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EDICIÓN | Noviembre 2016

Suerte es lo que tuve por nacer donde nací

Eitan Fried Grbic, Ingeniero Comercial UAI, Candidato MBA IE Business School, España. Twitter: @EITANFRIED
Suerte es lo que tuve por nacer donde nací
Entre los factores que influyen para tener éxito en un emprendimiento, la mayoría se relaciona directamente con la situación del mercado, la solución creada, el desempeño en la puesta en marcha y, por cierto, en las cualidades del mismo emprendedor. Pero hay una variable que suscita una especial curiosidad y tiene que ver con el factor “suerte”.
Hay muchas historias de personas que tratan de sacar adelante una idea con un buen plan, con esfuerzo y perseverancia. Que lo intentan una y otra vez, pero que por diversos motivos el fracaso se asoma en el proceso y el sueño no se concreta. Pero también hay casos en donde el emprendedor recibe un empujoncito mágico que permite que aquello que tenía que pasar, contra toda probabilidad, pase. Así podríamos entender la variable suerte en el emprendimiento: como algo fortuito y bastante ocasional que, inevitablemente, está presente en nuestras vidas y, por cierto, en los negocios.
 
No sé si de escéptico o romántico, pero siempre he creído que la suerte hay que buscarla y que la esperanza de que intentarlo una y otra vez, en definitiva, sirve. Al menos es un tema de fe y estadística. Además, los que somos creyentes podemos esperar algo bueno si actuamos bien.
 
Varias veces me he encontrado con el factor suerte en mis emprendimientos. Una vez fuimos a ver a una persona para obtener información sobre nuestro proyecto, y resultó estar bastante interiorizada en el tema y dispuesto más que a colaborar, a invertir. Recuerdo otra oportunidad en que le fuimos a pedir ayuda para un proyecto social a un gerente de una telefónica, quien nos apoyó solamente porque justo había realizado un proyecto similar en su juventud. 
 
Pero reflexionemos de verdad. La mayor de las suertes que he tenido como emprendedor es la que tuve por nacer donde nací. Así es. Llegando al mundo en una situación privilegiada, rodeado de amor, con una familia que me dio una linda infancia y acceso a una excelente educación. Me dieron una tranquilidad socioemocional y un legado familiar que me forjó como persona y como emprendedor. Incluso tuve la posibilidad de salir, de conocer otros países y culturas antes de terminar el colegio, y el privilegio de no cargar con una deuda tras haberme titulado de la universidad. En fin, una suma de cosas que sin duda me ayudan a enfrentar mejor que otros un desafío emprendedor.
 
Y no soy el único que ha tenido esa suerte. Somos muchos los que la tenemos en nuestro plan de vida.  Al menos yo estoy consciente de que algo debiera hacer con ese privilegio. Por eso elegí emprender constantemente y llevar un estilo de vida donde busco generar valor durante mi estadía en esta tierra. Tengo noción de las facilidades que dispongo para desarrollarme como persona, profesional y, principalmente, como ser humano. Un ser humano que siente el deber de al menos intentar contribuir a mejorar la situación de otros que no tuvieron esa suerte, y de trabajar con esfuerzo para poder recibir en similares condiciones, o incluso mejores, a una futura generación.
 
Lo que a veces me molesta, respetando las distintas posiciones, son las personas que no hacen nada con esa suerte y que no están dispuestos a asumir ningún riesgo. Que se les podría pasar la vida por delante sin nunca animarse a probar la suerte que tuvieron. A esa gente, en especial a los que alguna vez han pensado en emprender, los animo a que salgan y exploren fuera de su zona de confort, dónde están las oportunidades y el aprendizaje. Tienen todo para emprender con relativa comodidad, con un riesgo mucho más bajo que el promedio nacional, con acceso a redes de contactos y experiencias que son invaluables. Los que al igual que yo tienen la suerte a su favor, anímense a emprender y hacer realidad sus sueños. Y mientras antes, mejor. Menos tendrán en juego.
 

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