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EDICIÓN | Noviembre 2016

POR UNA LABOR CON SENTIDO

Bárbara Etcheberry, directora de Aptus
POR UNA LABOR CON SENTIDO

Desde el anonimato trabaja por un país mejor. La educación es su gran pasión y a través de la corporación Aptus busca aportar calidad a las escuelas más vulnerables. Una mujer sencilla que, de cara al Chile real, nos enseña que todos estamos aquí para servir.

Por Carolina Vodanovic / Fotos Andrea Barceló.

Pasa los días vertiginosa, tremendamente activa. Y aunque podría optar por quedarse en su casa —tiene seis hijos y una situación acomodada—, está gran parte de la jornada gestionando cada uno de los proyectos sociales en los cuales participa.

 

Bárbara Etcheberry no sólo es directora en Aptus Chile, una corporación que busca mejorar la calidad de la educación en las escuelas vulnerables de todo el país, sino que, además, acaba de incorporarse al directorio de Techo, institución que admira y donde pretende aportar su grano de arena.

 

No fue hace mucho, además, que a través de Felipe Kast —quien es, además, su medio hermano— conoció una fundación colombiana de adolescentes embarazadas en extrema pobreza, Juanfe.org, y está pensando replicarla en La Pintana, a partir del segundo semestre del 2017. “Me encanta la idea de poder impactar en su forma de vida y mostrarles a las jóvenes que pueden salir adelante”.

 

Hija del exministro de Ricardo Lagos, Javier Etcheberry, y casada con el empresario Sandro Solari, gerente general corporativo de Falabella, su cercanía con la acción social viene desde muy niña. Se formó en un colegio católico, el San Juan Evangelista y, por otro lado, su padre siempre le habló del trabajo con sentido. “Me decía: ¿cómo no va a ser más bonito trabajar para cambiarle la vida a la gente, que andar vendiendo bebidas?”.

 

Estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Católica y en esa época se integró al grupo de Misiones, donde conoció al sacerdote jesuita Felipe Berríos, quien años más tarde la casaría. “Durante un mes nos fuimos, con un grupo de compañeros de la universidad, a vivir a la casita, donde está el Infocap en Departamental, y nos conectamos con el Chile real. Cada noche Felipe (Berríos) invitaba a un empresario a conversar con nosotros y recuerdo que Agustín Moreira nos llevó a la cárcel de mujeres. Esa experiencia fue espectacular, nos abrió el mundo y desde ahí hemos estado súper vinculados a Felipe. He hecho clases en Infocap y hace poco fuimos a verlo al campamento La Chimba, en Antofagasta, primero con mis compañeros, y recién con mi marido y mis hijos”.

 

¿Tus hijos también heredaron esta inquietud social?

No lo sé, de partida su colegio (estudian en The Grange School) tiene muy poco de acción social; mi marido y yo les hablamos mucho del tema, y creo que, a unos más que a otros, el mensaje les llega. Siento que es mi deber involucrarlos en el Chile real y sacarlos de la burbuja donde viven. De hecho, en La Chimba se conectaron con Felipe, con el entorno y fue realmente enriquecedor ver las bibliotecas que habíamos ayudado a construir llenas de niños. 

 

 

APORTANDO EN EDUCACIÓN

 

La labor social y la educación son temas que a Bárbara le apasionan. Recién egresada trabajó en el Ministerio de Educación, justo el año en el que se implementó la Jornada Escolar Completa. Hoy canaliza toda esa energía en Aptus Chile, institución que está a días de lanzar la traducción del libro Enseña como un maestro 2.0, de Doug Lemov, que sistematiza las buenas prácticas dentro de una sala de clases, traspasando técnicas que potencian el aprendizaje de los niños.

 

“Hace nueve años, la familia Solari quiso meterse en algún proyecto serio de índole social. Mi cuñada, Paula Solari, hizo un estudio de todas las posibilidades y llegó a la conclusión de que lo mejor era asociarse con la SIP (Sociedad de Instrucción Primaria) y juntar estos dos mundos: empresas y educación en espacios vulnerables. Lo que hacen es reproducir el modelo de la SIP a baja escala”.

 

Hoy, más de mil escuelas vulnerables han trabajado con Aptus, se han capacitado más de diez mil profesores y directivos a lo largo del país. No sólo imparten cursos en temas de liderazgo, competencias pedagógicas y didácticas, además de convivencia escolar, también ofrecen asesorías, diagnósticos, programas de seguimiento y cursos para directivos y líderes escolares.

 

“Aptus ha ido cambiando el foco y nos hemos especializado en la formación de adultos. Lo más innovador tiene que ver con mirar y replicar las mejores prácticas de la SIP, con foco en la escuela, en el aprendizaje del niño y observar toda la red de escuelas públicas de Estados Unidos (KIPP y Uncommon Schools), traduciendo sus libros, ya que ellos han implementado un sistema práctico y súper innovador sobre cómo hacer las clases. En Chile, los profesores serían mucho más efectivos si hubiese un cambio cultural. Allá se capacitan, practican, ensayan las clases y mejoran; nosotros estamos yendo por esa área: de retroalimentar, grabar la clase y mejorar las bases, porque hoy en día, en Norteamérica, muchos colegios públicos, muy pobres, tienen mejores resultados que los privados”.

 

¿Qué tan determinante es la condición social del niño en su desarrollo escolar?

Tomando como base lo que sucede allá, creo que esos niños pueden tener muy buenos resultados académicos si tienen el apoyo necesario: un buen profesor, una psicopedagoga que los ayude o un psicólogo para aquellos que lo requieran. Aquí hay un tema cultural y se les achaca a los niños la incapacidad de aprender y dicen que son “deficitarios”, “vulnerables”, siempre repitiéndoles que no pueden. Hay establecimientos, como el Colegio Cree de Cerro Navia, qué está intentando cambiar los paradigmas, diciéndoles a sus niños que sí pueden, que van a llegar a las mejores universidades. Esa es la línea a seguir.

 

¿Qué falencias importantes se repiten cuando intervienen un colegio?

Normalmente nos encontramos con problemas de gestión. En lo burocrático, como las rendiciones al ministerio, están muy atrasados. Hay además muy pocas horas de aula, no tienen capacidad de aprovechar el tiempo, muchos problemas de rotación y ausentismo de profesores, lo que redunda en que cualquiera hace finalmente la clase. Hay problemas de gestión y el nivel de los docentes en los colegios municipales deja mucho que desear. Hoy nadie quiere estudiar en un colegio municipal porque están los más malandras del barrio, entonces apenas pueden las familias se llevan a sus niños a un particular subvencionado. Al final van quedando siempre los peores.

 

¿Qué le hace falta hoy a la educación pública?

Lo primero, sin duda, es mejorar el sueldo de los profesores. Deben ser más admirados, más valorados y tiene que ser una profesión aspiracional; que los mejores estudien pedagogía, esa es la base. Hay muchos profesores que prefieren estar en su casa: si fueran bien valorados, reconocidos, muchos más trabajarían. Lo otro tiene que ver con la gestión; en Chile los colegios públicos no pueden manejar sus equipos, su gente. Encontrar buenos profesores es difícil, pues tienes malos directores. Además, los colegios no pueden gestionar sus recursos, no pueden contratar ni despedir profesores. Así funciona en todo el sistema municipal.

 

Una vez que Aptus interviene un colegio, ¿se ven resultados a corto plazo?

Hay resultados que son a corto plazo y que tienen que ver con variables blandas. Nos hemos enfocado en el Programa de Formación de Directores porque nos damos cuenta de que, si impactamos a los líderes, el efecto es mayor que en una sala. Hoy estamos trabajando con quince directores y el próximo año esperamos ampliar nuestro cupo a veinticuatro. Acabamos de ir a observar un colegio en Lampa y nos topamos con seis profesoras extraordinarias. Ahí te das cuenta de que hay mucha gente haciendo bien la pega, impactando. Con las técnicas adecuadas, con buenas clases y siguiendo los pasos, se logran resultados maravillosos. Y eso nos alienta a seguir trabajando duro.

 

Hija de Javier Etcheberry, y casada con el empresario Sandro Solari, su cercanía con la acción social viene desde muy niña. Se formó en un colegio católico y su padre siempre le habló del trabajo con sentido. “Me decía ¿cómo no va a ser más bonito trabajar para cambiarle la vida a la gente, que andar vendiendo bebidas?”.

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