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EDICIÓN | Noviembre 2016

Agricultura orgánica

Ramiro Plaza Anka Mapu
Agricultura orgánica

Con una visión de mundo, este empresario empezó en Talca un proyecto en donde trabaja la tierra de forma completamente ancestral, para conseguir los mejores alimentos con cero químicos. En estas páginas la historia de cómo lo logra.

Por María Paz Macaya O. / fotografía Francisco Cárcamo P.

Estudió ingeniería civil industrial y cuando se tituló, ya tenía claro lo que quería hacer, pero no sabía que el destino tenía otros desafíos para él. Después de la universidad, en el 2001, Ramiro (41) se quería ir a Croacia. Tenía un contrato para un trabajó allá y mientras tramitaba la visa se puso a trabajar con su papá, cosa que había jurado no hacer. Único hombre entre cuatro hermanos, se dio cuenta que en la empresa —Maderas Prosperidad— había varias cosas que solucionar. “Era importante que me quedara, se necesitaba fuerza joven y, además, mi papá estaba cansado solo. Una tremenda señal para mí fue, en ese momento, la caída de las torres gemelas. Ese día tome la decisión y decidí no viajar”.
 
Trabajó con su padre hasta el 2007, entonces decidió con su señora (Paulina), comprar una casa rodante para lo que vendieron todo lo que tenían, y se fueron a recorrer Sudamérica por ocho meses. “Teníamos a Agustín de tres años, y nos fuimos hasta con nuestro perro…”.
 
¿Qué encontraste en este viaje por Sudamérica?  
Uno necesita saber quién es, fuera de su círculo de confianza o de su zona de confort. Encontramos puras maravillas, conexión con la gente, con la naturaleza. Poder sentir el cariño de las personas, las oportunidades y ese es uno de los problemas que tiene nuestra vida actual. Nuestro modo de vida hoy es muy encerrado, independiente, estamos un poco aislados de la comunidad. Y eso es justamente lo que nosotros en este proyecto —Anka Mapu— estamos tratando de hacer: abrir espacios comunitarios, abrir emprendimientos conscientes para una mejor calidad de vida.
 
¿De qué trataba el modelo que creaste de agricultura orgánica?
Es un modelo de trabajo colaborativo, emprendimientos basados en una producción de múltiples productos, orientado al comercio local, y por supuesto, aplicando técnicas agroecológicas. 
 
¿Cuándo nace?
El 2012 teníamos esta parcela de doce hectáreas. Yo además estoy ligado al tema del medio ambiente hace años. Siempre con esta conciencia ambiental bien arraigada, el 2009 trabajé como consultor de la Municipalidad de Talca, en proyectos como el plan estratégico de residuos sólidos urbanos y varios emprendimientos y actividades bien connotadas como “Talca limpia a Talca”. Y ese año decidí no arrendar la parcela, con el costo económico de tener una tierra parada, porque además yo no era agricultor. Hoy día puedo decir que lo soy, porque es lo que hago. No quise seguir arrendando la parcela porque no quería que le siguieran echando agrotóxicos ni que siguieran cazando dentro de ella. Quería que el espacio donde yo iba a vivir a futuro fuera un espacio sano y armónico. Ese mismo año, con la Pauli viajamos a Estados Unidos y recorrimos muchos lugares con  agricultura orgánica y vimos el modelo que yo quería implantar.
 
¿Qué productos vendes?
Partimos con quínoa y tomates cherry. El primer año nos fue pésimo… (se ríe). Pero como este es un trabajo con propósito, más allá de la rentabilidad económica seguimos adelante. Hoy día, nuestra gama de productos va desde una línea completa de hortalizas frescas, además tenemos en crecimiento un bosque comestible, con una variedad de frutas: manzanas y peras de todo tipo, almendras, ciruelas, cerezas, nísperos, pistachos, oliva y uva. También hay papas y cebollas, huevos y toda una línea de granos: maíz, trigo, porotos. Por otro lado, productos elaborados como mermeladas poco típicas, la de zapallo, porotos o pastas de ají, de morrón y de rosa mosqueta. Jugos naturales hechos con pura fruta sin ningún colorante o preservante. Hacemos dulces de alcayota y otros, y todo esto lo elaboramos con azúcar de caña.
 

¿Por qué el nombre de Anka Mapu?

Porque me identifico mucho con las raíces ancestrales y respeto a la cosmovisión andina, no sólo la cultura mapuche. En general, valoro mucho cualquier pueblo patrimonial. El calendario maya identifica a cada uno de nosotros con un kin, que es como un signo del zodiaco. Por ejemplo, yo soy ágila cristal azul, mi señora es tierra magnético roja… Águila en quechua se dice anka, y tierra en mapudungun se dice mapu. El nombre es una mezcla de lo maya, lo andino y lo mapuche.

SÓLO ORGÁNICO

Hoy Ramiro es presidente del gremio de los pequeños y medianos madereros, integrante de la directiva de la Asociación de productores orgánicos y subgerente general de Maderas Prosperidad.

¿Cómo vendes tus productos?

Hay tres modalidades, una que vengan directamente a comprar acá, lo cual se complementa con lo que el lugar les entrega y la posibilidad de cosechar sus propias hortalizas. Es decir, el cliente elige directamente en el invernadero cuál quiere y la puede cosechar él mismo. La segunda es el reparto a domicilio. Tenemos una cartera de clientes a los que les entregamos nuestros productos, y eso funciona muy bien porque hay mucha gente que no tiene el tiempo para venir diez kilómetros fuera de la ciudad. Y la tercera modalidad es el movimiento de la combi, que en ese sentido somos feriantes, andamos de feria en feria, y eso es muy entretenido porque nos integramos a la comunidad.

¿Cómo controlas las plagas?

Todos los insumos de control agrícolas que se requieren en el campo son producidos por nosotros. No compro prácticamente nada para controlar plagas, hongos y malezas. A pesar de que hay ofertas de productos orgánicos en el mercado, la gracia es que nosotros aquí los hacemos y los preparamos. Para controlar los bichos trabajamos con ajo, cebolla y ají. Para la maleza se hacen los purines de maleza, y el tratamiento de los hongos también se controla con productos naturales.

¿Cómo trabajan la tierra?

Con herramientas ancestrales. Aramos con los animales, aunque podría ser más productivo y económicamente rentable trabajar con maquinarias y agroquímicos… pero esa no es nuestra escencia, estaríamos perdiendo nuestro patrimonio y su sabiduría. Porque en estas personas de campo existe una sabiduría anónima y popular, cosas que no están documentadas: cómo se trabaja con arado, con yeguas percheronas o cómo se riega un campo con riego votado o cómo se esquila con tijera, o por qué los chivos no pueden vivir en esta zona y tienen que estar en el cerro… Uno empieza a entender tantas cosas que van de la mano de los ciclos naturales… Esa sabiduría ancestral está devastada por la tecnología y el consumismo. Vivimos bajo una estructura de lo desechable y antiguamente no era así, tenemos que volver a encontrar esos conceptos y adaptarlos para poder mirar hacia delante.

¿De qué se trata tu nuevo proyecto en Perú?

Tiene que ver con las maderas, porque Maderas Prosperidad es una empresa que atiende, en un alto porcentaje de su producción, al sector exportador de frutas a través de envases, pallet, y polines. Entonces viendo que en Perú había un mercado interesante y sobre todo en la zona norte, instalamos una oficina y una bodega allá hace cuatro años, donde atendemos a la industria agroexportadora frutícola. Estoy a cargo de eso y viajo todos los meses. Y es muy bonito, porque junto con ser un buen punto de desarrollo económico, y aquí aparece la integración, la cultura peruana es maravillosa, siempre me ha encantado. Incluso fue allá donde yo descubrí esta inquietud. Por eso para mí es un placer enorme, tanto en lo espiritual, como también en los negocios poder trabajar allá.

 

"Nuestro modelo es de un trabajo colaborativo, y emprendimientos basados en una producción de múltiples productos, orientado al comercio local, y por supuesto, aplicando técnicas agroecológicas”.

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