La Cámara Chilena de la Construcción y Corbiobío son algunos de los directorios que el reconocido arquitecto, Miguel Ángel Ruiz-Tagle, ha presidido en los últimos años. Hoy, se enfrenta a un nuevo desafío que lo tiene entusiasmado, donde espera no sólo atraer más socios, sino que también promocionar y alentar la práctica del golf en la Región del Biobío.
Reconoce que le gusta ser parte de distintas organizaciones, porque cree firmemente en involucrarse para generar cambios. En los años ochenta llegó a Concepción, y desde ese minuto se sintió penquista, “siempre pienso que soy de donde estoy en el momento, y por lo tanto, mi esfuerzo, mi desarrollo personal o empresarial, lo veo en esa situación. Es por eso que me involucro”.
Pero además, cuenta que para él Concepción es una de las ciudades más importantes y ricas, “y con esa riqueza me refiero a la bondad de sus habitantes. Es una ciudad agradable para vivir. Las conectividades si bien se han complicado, por su explosivo crecimiento, son aspectos que bien manejados tienen solución. Creo en un Chile regionalizado, con poderes autónomos, de tal manera que permita el desarrollo y crecimiento”.
Ruiz-Tagle comenta, entre risas, que seguirá “parando el dedo, hasta que me acompañe el entendimiento. Siempre voy a querer opinar, quiero ser parte”.
Se involucró en organizaciones e instituciones en la segunda etapa de su vida, cuando llegó a Concepción y sus hijos estaban saliendo de la universidad. “Siempre he sido cercano, pero ni siquiera me di cuenta de cómo llegué a involucrarme en las direcciones y presidencias de algunas instituciones. Ha sido muy grato hacerlo y un gran aprendizaje. Uno pasa por esta vida y si ha tenido suerte y ha recibido, se siente el compromiso de entregar algo. Y si uno puede hacerlo, no tiene que restarse”.
Para el arquitecto, ser parte no solo se trata de entregar tiempo y conocimientos, “sino que uno también se nutre de las cosas que está haciendo. Para mí ha sido una sorpresa esto de la Cámara Chilena de la Construcción, de Corbiobío, ahora de La Posada, y también estoy en el Colegio de Arquitectos. En todos estos gremios e instituciones, se logra compartir, entregar experiencia y recoger experiencias de otros, pero lo más importante es sentirse contento con uno mismo. De alguna manera, he devuelto las bondades que me ha dado la vida”.
GOLF
Una de las pasiones de Miguel es el golf. Y La Posada ha sido su espacio para practicarlo y vivirlo. Por eso no es de extrañar que hoy sea su nuevo director y no uno cualquiera, sino que uno dispuesto a llevar cambios a este tradicional club: “venía hace algún tiempo participando en el directorio de La Posada, y la idea de aceptar la presidencia fue motivada para dar continuidad a lo que se estaba realizando, especialmente a la parte deportiva”.
Según plantea, son dos los objetivos que se han propuesto como directiva: captar más socios y lograr una mayor apertura en el ámbito deportivo. Lo anterior, sin ir en desmedro de sus actuales socios. “Es cierto que el golf no es masivo, y que aparenta no tener una exigencia física. La juventud se nos ha quedado atrás y queremos captarla, que existan golfistas más jóvenes, que renueven y den un espectro más amplio en todas las etapas de competencia, participación y juego”.
Y ahí está tal vez su mayor desafío, atraer a las nuevas generaciones. “No se renuevan las generaciones, porque en este momento el ritmo de vida y las opciones de logro de los nuevos profesionales, están muy concentradas en querer emerger pronto. Todo tiene que ser rápido, el despegue profesional, la consolidación, llegar al estándar de vida que se proponen, y eso provoca que vean el golf como algo más lento. Una partida demora entre tres y cuatro horas, eso hace que la práctica de este deporte se vea alejada de sus pretensiones”.
¿Y cómo convencerlos de lo contrario?
El golf da tiempo para pensar, para compartir con sus partners, para intercambiar opiniones. Los jóvenes que no han jugado, no saben que este deporte brinda la oportunidad de conversar con profesionales de distintas carreras, lo que es muy enriquecedor.
¿Cuál es el nuevo aire que le gustaría darle al club?
Lo primero, es tratar de aumentar las membresías, e incentivar el deporte. Por ejemplo, tenemos la escuela de niños, que nos permite hacerlos participar. Podemos descubrir un gran golfista en estos niños, aunque sus papás no sean golfistas. Todas esas actividades queremos encadenarlas de alguna manera, para poder reactivar el deporte. Estamos en una etapa de análisis. La Posada tiene un gran patrimonio, tenemos cerca de ciento veinticuatro hectáreas, en un sector que cada día crece más.
¿Qué significa para Miguel Ángel Ruiz-Tagle asumir este nuevo desafío?
Acepté la presidencia, porque me encanta el golf, pero también porque con la experiencia que he tenido en algunas otras organizaciones y gremios, puedo aportar algo en la vista futura y en el entendimiento de hacer crecer La Posada. Obviamente, tenemos que manejar muy bien nuestras finanzas para poder mantener la línea de flotación.
CONCEPCIÓN Y ARQUITECTURA
¿Cómo ve al Concepción de hoy?
Estamos en un periodo de transición, donde se están produciendo grandes cambios. En todos los periodos del desarrollo de los países, hay momentos conflictivos en que se produce una especie de explosión, y se da ese paso que falta. El problema está en que tenemos que visualizar qué paso hay que dar. Y la comunidad tiene que estar atenta a tomar las mejores decisiones. No dejarse influenciar por caudillismos.
Y en estos periodos, ¿cómo ha sido llevar su oficina?
Estamos consolidados. Tenemos un staff de clientes o mandantes que nunca ha bajado. Nos hemos mantenido en los momentos difíciles. El mundo de la arquitectura y la construcción es bastante cíclico. Hay oportunidades en que no hay ni siquiera cómo atender todas las demandas y después baja; lo importante es que cuando se está arriba, se debe guardar una reserva para cuando se está abajo. El equilibrio se da.
¿Hay gente joven en su equipo?
Mi oficina está compuesta por un equipo relativamente joven, donde soy el coordinador. Yo hice clases en la Universidad Católica, y la oficina de arquitectura que tengo la dirijo de esa manera. Los proyectos llegan, soy la cabeza, pero los voy traspasando. Tenemos reuniones, donde voy corrigiendo cada proyecto, pero también voy recibiendo la impronta de ellos, y vamos conversando, lo que me ha dado muy buen resultado.
¿Le gusta trabajar con jóvenes?
Al trabajar con arquitectos jóvenes, ellos llegan a una madurez y quieren tener su propio emprendimiento. Algunos se van, a veces regresan y siempre los acojo. Muchos de ellos se han ido a representaciones y proyectos importantes. Eso es satisfactorio.
¿Sus hijos siguieron sus pasos?
Mi hijo mayor es informático, y trabaja en el área de la construcción. Mi segunda hija es arquitecta, está trabajando hace poco más de un año conmigo. Y la tercera no quiso saber de arquitectura, y está en la etapa final de kinesiología.
¿Y usted los instó a que siguieran su camino profesional?
La verdad es que no. Por ejemplo, mi hija que estudió arquitectura quería diseño, pero se dio cuenta de que por este camino también podía concretar lo que anhelaba.