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EDICIÓN | Noviembre 2016

Orgullo diaguita

Walter Rivera y Luz María Silva ceramistas

Tal es la perfección de sus cerámicas, que parecen sacadas de un sitio arqueológico. Tanto es así, que tres de ellas, dos jarros pato y un cuenco, fueron seleccionadas, en el 2012, para ser expuestas en el Museo del Limarí en Ovalle. Este matrimonio del sector de Tabaqueros en Río Hurtado —certificado como diaguita por la CONADI— se ha encargado de perpetuar el arte de esta cultura y de promover un oficio ancestral con una pasión irrenunciable. 

Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
Durante una exposición en Santiago, un funcionario de la administración del nuevo Casino de Ovalle conoció el trabajo de Walter y Luz María. A los pocos días llamó a Walter para pedirle un set de fotografías y un presupuesto de todas estas piezas. “Finalmente nos compraron veintisiete cerámicas, entre ellas, platos, vasijas, jarros pato y cuencos para ser expuestas en una sala museo del casino. Para nosotros es un orgullo, porque nuestra intención siempre ha sido difundir y promover la cultura diaguita, a través del arte”, afirma el ceramista.
 
Desde que este matrimonio aprendió a trabajar la greda, gracias a un proyecto gubernamental y a través de un taller impartido hace quince años, por el reconocido ceramista serenense, Javier Palominos, han volcado todo su trabajo en reproducir un arte ancestral con la complejidad, belleza y simetría que la caracteriza. Con el tiempo, fueron aprendiendo nuevas técnicas con la tutoría de la restauradora Mónica Gómez y con el apoyo y estudio del libro Arte y cultura diaguita chilena, publicado por la arqueóloga, Paola González.
 
“Cuando hicimos este taller, con mi mujer nos inclinamos por aprender a pintar las grecas, que son los diseños o dibujos de la cultura diaguita. Pintamos solo catorce grecas porque no conocíamos más. Cuando nos invitaron al lanzamiento del libro de Paola González, descubrimos que existían cuatrocientas grecas y quedamos maravillados”, destaca Walter.
 
¿Este arte visual ha sido una revelación para ustedes?
W: La alfarería nunca estuvo en nuestras manos, tampoco la agricultura. Con Luz María nos conocimos en Antofagasta cuando trabajábamos en la empresa de transportes Flota Barrios. Como el trabajo estaba en decadencia, decidimos trasladarnos a Ovalle. Compramos un terreno en la comuna de Río Hurtado y empezamos a trabajar en agricultura sin saber nada. Luego, hicimos el taller en greda y eso nos cambió la vida.
 
SIMETRÍA Y PROLIJIDAD
 
A medida que Walter trabajaba la greda, sentía que de manera innata afloraba en él un espíritu creativo y de un conocimiento inexplicable. Gran sorpresa fue constatar y solo hace dos años, que sus antepasados eran diaguitas. “Cuando le comenté a mi hermano que estábamos haciendo cerámica diaguita, me contó que su hija estaba estudiando en la universidad gracias a una beca indígena. Yo desconocía completamente nuestro origen y por el hecho de ser hijo de un Campillay, nos certificamos diaguitas”, recalca Walter.
 
Otra motivación más para continuar con este oficio
W: La Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) me otorgó, en agosto del 2014, el certificado de acreditación por poseer la calidad de indígena, perteneciente a la etnia diaguita. Y mi señora también obtuvo esta certificación. LM: Mi ascendencia directa es española, sin embargo, siento una atracción inmensa por los diaguitas. Esta certificación es un tremendo orgullo para nosotros, porque nos ha permitido difundir su cultura y enseñar el trabajo que hacemos con la greda. En el 2014 hicimos un taller de tres meses a los pequeños del jardín infantil de Tabaqueros y, luego, a los alumnos de la escuela de esta localidad. Hasta el día de hoy, seguimos ofreciendo talleres a todas las personas que se interesen por aprender.
 
¿Y en qué consisten estos talleres?
W: Hacemos una breve reseña histórica de la cultura diaguita, luego entregamos un trozo de greda para que la persona pueda crear lo que estime y enseñamos lo básico para moldear y pintar, porque el proceso de una pieza terminada es bastante largo. Una cerámica requiere de treinta o cuarenta días para que esté lista, porque en cada etapa debemos esperar que esté bien seca para continuar. 
 
¿Y todos los materiales son naturales?
LM: La arcilla roja que utilizamos es de Río Hurtado y la arcilla amarilla la traemos del Panul, sector de Coquimbo. Usamos también caolín, que es una arcilla blanca que se extrae de los cerros. Hacemos una mezcla y lo que se obtiene es una greda fina y de mayor plasticidad. W: Los pigmentos también son naturales. Para pintar las piezas utilizamos óxido de manganeso que da el color negro; óxido de hierro para el rojo y el blanco es caolín. Los moldes también los hacemos nosotros y usamos yeso porque este permite absorber la humedad de la greda. 
 
¿Y para pintar las grecas se basan en los estudios de arqueólogos?
W: Primero estudiamos el libro del conocido arqueólogo de Ovalle y fundador del Museo del Limarí, Francisco Cornely, y luego, usamos el de Paola. LM: Tuvimos la suerte de conocer a la hija de Cornely, quien nos regaló el libro que su padre publicó en 1962. La verdad que fue un gesto maravilloso de su parte y quedamos impresionados con la simetría y perfección de las grecas. 
 
Walter y Luz María están constantemente innovando con diferentes elementos. Hace poco incorporaron las cáscaras de huevo de avestruz que son pintadas con diseños diaguitas. Afirman que esperan legar el oficio a sus nietos y sobrinos. “Nosotros ya estamos viejitos y no queremos que se pierda este arte en Río Hurtado. Estamos seguros que cuando ellos lo aprendan, no lo dejarán jamás”, concluye Luz María.
 
"Pintamos solo catorce grecas porque no conocíamos más. Cuando nos invitaron al lanzamiento del libro de Paola González, descubrimos que existían cuatrocientas grecas y quedamos maravillados”.

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