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EDICIÓN | Octubre 2016

Sin Límites

Carmen Gómez, Empresaria
Sin Límites

Nunca pensó en hacer otra cosa. Creció con el ejemplo de su padre, quien la alentó a ser independiente y no temer a los prejuicios. Es así que desde hace más de veinte años lidera empresas en rubros que antes eran considerados “masculinos”, donde ha construido un conglomerado que no solo es exitoso en nuestro país, sino que se proyecta internacionalmente como un ejemplo concreto de encadenamiento productivo.

Por Claudia Zazzali C. / fotografía Rodrigo Herrera y gentileza Grupo Gómez.
Cincuenta años de experiencia en el servicio al mundo de la minería. Esa es, nada más ni nada menos, la tarjeta de presentación del Grupo Gómez, liderado por Carmen Gómez, quien no solo ha marcado la diferencia en este mundo tan masculino, sino además ha logrado hitos verdaderamente relevantes para el desarrollo regional, desde ser la primera pyme en Chile en lograr certificaciones internacionales, hasta exportar sus productos fabricados en la zona.
 
Radiadores Gómez nace en Chuquicamata el año 1965, luego se traslada a Calama. El taller es fundado por Jilberto Gómez Contardo, para arreglar los radiadores de los pocos autos particulares de la época.
 
En el año ochenta y tres, Carmen parte con su propia empresa, bajo el alero de su padre, en el barrio industrial de Calama. Ya el año 2000 estaban listos para las grandes ligas, obteniendo certificaciones internacionales, a pesar de seguir en su estatus de pequeña empresa. “Fuimos la primera pyme en Chile en lograr certificar nuestros estándares laborales, de seguridad y eficiencia” señala Carmen.
 
Hoy tiene consolidado un holding al que bautizó como “Grupo Gómez”, que considera las empresas: Radiadores Gómez, Carmen Gómez y Termia, esta última, fábrica de intercambiadores de calor a nivel industrial en Santiago.
 
“Hemos diversificado nuestro ámbito de acción y no sólo atendemos a la gran minería en Chile, sino también al sector forestal, agrícola, retail, portuario, químico. Trabajan más de doscientas personas en la empresa y mi papá partió apenas con diez” acota. “Pero es precisamente en este punto en que siento existe una diferencia, pues nuestro crecimiento ha sido gracias al compromiso de nuestros trabajadores, lo que reconocemos siempre. En la sucursal de Calama aún trabaja con nosotros Armando Pizarro, quien fue contratado por mi padre. Otro de nuestros pilares es mi brazo derecho y socio Alcides Ibacache, gerente de Operaciones en Grupo Gómez”.
 
Con sucursales en Pozo Almonte, Calama, Antofagasta, La Negra, Copiapó, Salamanca y Santiago, hoy exporta equipos a Brasil, Argentina y Perú, entre otros países, y es representante exclusiva para Chile y América Latina de L&M Mesabi.
 
¿Fue difícil que la validaran en este mundo tan masculino?
Imagínate lo que significaba en los años ochenta para una mujer estar en el mundo industrial minero. Éramos consideradas “yeta” y casi no había mujeres trabajando. Fue difícil, pero lo logramos. Las mujeres tenemos habilidades propias del género como la versatilidad, la preocupación por los detalles y la capacidad de tomar riesgos controlados; eso mezclado con los conocimientos técnicos y el apoyo de mi padre y colaboradores, me ha llevado a donde estoy. 
 
¿Existen muchas diferencias entre el ámbito empresarial de antaño y el de hoy?
Muchas. En la actualidad, la tecnología es fundamental y por eso debemos estar siempre buscando nuevos conocimientos. Esos nuevos aprendizajes puestos al servicio de la experiencia de mis viejos, los maestros de antaño, logran resultados excepcionales. Una diferencia favorable es que la globalización nos ha ido permitiendo crecer. Estamos exportando al mundo y somos una empresa nacida aquí en nuestra región. Las empresas proveedoras locales hemos avanzado a paso firme y estamos al mismo nivel, en términos de calidad y eficiencia, que otras del país o hasta del mundo. Sin embargo, muchas veces no se nos valora y eso va en desmedro de nuestro desarrollo. Creo que eso debe cambiar. Soy defensora del talento local. 
 
¿Cree que en el futuro cambiará esa “debilidad” por lo foráneo?
Confío en eso. Tengo la certeza del aporte que pueden hacer los jóvenes al crecimiento de nuestra zona, pues los veo trabajar en terreno gracias a convenios con el Liceo Don Bosco en Antofagasta y Calama, así como con las universidades Católica del Norte y Antofagasta, entre otros centros.
 
¿Y usted?, ¿siente que ha cambiado?
Creo que no he cambiado mucho de la mujer que era hace treinta años atrás. Hoy nos apretamos el cinturón por la crisis económica en que nos encontramos como país y sector industrial, y lo hacemos siendo eficientes y eficaces, siempre con respeto por las personas que trabajan con nosotros y ofreciendo un servicio de calidad 24/7. Pasamos de reparar y mantener a fabricar y lo conseguimos, porque lidero un equipo humano que tiene un sello propio: “dejamos huella en lo que hacemos”. 
 
PURO AMOR
 
Carmen Gómez Muñoz nació en Chuquicamata y es la segunda hija de cuatro hermanas. Aunque durante mucho tiempo se dedicó solo a sus empresas, dejando un poco de lado la del amor, desde hace nueve años comparte su vida con Marcos Valdebenito, profesor de educación básica, que fue un amor de juventud con quien se reencontró después de décadas. Una historia de amor que recibió como un regalo.
En lo personal, ¿alguna vez pensó en tomar un camino distinto? Nunca. Una vez que mi padre falleció decidí que debía continuar con su legado. Él creo un taller de reparación, y yo hoy, me siento orgullosa de dirigir “Grupo Gómez”. Me casé con la empresa. Aunque tengo pareja, no tuve hijos y siempre digo que los viejos son como mis “niños”, dejando en un sitial privilegiado a mis sobrinos y ahijados a quienes adoro.  
 
¿Recuerda algún momento clave en que descubrió que sus decisiones podían marcar el futuro del negocio familiar?
Muchos. Instalarnos en Iquique, Pozo Almonte; implementar con recursos propios la certificación de las normas internacionales de calidad, seguridad, medio ambiente; instalarnos en Santiago y hace nueve años crear la fábrica de intercambiadores de calor. También la decisión de exportar, que era un salto grande, y ahora sueño con estar instalada en otro país. Jamás he dejado de tomar decisiones. 
 
¿Siente que el liderazgo es distinto cuando lo ejerce una mujer?
Absolutamente, esa mezcla de sentido maternal, de hacer muchas cosas a la vez, de vivir en un mundo que día a día nos da espacios que debemos conquistar, nos marca. Somos luchadoras, excelentes profesionales, siempre vemos el lado humano de una situación, somos jefas distintas, nos hacemos respetar.  ¡Imagínate! ¡Antes no podíamos entrar a una mina! Ahora debemos luchar porque esas mujeres tengan el mismo sueldo que un hombre.
 
¿Siente que cambiado la mirada ante el emprendimiento?
Muchísimo, hoy tienes una cantidad de beneficios estatales, privados, asociaciones industriales, organismos internacionales que permite asesorar desde la jefa de hogar hasta un joven a cómo emprender. En mi época era hacerlo por las tuyas y no sabías si ibas bien o mal. 
 
¿Cuáles fueron las mayores dificultades y cómo pudo superarlas?
El profesionalizar un servicio. Nos esmeramos en ir haciendo cursos, comprando tecnologías, terrenos, firmando convenios, asociándonos, etc. Hemos ido creciendo con la capacidad de invertir en nuestros negocios. Muchas veces no ganamos mucho, le mostramos al cliente que buscamos la fidelización y por algo tenemos cincuenta años de experiencia. Ha sido duro, hemos sacrificado un poco nuestras vidas personales y por eso nuestras familias también son fundamentales. 
 
¿Cuál cree que ha sido su principal característica para mantenerse por tantos años como líder en un mercado tan competitivo?
He sido muy perseverante porque una de mis grandes motivaciones es demostrarle a mi padre que su legado sigue vivo. De él aprendí todo lo que soy, una mujer trabajadora, generosa y que confía en su gente.  
 
¿Cómo proyecta su empresa en el futuro?
Grupo Gómez se debe internacionalizar para atender otras industrias en América Latina y, por qué no, en otros continentes que también tienen minería, sin olvidar de dónde vengo, del desierto más árido del mundo. Nací en el mineral a rajo abierto más grande del mundo y desde ahí he ido creciendo, orgullosa de ser nortina. Hemos ido creciendo paso a paso, con humildad y sencillez, pero siempre avanzando. Quien trabaja conmigo sabe que aquí las cosas se logran con esfuerzo, profesionalismo y carisma. Ese sello lo implantó mi padre, yo lo seguí y mi socio Alcides Ibacache también, las personas son las que importan para llegar lejos. Ahora si a eso le sumamos tecnologías e innovaciones, creo que no hay obstáculo que pueda detenernos.
 

"Las empresas proveedoras locales hemos avanzado a paso firme y estamos al mismo nivel, en términos de calidad y eficiencia, que otras del país o hasta del mundo. Sin embargo, muchas veces no se nos valora y eso va en desmedro de nuestro desarrollo. Creo que eso debe cambiar. Soy defensora del talento local”.

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