Hace cinco años, los Martínez González incorporaron a su producción los lilium blancos, amarillos, rojos y naranjos. Partieron con trescientos bulbos cada quince días y actualmente, plantan novecientos bulbos a la semana. “Antiguamente, en La Serena, el consumo de lilium era bajo, pero como nos gusta innovar, hicimos una prueba y de a poco comenzó a tener mayor aceptación. Para nosotros, el lilium es una planta que en comparación al clavel tiene menos uso de mano de obra, porque al clavel debemos desbotonarlo semanalmente y enmallarlo varias veces, de manera que su proceso es muy lento”, comenta el floricultor.
Tenemos dos invernaderos con claveles y tres con lilium, es decir, son cerca de seis mil bulbos de lilium plantados. La mayoría de estos bulbos provienen de Holanda y para plantarlos necesitan un golpe de frío de dos meses. Por ahora uno de los invernaderos está desocupado porque ya hicimos la cosecha y los otros dos están plantados con lisianthus o rosa japonesa.
¡Excelente! Ha sido todo un éxito, porque se vende a muy buen precio y además requiere de poco trabajo. Nosotros compramos las plantas a una empresa de Quillota, porque es muy delicada, se demora tres meses en estar lista y la semilla es ínfima, entonces necesita de una dedicación casi exclusiva.
Queremos hacer dos invernaderos más para los lisianthus, pero como es una planta solo de la temporada verano-otoño, nuestra idea es ir alternado el uso del espacio con los lilium.
¿Cuál es la producción total de flores?
Cosechamos quinientas varas de claveles a la semana y de lilium; ochocientas. En el caso de los lisianthus, el año pasado cosechamos alrededor de doce mil varas y para este año, esperamos llegar al doble.
¿Y quienes son sus principales clientes?
Entregamos a varias florerías y feriantes de Coquimbo y La Serena. También, en los centros de eventos Hacienda Venus y Aqua Para Sol. Los lunes, miércoles y viernes son los días de despacho y esta tarea la hago personalmente. Nuestra venta es directa y no vendemos a mayoristas.
FLORICOP
Actualmente, Gabriel Martínez es el presidente de la Cooperativa de Floricultores de Pan de Azúcar, una entidad que nació hace ocho años con el objetivo de regular y equiparar los precios de las flores cultivadas en este sector. “Primero formamos una agrupación, pero como después surgió la idea de generar negocios entre todos los floricultores del sector como una unidad productiva, hicimos los trámites para convertirnos en cooperativa. El año pasado, encontramos un terreno con agua y lo arrendamos por diez años”, comenta Gabriel.
¿Cómo se organizan para trabajar en este terreno?
Tenemos una persona a cargo, pero para las cosechas hacemos turnos entre los floricultores que la integran. Legalmente somos catorce microempresarios, pero participamos nueve. De momento, nos hemos dedicado a trabajar y lo que obtenemos de la producción se reinvierte.
¿A qué aspira como presidente de FLORICOP?
El objetivo es que Pan de Azúcar se convierta en un sector líder en la producción de flores, porque somos cerca de cuarenta floricultores que trabajamos en esta zona. Yo siento que de alguna manera la gente nos ha reconocido como tales, pero no así las instituciones gubernamentales. Por ejemplo, en ningún logo o imagen de marketing o publicidad de la región aparecen las flores y resulta que en la Región de Coquimbo se produce el diecinueve por ciento de las flores a nivel nacional. La verdad es que desconozco las razones de por qué no se ha potenciado esto.
¿Y qué necesidades tiene la cooperativa?
Capital para invertir. Tenemos una alta demanda de flores, incluso llegan desde Valparaíso, pero nuestros clientes prefieren las nuestras. Esta zona tiene un muy buen mercado y entre todos los floricultores cubrimos cerca de un quince por ciento del mercado local, entonces estamos en muy buen pie, pero no contamos con proyectos o fondos para postular y obtener los recursos.
VARAS DE BELLEZA
Las inclemencias de la naturaleza no han estado ajenas en este rubro. Mucho más que la sequía, lo que sí ha afectado a los cultivos de las flores son las bajas temperaturas, las heladas y el viento. En agosto del año pasado, producto de este último, el matrimonio perdió un invernadero completo de lilium y a pocos días de la cosecha.
Helia saca un cuaderno donde lleva un registro diario de fechas de plantaciones, cosecha, selección, grados, porcentajes de variedades de flores, entregas, etc. Mientras busca las bajas temperaturas de estos últimas días, comenta “nosotros anotamos todo y somos muy ordenados. Es importante llevar este registro porque nos permite tomar decisiones y hacer ciertos cambios para una próxima temporada. Debo destacar también, que en estos dos últimos años, Gabriel implementó la aplicación de materia orgánica y esto nos ha permitido manejar los cultivos con menor cantidad de agua”.
Ha sido un camino de largo aprendizaje
G: Siempre estamos probando con nuevas ideas. Por ejemplo, hacemos compostaje para aplicarlo al suelo e incorporamos materia orgánica líquida cada quince días. Esto permite que las plantas se fortalezcan y se eliminen enfermedades. Antes debíamos desinfectar todas las semanas y hoy, lo hacemos una vez al mes.
H: Si no se corren riesgos, no aprendemos. Y si somos asertivos puede ser un éxito. Como familia vivimos de esto, de manera que ha sido positivo y en todo sentido porque nos mantiene activos, con la mente ocupada. Yo me aburro si no estoy trabajando en las flores. Detrás de todo esto existe una gran riqueza interior y ¡eso no tiene precio! porque trabajamos con belleza y con lo más profundo del ser humano que son los sentimientos.