, de quince integrantes, permitió que se postulara a Juana Maribur al Sello de Excelencia a la Artesanía el año pasado y que la obra de la cañetina fuera una de las seis piezas seleccionadas, entre las ciento siete recibidas por el Comité Nacional de Artesanía, compuesto por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el programa de Artesanía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la oficina UNESCO, en Santiago. Las disciplinas premiadas incluyeron textiles, plata, cestería, madera y fibra.
Juana, cuyos conocimientos del rubro los heredó de su madre y abuela, participó con su obra denominada Nial Arre Cofque, una panera confeccionada en ñocha pero con un telar adosado que permite tapar el pan y mantenerlo caliente, amarrado con una tirita trenzada. Se trata de una pieza que combina lo utilitario y lo estético. “Anteriormente, había participado en esta misma instancia con una cartera, pero esta panera llamó mucho la atención del jurado y yo tenía bastante fe en que lograría el reconocimiento. Me demoré solo tres días en armarlo luego de que se me ocurriera y sentí mucho orgullo al recibir el premio”, revela.
Con este reconocimiento, la artesana obtuvo un Certificado de Promoción Oficial que avala la calidad y autenticidad del producto, que pasará, además, automáticamente a ser postulado al Reconocimiento de Excelencia Unesco para las artesanías de los países del Mercosur, distinción internacional organizada cada dos años.
PROCESO DE TRABAJO
El proceso de elaboración de la ñocha incluye varias etapas. “Primero, sacamos un manojito de una hoja y lo ponemos a hervir con ceniza en una fogata, en lo que llamamos lejía. Solo se sumerge breves minutos y luego lo tendemos al sol, por lo que para trabajar esta fibra debe haber buen tiempo”, explica.
El producto lo exponen al sol unos dos días y cualquier superficie es útil. “Generalmente lo ponemos en el techo de la casa o en el del invernadero. Después lo sacamos, lo humedecemos en agua para que esté dócil y se pueda manipular. Ahí comienza la etapa de diseño de acuerdo a las ideas que se nos ocurren o lo que nos pidan”.
De esta manera, van surgiendo platos, fuentes, paneras, posamaceteros y otros diversos productos. En el proceso, a varios de ellos les agrega amófila, una fibra que recogen de las dunas y que permite darle más resistencia y también dar forma a cada obra. Asimismo, otro elemento que usan para rellenar sus productos es la paja, para otorgarle más consistencia.
Para Juana Maribur, mantener este tipo de tradiciones significa un orgullo. “En mi familia vamos quedando pocas que siguen con este rubro, pero he tenido la oportunidad de hacer clases de ñocha en Cañete a través de la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer, Prodemu, y la idea es seguir haciéndolas”.
A su juicio, el hecho de ser asesoradas por Ideartesana les ha permitido darle un valor a cada uno de sus productos y que la gente los aprecie realmente, algo que antes era muy difícil. “Me gustaría recibir ayuda para habilitar un taller en mi casa y también un espacio para exponer nuestras piezas”.
“Primero, sacamos un manojito de una hoja y lo ponemos a hervir con ceniza en una fogata, en lo que llamamos lejía. Solo se sumerge breves minutos y luego lo tendemos al sol, por lo que para trabajar esta fibra debe haber buen tiempo”.