MIÉRCOLES 23:45 HORAS EN CANAL 13
Los comentarios sacerdotales desaparecieron hace mucho de sus noticiarios, pero no las ganas de moralizar en Canal 13. Entre teleseries bíblicas, espacios como En su propia trampa regido por la ley del ojo por ojo, una teleserie —Preciosas— ligada al tema penitenciario, y este docureality con una misión —"adolescentes rebeldes vuelvan al camino"—, el retrato de la antigua estación universitaria sobre la sociedad chilena, dictamina que estamos descarriados y la necesidad urgente de mano firme.
En el caso de este programa surge algo peculiar respecto cómo esta casa televisiva comprende su rol en este ambiente supuestamente patas arriba. Nadie está libre se plantea a sí mismo como una última opción de progenitores fracasados en la educación de sus hijos. “Es ahí cuando estos padres nos piden darles un remezón para que ellos entiendan que deben cambiar su comportamiento”, dijo Mariano Gallardo, director de contenidos de Canal 13, al momento del lanzamiento de esta producción de telerrealidad.
Así, para la lógica del programa que por apenas un día muestra a estos jóvenes la vida en una cárcel, el carrete es visto como causal de problemas y no la consecuencia de una mala comunicación, desinterés parental y valores confusos. Aún más curioso es pretender hacernos creer que tras conversar con reos comunes y gendarmes delante de las cámaras, chicos y chicas malcriados van a comprender y asumir sus errores por automático. Porque Nadie está libre muestra una posible consecuencia del desbande, pero jamás roza el motivo real de esos problemas. Es una moralina vacía que pretende entretener, sin conseguir ni lo uno ni lo otro.