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EDICIÓN | Octubre 2016

Tierra Fértil y Colorida

Gabriel Martínez y Helia González, Floricultores de Pan de Azúcar

Todos los días del año son claves para este emprendimiento, que no cuenta con un nombre de fantasía, pero que es reconocido como floricultores de Santa Helena, un pequeño poblado del sector de Pan de Azúcar, en Coquimbo. En este lugar, partieron con una plantación de claveles en solo doscientos metros cuadrados y hoy, cuentan con nueve invernaderos. A las diferentes tonalidades de claveles, se fueron sumando los lilium y, hace dos años, innovaron su producción con los lisianthus.

Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

Es jueves, día de cosecha, y para el matrimonio Martínez González la jornada es agotadora, pero al mismo tiempo gratificante. Están en pleno ajetreo, porque tres veces a la semana, Gabriel se sube a su furgón e inicia un circuito de reparto en diversos sectores de La Serena y Coquimbo. En la sala de empaque, Helia, exprofesora de historia, corta las hojas sobrantes de los lilium y con delicadeza las va ordenando en cajas. En tanto, Gabriel, técnico agrícola y oriundo de Quilimarí, comenta que el trabajo del cultivo de las flores nunca se detiene y de inmediato relata el origen de esta historia
 
“Siempre me dediqué a la agricultura, pero en el rubro de las hortalizas. En una ocasión, un empresario hotelero de Quilimarí me ofreció trabajar con él porque quería cultivar flores y la verdad es que le comenté que no sabía nada de este tema. Como se contrató a un ingeniero asesor, acepté la propuesta y aprendí bastante de él. Trabajé ahí cerca de tres años, porque el dueño falleció y se vendió todo. Como me gustó el rubro quise trabajar de manera independiente, sin embargo en esos años no era muy bien visto que un hombre se dedicara a cultivar flores...”
 
¿Lo postergó por este prejuicio?
Era un tema difícil. Luego, me fui a Concepción, me enamoré, me casé y con Helia nos vinimos a La Serena. Arrendé un terreno, pedí un crédito en INDAP y partí con las plantaciones de flores. Ya son treinta y dos años que estoy en esto, pero con altos y bajos. Formé un par de sociedades que finalmente fracasaron y en los años noventa tuvimos una sequía tan grande que me obligó a dejar las flores. Trabajé como recepcionista en unas cabañas de la Avenida del Mar y después de tres años instalamos el primer invernadero en nuestra parcela de Santa Helena.
 
¿Y a qué se debe su insistencia con este rubro?
El cultivo de las flores es un trabajo diario, pero no es tan pesado como el de las hortalizas. En el caso del clavel cosechamos todas las semanas y la demanda de las flores ha ido en aumento, de manera que en términos de negocio es muy bueno. Es un rubro que requiere de mucho cuidado y de constancia, pero como se convirtió en un emprendimiento familiar, ha resultado más fácil distribuirse las tareas. Helia trabajaba como profesora de educación básica, pero siempre que podía me ayudaba. Hace ocho años se jubiló y, desde entonces, estamos juntos en esto, al igual que mi hija Paulina. 
 
LILIUM Y LISIANTHUS
 
Hace cinco años, los Martínez González incorporaron a su producción los lilium blancos, amarillos, rojos y naranjos. Partieron con trescientos bulbos cada quince días y actualmente, plantan novecientos bulbos a la semana. “Antiguamente, en La Serena, el consumo de lilium era bajo, pero como nos gusta innovar, hicimos una prueba y de a poco comenzó a tener mayor aceptación. Para nosotros, el lilium es una planta que en comparación al clavel tiene menos uso de mano de obra, porque al clavel debemos desbotonarlo semanalmente y enmallarlo varias veces, de manera que su proceso es muy lento”, comenta el floricultor.
 
¿Cómo están distribuidas las plantas en los invernaderos?
Tenemos dos invernaderos con claveles y tres con lilium, es decir, son cerca de seis mil bulbos de lilium plantados. La mayoría de estos bulbos provienen de Holanda y para plantarlos necesitan un golpe de frío de dos meses. Por ahora uno de los invernaderos está desocupado porque ya hicimos la cosecha y los otros dos están plantados con lisianthus o rosa japonesa.
 
¿Y cómo les ha ido con los lisianthus?
¡Excelente! Ha sido todo un éxito, porque se vende a muy buen precio y además requiere de poco trabajo. Nosotros compramos las plantas a una empresa de Quillota, porque es muy delicada, se demora tres meses en estar lista y la semilla es ínfima, entonces necesita de una dedicación casi exclusiva. 
 
¿Han pensado en aumentar su producción?
Queremos hacer dos invernaderos más para los lisianthus, pero como es una planta solo de la temporada verano-otoño, nuestra idea es ir alternado el uso del espacio con los lilium.
 
¿Cuál es la producción total de flores?
Cosechamos quinientas varas de claveles a la semana y de lilium; ochocientas. En el caso de los lisianthus, el año pasado cosechamos alrededor de doce mil varas y para este año, esperamos llegar al doble. 
 
¿Y quienes son sus principales clientes?
Entregamos a varias florerías y feriantes de Coquimbo y La Serena. También, en los centros de eventos Hacienda Venus y Aqua Para Sol. Los lunes, miércoles y viernes son los días de despacho y esta tarea la hago personalmente. Nuestra venta es directa y no vendemos a mayoristas. 
 
FLORICOP
 
Actualmente, Gabriel Martínez es el presidente de la Cooperativa de Floricultores de Pan de Azúcar, una entidad que nació hace ocho años con el objetivo de regular y equiparar los precios de las flores cultivadas en este sector. “Primero formamos una agrupación, pero como después surgió la idea de generar negocios entre todos los floricultores del sector como una unidad productiva, hicimos los trámites para convertirnos en cooperativa. El año pasado, encontramos un terreno con agua y lo arrendamos por diez años”, comenta Gabriel.
 
¿Cómo se organizan para trabajar en este terreno?
Tenemos una persona a cargo, pero para las cosechas hacemos turnos entre los floricultores que la integran. Legalmente somos catorce microempresarios, pero participamos nueve. De momento, nos hemos dedicado a trabajar y lo que obtenemos de la producción se reinvierte. 
 
¿A qué aspira como presidente de FLORICOP?
El objetivo es que Pan de Azúcar se convierta en un sector líder en la producción de flores, porque somos cerca de cuarenta floricultores que trabajamos en esta zona. Yo siento que de alguna manera la gente nos ha reconocido como tales, pero no así las instituciones gubernamentales. Por ejemplo, en ningún logo o imagen de marketing o publicidad de la región aparecen las flores y resulta que en la Región de Coquimbo se produce el diecinueve por ciento de las flores a nivel nacional. La verdad es que desconozco las razones de por qué no se ha potenciado esto.
 
¿Y qué necesidades tiene la cooperativa?
Capital para invertir. Tenemos una alta demanda de flores, incluso llegan desde Valparaíso, pero nuestros clientes prefieren las nuestras. Esta zona tiene un muy buen mercado y entre todos los floricultores cubrimos cerca de un quince por ciento del mercado local, entonces estamos en muy buen pie, pero no contamos con proyectos o fondos para postular y obtener los recursos.
 
VARAS DE BELLEZA
 
Las inclemencias de la naturaleza no han estado ajenas en este rubro. Mucho más que la sequía, lo que sí ha afectado a los cultivos de las flores son las bajas temperaturas, las heladas y el viento. En agosto del año pasado, producto de este último, el matrimonio perdió un invernadero completo de lilium y a pocos días de la cosecha. 
 
Helia saca un cuaderno donde lleva un registro diario de fechas de plantaciones, cosecha, selección, grados, porcentajes de variedades de flores, entregas, etc. Mientras busca las bajas temperaturas de estos últimas días, comenta “nosotros anotamos todo y somos muy ordenados. Es importante llevar este registro porque nos permite tomar decisiones y hacer ciertos cambios para una próxima temporada. Debo destacar también, que en estos dos últimos años, Gabriel implementó la aplicación de materia orgánica y esto nos ha permitido manejar los cultivos con menor cantidad de agua”.
 
Ha sido un camino de largo aprendizaje
G: Siempre estamos probando con nuevas ideas. Por ejemplo, hacemos compostaje para aplicarlo al suelo e incorporamos materia orgánica líquida cada quince días. Esto permite que las plantas se fortalezcan y se eliminen enfermedades. Antes debíamos desinfectar todas las semanas y hoy, lo hacemos una vez al mes.
H: Si no se corren riesgos, no aprendemos. Y si somos asertivos puede ser un éxito. Como familia vivimos de esto, de manera que ha sido positivo y en todo sentido porque nos mantiene activos, con la mente ocupada. Yo me aburro si no estoy trabajando en las flores. Detrás de todo esto existe una gran riqueza interior y ¡eso no tiene precio! porque trabajamos con belleza y con lo más profundo del ser humano que son los sentimientos. 
 

"Antiguamente, en La Serena el consumo de lilium era bajo, pero como nos gusta innovar, hicimos una prueba y de a poco comenzó a tener mayor aceptación"

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