Tiene veinticuatro años, y recién hace un par, Katherine Wollerman Zapata supo lo que significaba subirse a una embarcación y remar para alcanzar un objetivo, tal como lo hizo en septiembre recién pasado, cuando terminó en el cuarto lugar del canotaje femenino en los Juegos Paralímpicos de Río 2016. Pero su historia no ha sido fácil. Al contrario, pues tiene varios capítulos que demuestran su fortaleza y temple para salir adelante.
Oriunda de Chiguayante, siempre fue cercana a los deportes. De niña practicó patinaje, natación, ballet y gimnasia, entre otras actividades. Eso, hasta que el año 2012 sufrió un extraño cuadro de complicaciones que derivaron en una mielitis transversa cervical infecciosa aguda, un diagnóstico complejo que, desde entonces, la dejó en silla de ruedas. Sin poder caminar, vertió todas sus fuerzas y anhelos en el deporte. Fue así como llegó al kayak, disciplina que practica en la Laguna Chica de San Pedro de La Paz, y que hoy la eleva como la mejor exponente nacional de la disciplina.
Todas sus energías apuntan al logro de sus metas deportivas, con entrenamientos en el Cendyr Náutico. Por lo mismo, mantiene congelados sus estudios de Terapia Educacional en la Universidad Santo Tomás, a la espera de retomarlos en 2017.
¿Cómo llegaste a este deporte?
No lo conocía antes de lo que me pasó y marcó mi vida definitivamente. Fue algo no esperado y abrupto. Estuve siete meses hospitalizada, luego de entrar con tos y fiebre a un recinto hospitalario, pero salí sin caminar. Me dijeron que fue primero salmonelosis, infección urinaria, herpes zoster y así se empezaron a desarrollar patologías infecciosas. Me hospitalizaron en la UCI, pero no me hicieron plasmaféresis ni tratamiento corticoidal, por no sabían lo que tenía realmente. En esa etapa crítica, con un buen tratamiento, otra cosa habría pasado. Y desde ese tiempo hasta ahora, en el deporte encontré lo que perdí.
LOGROS INMEDIATOS
¿Por qué el canotaje?
La Teletón me presentó muchos deportes. Entre ellos, atletismo, natación, pimpón, vela, hándbol, vóley sentado… Hice de todo. Y en la búsqueda de encontrar algo que me llenara completamente, conocí el paracanotaje. Antes fui a unas paraolimpiadas nacionales, donde me inscribieron en todas las disciplinas y saqué seis medallas de oro. Tenía toda la pena y la rabia de lo que estaba pasando, y lo desahogaba ahí.
¿Por qué consideras que tuviste de inmediato buenos resultados?
Me puse en la búsqueda por encontrar un deporte, primero, y en el kayak todo me resultó natural. Empezamos a entrenar con un grupo grande, más de doce personas. Pero fue disminuyendo por diferentes motivos. Entre otros, porque hacer deporte con discapacidad es complicado, fundamentalmente porque no tenemos toda la infraestructura. Yo lo vi como un desafío. Ya el hecho de poder subirme a un bote lo era.
¿Cuánto demoraste en sentirte cómoda en el bote?
Primero, un mes y medio tratando de subirme al bote. Me caía y me volvía a subir.
¿Miedo?
Un poco, pero lo fui perdiendo, porque sentía que no me podía ganar algo material, menos si ya no me había ganado mi complicación. Llevaba tres meses remando de forma recreativa, viniendo dos o tres veces a la semana, cuando me avisaron que habría un sudamericano en Curauma. Y como era el estreno de paracanotaje, sobre todo para deportistas chilenos, quise entrenar para eso, por lo que sumé un día más a los entrenamientos.
¿Cuál era tu motivación para competir?
No lo tenía claro. En el sudamericano, por ejemplo, todo era como un sueño para mí. No estaba dentro de mi cabeza competir ni actuar por Chile. Cuando saqué medalla de oro, todos se preguntaban de dónde salí. Para mí, en ese momento, solo era para divertirme.
Pero comenzaron a llegar más desafíos… A los seis meses me invitaron a un mundial en Alemania. Mi manager, que es mi madre, movió cielo, mar y tierra para que pudiéramos ir. Y fuimos: obtuve el sexto lugar. Iba avanzando. Así fueron surgiendo panamericanos y sudamericanos, y más mundiales. No me lo tomé en serio, hasta que me propuse llegar a los Juegos Paralímpicos. Y tenía un año para prepararme.
¿Cómo fue ese trayecto?
Quería clasificar al Mundial de Italia, pero allá salí octava en el ranking, y quedé fuera porque iban las seis primeras. Pero aún quedaban cuatro cupos y sabía que en Alemania tenía que clasificar, así que viajé con ese objetivo. Allá llegué séptima, alcanzando el primero de los cupos restantes.
HISTORIA EN RÍO
En los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro, Katherine Wollerman estuvo muy cerca de alcanzar la medalla de bronce en la final de los 200 metros de su categoría (KL1). Esto porque remató en el cuarto puesto, a sólo 512 milésimas de segundo de la tercera clasificada, la polaca Kamila Kubas. El oro fue para la británica Jeanette Chippington (58”760) y la plata para la alemana Edina Muller (58”874). Con su tiempo de 1’00”744, no solo mejoró el tiempo logrado en la serie clasificatoria, sino que también fue el mejor de su trayectoria.
¿Cuándo te diste cuenta de que estuviste tan cerca de una medalla?
Fue después, y no podía creer que fuera por tan poco. Cuando llegué, no me acuerdo de nada porque me desmayé y quedé inconsciente diez minutos. Eso fue en la meta. Me había pasado antes y es porque me exijo mucho, y doy mi vida en lo que amo. Ahora me están haciendo una serie de exámenes, porque tengo que cuidarme, llevar una salud compatible para seguir compitiendo.
¿Cómo evalúas esta experiencia?
Única, inolvidable. Fueron mis primeros juegos y los disfruté mucho. Los límites están en la cabeza, y comprobarlo allá me marcó. Un tipo sin brazos abría una Coca-Cola con los pies, se la tomaba y todo tan normal. Y así muchas cosas que me fueron llenando y dando energía. Me nutrí de toda la gente que vi allá. Fue inolvidable.
Fuiste la mejor chilena, ¿cómo tomaste eso?
Sí, aunque Amanda Cerna (atletismo) y María Antonieta Ortiz (pesas) también salieron cuartas. Se me acercó mucha gente, me felicitaban. Mi apoyo fundamental fue mi entrenador, Ariel Rubilar, y mi mamá, Margot Zapata, además de todo el equipo que está detrás.
¿Cuáles son tus próximas metas?
Hay que ir paso a paso, todo a su tiempo. Me faltan muchas cosas por aprender todavía, puedo seguir mejorando. Me gustaría ir a Tokio 2020, pero es improbable. Más en un deporte como el mío, donde influyen las condiciones climáticas y otras cosas también. No pienso en eso, solo en el ahora. Y en lo que estoy viviendo.