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EDICIÓN | Noviembre 2016

Igualdad & inclusión

Alicia Fortes Fundación Capacitar para Incluir
Igualdad & inclusión

Esta abogada rancagüina, con esfuerzo y mucha determinación, decidió que no quería ver ni un día más a su hermano, y a sus compañeros —todos con síndrome de Down—, desocupados en sus casas mirando la televisión sin hacer nada. Con la idea de capacitarlos para que trabajaran en el área de eventos y gastronomía creó la fundación Capacitar para Incluir. Ahora los jóvenes de la zona con este tipo de discapacidad, tienen la posibilidad de un trabajo y un sustento.

Por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

Inclusión es la palabra que, para Alicia, desde chica, ha tenido un sentido importante en su vida. Desde siempre ha sabido lo que es la discriminación, porque uno de sus hermanos, Mateo, nació con síndrome de Down. “En el colegio me molestaban, me decían que tenía un hermano mongólico… en esos años ir al supermercado con un niño con esta condición era tema, lo miraban, la gente no sabía cómo reaccionar ante una persona diferente”.

Pero Alicia (34), abogada y la mayor de tres hermanos, Jorge (30) y Mateo (28), no se quedó de brazos cruzados esperando ver un cambio en la sociedad hacia la discapacidad mental. Sus padres, Jorge Fortes y Elisa Lobos, son los dueños de las míticas Empanadas Grecia de Rancagua, y cuando nació Mateo, empezaron a buscar información, para ver dónde y cómo poder ayudarlo, y se encontraron con un mundo vacío. 

¿Cómo fue para tus padres el tener a Mateo? 

A pesar de todo el desconocimiento que había en la época, mis papás tomaron el tema súper bien, fue un desafío para ellos.

¿Qué hicieron?
En Rancagua no había nada, no existían especialistas... hasta que mis papás encontraron a otra familia que tenía también un hijo con síndrome de Down que asistía a una institución que se estaba recién armando en la zona y que se llama —porque existe hasta hoy— Fundación Down Sexta Región. Fue en este lugar donde Mateo cursó toda su escolaridad, ya que la fundación se hizo sostenedora del colegio San Miguel Arcángel, la que empezó en una sala del Pequeño Cottolengo.
 
¿Cómo empezaste a incluirte en el tema?
Cuando me recibí de abogado, me hice directora legal de la fundación, eso fue en 2009. 
 
CAPACITAR PARA INCLUIR
 
Es el nombre de la nueva fundación de la cual Alicia es directora y el alma mater. Ella, al ver que los jóvenes luego de cumplir todos los estudios en la Fundación Down Sexta Región se quedaban sin hacer nada, decidió tomar riendas en el asunto y crear otra institución que les permitiera trabajar, sobre todo luego de ver que Mateo se desempeñaba bien en algunas funciones en el negocio familiar.
 
¿Por qué hacer otra fundación?
Porque cuando Mateo cumplió veintiocho años de edad, terminó el ciclo y se fue para la casa. Él y varios de sus compañeros de la fundación. Entonces partió la duda de qué hacer con mi hermano… Ahí fue cuando se empezó a meter en el negocio, en la cocina, a ayudar en lo que pudiese. Las cocineras comenzaron a enseñarle y Mateo aprendió ciertas cosas del oficio súper bien, como por ejemplo a hacer las empanaditas, las dobladitas, y otras cosas… Era un excelente asistente para todo. Pero él tenía esto, los demás no, entonces nació el compromiso de ayudar a sus compañeros y ahí fue cuando nos decidimos a crear otra fundación, hace un año, que se llama “Capacitar para Incluir”, porque hay muchos niños que son de escasos recursos y no pueden solventarse solos.
 
¿Cuál es el objetivo?
Capacitar a estos jóvenes con discapacidad, en el rubro de la cocina, gastronomía en general, banquetería y garzonería, con el fin de que una vez que ya estan preparados, darles trabajo en negocios que sean cafés, bares, restoranes, etc… Esto lo hacemos los días miércoles en un espacio que preparamos especialmente atrás de la cocina de nuestro negocio. 
 
¿Capacitan a los jóvenes en alguna otra área?
Empezamos con la cocina. No teníamos idea de carpas y fierros, ni tampoco de garzonería. Entonces lo que hicimos fue contratar personas que asistieran a los talleres a enseñarnos: mozos, especialistas en armado y desarmado de carpas, garzones, etc… La idea es trabajar en todo lo que abarcan los eventos.  
 
¿Cómo hiciste el nexo para que trabajen?
Es que yo asesoro a muchos a restoranes y banqueteros en Rancagua como abogado, entonces les presenté un proyecto. Mis clientes me han ayudado mucho, y agradezco enormemente la confianza depositada en mí. El primero que creyó en nosotros fue el Instituto Bancario Guillermo Subercaseaux, donde hago clases de derecho laboral y comercial. Ellos nos entregaron los cofee break de todas las capacitaciones que hacen. Así que tuve que formar una banquetería formal, para tener facturas, y todo lo necesario… También tenemos a chicos en Maxigust que son las carpas para armado y desarmado, y en la empresa MMC Seguridad quienes llevan sus guardias al estadio El Teniente cuando hay partidos y los chicos les llevan su colación y reparten las tarjetas de identificación al personal. Y Coagra S.A., a la que le hacemos ciertos eventos también. Hoy necesitamos que más empresas crean en nosotros.
 
¿Cómo se sustenta esta nueva fundación?
Tuvimos que comprar máquinas, hacer un espacio especial para los talleres; contratar a distintos profesores de cocina y otros, entonces se nos ocurrió la idea de hacer clases de cocina los días sábados para niños sin discapacidad y a un costo de cinco mil pesos por cada uno. También creamos nuestra propia banquetería, Fortopulos, hecha por Empanadas Grecia para asistir a sus clientes, y en la que contratamos a nuestros jóvenes y les pagamos un sueldo. Todo lo que ganamos en estos se va a la fundación.
 
APRENDER Y ESTUDIAR
 
Alicia es la encargada de cocinar, con la ayuda de su mamá, con los niños los días sábados; ella misma les enseña a hacer distintas masas: pizzas, empanadas, rosquillas… Ella nació en el negocio, siempre ayudó y le gusta la cocina. Pero no fue hasta que quiso abrir la fundación que decidió profesionalizarse un poco más en el tema. “El 2013 me llegó un mail de la escuela Cullinary, en donde decía que iban a hacer un diplomado en cocina y administración para gente con ganas de iniciar un negocio gastronómico. Ese diplomado se llamó Administración y Gestión de Negocios Gastronómicos, duró un año y se impartía en Santiago todos los sábados. Aprendí cocina y administración básica, lo que me sirvió para armar la banquetería. Después estudié producción de eventos, porque nos empezaron a pedir decoración, ambientación y otro tipo de cosas”.
 
¿Cómo ha funcionado la fundación?
Uno empieza las cosas con sueños, con esperanzas, y como piensa que todo va a ser más lento, se pone metas más lejanas. Pero para nosotros todo ha sido muy rápido, hemos sido súper bien recepcionados. Partimos con los hechos, y en el camino nació la fundación, a diferencia de lo que la gente hace normalmente: primero crea y luego busca sustento, después ejecutan y consiguen beneficiarios… Nosotros hicimos todo al revés; al ver nuestro crecimiento nos vimos obligados a armarnos como una persona jurídica. 
 
¿Ha sido muy difícil crear conciencia?
Nosotros hemos ido creciendo paralelamente con la conciencia colectiva que ha tenido el país. Antes te miraban mucho, se acercaban a decir: “que lindo el niño, es rubiecito, tiene los ojos de color, pero es enfermito, pobrecito”. A mi mamá le preguntaban si hablaba, y muchas cosas por desconocimiento; la gente no sabía nada. Hoy el escenario es diferente, hay más conciencia, sobre todo para nosotros que vivimos en regiones. No sé si la gente considera a los discapacitados como un igual, pero sí como un sujeto de derecho, con condiciones más amables que terribles. Hoy es un desafío tener un hijo así, antes era un drama…
 
¿Cómo reacciona el público que atienden los jóvenes?
En la mayoría de los casos, he visto con gusto que después de la sorpresa viene la sonrisa… Y eso nos deja contentos.
 
¿Cómo ha sido el cambio de vida en estos jóvenes?
En primer lugar, ellos sienten que tienen algo que hacer, se sienten más seguros al enfrentar a la sociedad. Por otro lado, la mirada de cómo los ve su familia es completamente distinta a la de antes. Después de tener a una persona comiendo y viendo tele, tienes a un joven que cumple un horario, que lo llaman de eventos y lleva plata a la casa. Así que yo creo que esto más que remover una realidad personal, ha afectado positivamente al entorno familiar: no tienen una carga, sino que un aporte. 
 
¿Qué esperas para el futuro?
Que los chicos puedan tener trabajos estables, se inserten completamente en la sociedad de esta manera. 
 
¿Qué te gustaría que pasara?
Que aparezcan más eventos, que la gente nos llame más, que estos jóvenes tengan más puestos de trabajo, y que los que no saben que esta fundación existe, se acerquen.
 
¿Con qué se van a encontrar quienes contraten a estos chicos?
Con jóvenes súper aperrados, que hacen bien el trabajo.
 
¿En qué minuto haces todo esto?
Me fluye. Me levanto en las mañanas y hago mis cosas personales, atiendo a mis clientes, y los miércoles y sábados en la tarde los dejo para la fundación. Y si me preguntas por qué lo hago, no sé, sólo sé que no podría no hacerlo.
 
"Hoy el escenario es diferente, hay más conciencia, sobre todo para nosotros que vivimos en regiones. No sé si la gente considera a los discapacitados como un igual, pero sí como un sujeto de derecho, con condiciones más amables que terribles. Hoy es un desafío tener un hijo así, antes era un drama…”.

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