La fundación de Ovalle, en 1831, permite el control del Estado de un vasto territorio y el subsecuente control de vagabundos y mal entretenidos. La zona de Combarbalá también se integra con sus ricos minerales de cobre, oro y plata, que dinamiza la producción del valle del Choapa y el puerto de Los Vilos. La Serena es el centro de acción de un grupo de habilitadores que operan a gran escala: los comerciantes Eulogio de Castro, Santiago de Urízar, Patricio Zeballos Egaña, Ramón Subercaseaux Egaña y Manuel Pérez Cotapos, quienes articulan la región al mercado mundial.
Por su parte, el pequeño puerto colonial de Coquimbo, hacia 1830, comienza a vivir una fuerte expansión de su cabotaje local, pues un número importante de comerciantes y profesionales extranjeros construyen cinco muelles de atraque e instalan sucursales de casas comerciales inglesas y francesas, administrados por Jorge Edwards, Tomás Kendall, John Walker y David Ross, quienes forman parte de la elite más poderosa e influyente en las operaciones financieras desarrolladas entre La Serena y el puerto de Coquimbo, el cual pasa a ser una comuna portuaria de carácter nacional e internacional.
Esta riqueza se proyecta en la transformación y consolidación de una nueva arquitectura y planta urbana de la ciudad, nodo de la política, la economía y la cultura; sede de bancos, fábricas de alimentos, insumos y herramientas para la minería y el transporte, industrias manufactureras y fundiciones navales; hotelería y restaurantes para viajeros y residentes. Es el espejo de políticas públicas para el mejoramiento de los servicios de higiene, salubridad y alumbrado público, promotores de una mejor calidad de vida.
La cúspide de este desarrollo tuvo lugar entre 1872 y 1880. Emergen las construcciones estilo francés, italiano e inglés. Se realizan inversiones en ferrocarriles mineros y obras portuarias en puertos menores como Totoralillo Norte, Tongoy, Chañaral de Aceituno y Los Vilos. Se habilitan instituciones encargadas de apoyar las actividades agrarias y ganaderas, como la Caja de Colonización Agrícola, que proporciona terrenos para sumar nuevos colonos a las actividades agrarias. La Sociedad Nacional de Agricultura organiza y asesora a los propietarios y la Sociedad Nacional de Minería orienta las actividades productivas y financieras.
Las calles y veredas, sujetas a la responsabilidad vecinal, son intervenidas con los mayores ingresos municipales, colocándose calzadas de adoquines, veredas con piedras de huevillo sacadas de la cuesta Porotitos, o bien, mediante losas extraídas desde la antigua hacienda de los Teatinos o Juan Soldado. En el centro urbano se levanta la nueva red de alumbrado público, permitiendo una mayor seguridad, ampliando el tránsito de sus habitantes, revitalizando la vida nocturna y disminuyendo asaltos y robos realizados al amparo de la oscuridad.
El ciclo salitrero potenciará aún más la modernización urbana y los proyectos de edificaciones en las calles centrales de la ciudad: Balmaceda, Cordovez, Prat, Brasil, Colón y Cienfuegos. Todo culmina en 1920, al comenzar una fase de decadencia que es superada parcialmente con el ciclo del hierro, el manganeso y una relativa reactivación de la minería del cobre, al captar capitales, tecnologías y mano de obra especializada. Son los efectos de la Segunda Guerra Mundial y la hegemonía mundial de los Estados Unidos en la industria militar.