A los siete años, Ariadna se sentaba cuatro horas diarias a estudiar piano junto a su padre, el reconocido pianista, musicólogo y cronista argentino, Nino Colli. Tres años después, dio su primer concierto en la exsala Valentín Letelier de la Universidad de Chile y, al poco tiempo, se presentó con la Orquesta Sinfónica de Santiago.
Tenía solo once años cuando comenzó a recorrer nuestro país, dando conciertos como solista. “El Ministerio de Educación de entonces coordinaba estos conciertos y la verdad es que para mí era muy natural iniciar estas giras durante varios meses y todos los años. Como niña lo disfrutaba, pero al mismo tiempo había una gran exigencia detrás, lo que me permitió tomar clases con Flora Guerra, una de las mejores profesoras de piano de Chile”, enfatiza Ariadna.
A los diecisiete años ingresó a la Universidad de Chile a estudiar interpretación superior con mención piano, donde solo estuvo un par de años, ya que se le presentó la posibilidad de participar en un concurso Chopin, organizado por el Instituto de Cultura Polaco, y ganó. Eso le significó viajar a Polonia y obtener una beca para realizar un postgrado durante dos años. En su regreso a Chile, se casa con el ingeniero Miguel Valenzuela y nace su primera hija, Almendra.
“En el año setenta y seis nos fuimos a vivir a Italia y luego a Inglaterra, donde obtuve una beca para un doctorado en arte y donde, además, nacieron mis mellizos, quienes hoy también son músicos. Por otra parte, la comisión de profesores del Trinity College of Music me concedió la posibilidad de adquirir mi título, gracias a la experiencia, trayectoria y premios obtenidos”, recalca la pianista.
Cuando fallece el padre de Ariadna, en 1981, la familia decide regresar a Chile. La Escuela Moderna de Música le ofrece dar clases de piano. Al poco tiempo, Ariadna forma su propia escuela en San Bernardo y, en 1990, postula a un cargo docente en la Universidad de La Serena.
Así es, me vine con mis hijos, porque mi marido trabajaba en Santiago y llegué a trabajar a la universidad como profesora de piano… y aquí es donde parte otra historia.
A PUERTAS ABIERTAS
Hasta el año 2011, Ariadna hizo clases en la ULS formando a una serie de destacados pianistas, entre ellos, Horacio Tardito, Cristián Ramos, Valeria Prado y Stefanie Vial. “En términos de producción de generaciones de músicos, esta región logró, durante ese periodo, posicionarse en el primer lugar de nuestro país, lo que para mí es un tremendo orgullo y, al mismo tiempo, un gran trabajo”, destaca la pianista.
¿Por qué dejas de hacer clases en la ULS?
Porque me jubilé y fue justo en el periodo de las tomas y protestas universitarias. Muchos de los alumnos no querían perder sus prácticas y me pidieron que les hiciera clases fuera de la universidad. Accedí a esta petición y realicé un programa integral para todos los estudiantes que quisieran mantener su nivel de estudio. Esto me llevó a formar un taller para alumnos de piano, lo que derivó en otros instrumentos…
¿Este es el origen de Musicartes?
AC: En el 2012 compramos un terreno en Hijuelas Los Rosales, a diez kilómetros de La Serena, camino al Valle del Elqui, y construimos nuestra casa. Aquí comencé a impartir los talleres, pero surgió la necesidad de mostrar el trabajo. El living lo transformamos en una sala de conciertos y los chiquillos practicaban distintas disciplinas musicales. A partir de esto creamos, con mi hija Almendra, el Centro Musicartes.
En tu caso, Almendra, ¿cuál es tu vínculo con el arte?
AV: En la Escuela Moderna tomé clases de pintura con Ida González y en la escuela que formó mi madre en San Bernardo, tuve clases de violín y de arte. Ambas etapas de formación me marcaron y eso me llevó a estudiar la carrera instrumentista con mención en violín, en la Universidad de La Serena. Cuando me titulé ingresé a la Universidad de Chile para estudiar artes visuales con mención en grabado.
¿Has combinado, entonces, ambas disciplinas durante estos años?
AV: Sí. Estuve cuatro años en la Orquesta Sinfónica de la ULS y luego me gané tres proyectos FONDART, lo que me permitió desarrollar el área de artes visuales. Hice un taller de grabado para mujeres en riesgo social en La Serena y en Ovalle, y un proyecto artístico integral para enfermos ambulatorios del Hospital de La Serena. Actualmente, hago clases particulares de violín y de artes visuales en el colegio Claudio Arrau.
¿Y que las motivó a trabajar juntas en Musicartes?
AV: Teníamos nuestros propios talleres en la casa. Mi madre un taller de música y yo, de grabado. Como contábamos con el espacio y la experiencia, surgió la idea de abordar ambas áreas. A esto se sumó un programa mensual de conciertos y, además, una exposición colectiva o individual.
AC: Nuestro objetivo no es solo brindar un espacio para que los estudiantes practiquen con sus instrumentos, sino enseñar las distintas técnicas pedagógicas, cómo elaborar un proyecto, qué deben aprender los niños en los colegios, trabajamos el pánico escénico, como enfrentarse al público y hacemos reflexiones sobre la educación en nuestro país y de otros lugares del mundo.
FACILITAR LA EDUCACIÓN
Promover la música y el arte local de artistas emergentes se fue convirtiendo, también, en el leit motiv de esta dupla emprendedora. “La falta de espacios para los nuevos artistas y músicos es limitado en esta zona, de manera que esa necesidad queremos revertirla a través de nuestro centro y que este sea un aporte real para todas aquellas personas que deseen mostrar su arte y, al mismo tiempo, para aquellas que quieran apreciarlo”, enfatiza Almendra.
¿Qué tipo de talleres imparten?
AC: Tenemos talleres de canto, guitarra, piano y violín que son impartidos por nosotras y por músicos titulados de la ULS. Los talleres de artes visuales son de pintura, dibujo, grabado y figura humana en vivo.
¿Y cómo difunden los cursos y actividades?
AV: En nuestro Facebook Centro Musicartes. Los talleres, las exposiciones, muestras artísticas y conciertos son abiertas a la comunidad… la invitación es para todos.
¿Sienten que la experiencia y prestigio de ambas es el plus de Musicartes?
AC: Nosotras hemos tratado de romper el mito de que solo en Santiago existe un buen nivel de formación para músicos y artistas; ahora sí debo decir que la gente que conoce mi trayectoria, la valora, pero eso no siempre se da, porque en general se informan muy poco acerca de quienes son las personas que dan las clases. Muchas veces se guían por los precios o por la distancia del lugar donde se imparten los talleres ¡Eso es un peligro!
Ser maestro de piano requiere un largo camino de aprendizaje
AC: ¡Imagínate que yo aprendí desde los siete hasta los veintinueve años! Un maestro o un músico debe estar constantemente renovándose y debe tener una práctica permanente. Existen varios profesores que enseñan piano sin saber de anatomía, incluso, pueden provocar deformaciones y enfermedades en sus alumnos, como la tendinitis… ¡eso es fatal! En definitiva, una mala formación puede significar que un estudiante talentoso se pierda con el tiempo.
¿Qué opinan acerca de la educación que hoy reciben nuestros hijos?
AC: ¡Es muy estructurada! Los estudiantes no se están formando, ellos están permanentemente compitiendo y eso es ¡terrible! Lo más triste es que las artes se van marginando y nos vemos imposibilitados de tener una salida emocional. Lo importante aquí es comprender el desarrollo personal de los niños y jóvenes, reconocer sus talentos y brindar los espacios. Yo siempre digo que no estoy formando pianistas, sino personas sanas que entienden, disfrutan y vibran con la música. AV: La educación en Chile está en crisis, por eso nuestro fundamento en Musicartes es realizar una labor social y humana. No tenemos un fin comercial, porque buscamos generar un crecimiento en la educación de nuestro país y solo a través del arte se accede a información interna que no es posible conocerla por medio de otra disciplina. El arte genera pensamiento, nos hace cuestionarnos y para muchos eso resulta peligroso.
¿Y cómo ha sido la experiencia de trabajar juntas?
AV: Lo más lindo es que ambas hemos podido complementar dos áreas que nos apasionan, a través de la formación profesional. Guiar a las personas, profesionalizar el arte y potenciar los talentos es una labor que nos motiva día a día.
AC: El artista autodidacta generalmente es muy talentoso, por eso emerge de una u otra manera, sin embargo, la falta de conocimiento de las técnicas lo limitan y no le permiten tener los recursos para expandirse como artista. El trabajo que hacemos con Almendra va precisamente por ese camino: entregar las herramientas y facilitar su educación.