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EDICIÓN | Octubre 2016

EN SÃO PAULO HERENCIA

EN SÃO PAULO HERENCIA

Texto y Fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto (www.sachasinkovich.cl)

Oscar Niemeyer nos dejó hace unos cuatro años. Tuvimos la suerte de visitar varias de sus obras icónicas en Brasil, donde con su pincelada reconocimos una manera propia y única. A esa muestra de proyectos construidos le podemos denominar la huella, lo intocable, lo irrepetible. Sin embargo dentro de su quehacer hay una serie de obras que nos heredaron una manera y un lenguaje de la arquitectura moderna que ha sido replicado, generalmente en partes. Es la totalidad, la que corresponde a su discurso, pero sin duda es una herencia de lenguaje, de una paleta de modos, que muchos usamos y (sin duda) seguiremos usando, probablemente en nuevas combinaciones, pero siempre por partes. 
 
La obra visitada está dentro de una tendencia mundial de reciclaje de edificaciones, apuntando a una amplitud de significados (renovación o re-uso, revitalización, rehabilitación, reciclaje, reconversión y/o restauración). Considerando que el uso original era de oficinas de un edificio público, y se reconvirtió en un Museo de Arte contemporáneo, la transformación es evidente. En teoría se produce una contradicción (50 años después, y rozando Niemeyer los 100 años de edad), sin embargo al intervenir el mismo arquitecto, la paleta de formas y materiales se respetan, y el replanteo está en el ámbito de auto-respeto. Se entiende que para realizar restauraciones hay acuerdos internacionales, y no es “llegar y hacer”. No obstante lo anterior, y respecto de la arquitectura moderna, es habitual que estén tan emparentados con lo contemporáneo, que pareciera que no habría que tomar los mismos resguardos como ocurre, por ejemplo, con una catedral gótica.
 
Por lo tanto, es interesante lo que acá sucede, tanto porque son pocos los arquitectos que puedes retomar una de sus obras para darle una nueva pincelada, y más cuando la obra origen se convirtió en patrimonio cultural por ser un ícono de arquitectura moderna. Por ende, para cualquiera no sería correcto cambiarlo, sin embargo al ser el mismo arquitecto quien lo modifica, exculparía de la alteración de un edificio que se debiera conservar como en su estado original.
 
Soslayando lo anterior, el dilema se resuelve como una oportunidad, donde el edificio se engalana con nuevas vestiduras, e incluso se recupera la fachada del proyecto original con quiebra-vistas. Estamos ante una situación que es reflejo de dos instancias creativas de Niemeyer, convirtiéndose, por lo tanto, en una obra única en su tipo.
 
El valor patrimonial-histórico de la obra radica en ser parte de un conjunto mayor, su presencia dentro del paisaje urbano, pero también por quien fue su autor arquitectónico. El edificio es parte del Parque Ibirapuera (también obra de Niemeyer) y le rinde honores: lo enfrenta y lo contempla. Dentro del parque todos los edificios están unidos por una marquesina de planta ondulada, sin embargo el edificio estudiado (que es el único que queda del otro lado de la autopista), está desligado, pero se emparenta al tener su propia marquesina semi-adosada, como elemento habitual en la arquitectura moderna paulistana de época. También es el edificio atalaya (el único edificio de altura del conjunto) que conforma la esquina, y es el lugar desde donde se completa la totalidad.
 
Asimismo  están presentes y vigentes  4 de los 5 principios de la arquitectura moderna: Los pilotis (en este caso con un diseño en V), la planta libre, el techo habitable (pensado para un futuro uso de restaurante) y la fachada libre, todo con el acento particular de la soltura de Niemeyer (el otro principio, de la ventana elongada muro a muro, es el ausente).
 
Concluyamos con todo lo expuesto que estamos ante una obra única en su tipo, reflejo de una doble instancia del hacer de uno de los mejores arquitectos modernos de Brasil y del mundo, y que hoy es su legado. Es en esta instancia cuando surge la duda de cuándo la obra de un arquitecto deja de ser “suya”, y pasa a ser de sus habitantes (se los dejo como inquietud). De momento quedémonos con la rica sensación de que estamos ante una herencia cultural única y que debiésemos tener más espacios de este tipo, de amplia comunicación y diálogo con el entorno.
 
FICHA TÉCNICA: Arquitecto: Oscar Niemeyer (www.niemeyer.org.br) / Mandante: Gobierno del Estado de São Paulo, Secretaría de Cultura (traspasado a la Universidad de São Paulo) / Año de proyecto: 1951-1953 / Inauguración: 1954 (Secretaría de Agricultura) / Re-inauguración: 28 de enero de 2012 (MAC-USP) / Superficie final actual: 30.000 m2 aproximadamente / Ubicación: Av. Pedro Álvares Cabral 1301, São Paulo, Brasil / Materialidad principal: hormigón armado, acero /  Programa de uso actual: Museo de arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo (MAC-USP) distribuido en 8 niveles, dos edificios nuevos adosados (www.mac.usp.br)

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