Esta columna, amable lector, guarda un instante de silencio. El jueves 1 de septiembre recién pasado falleció, en Viña del Mar, la destacada poeta, narradora, ensayista y periodista Sara Vial. “Mi nostalgia de Valparaíso es cosa seria” solía decir. Entre sus obras poéticas destacan La ciudad indecible, Viaje a la arena, y Mi patria tiene forma de esperanza.
El crítico literario Alone dijo de ella: “Sara Vial ha conservado el metro y a menudo esas consonancias que antes nos parecían acompañamiento inseparable de la belleza literaria, pero que ya no están de moda o que solo empiezan a volver con grandes resistencias”.
Su Valparaíso inolvidable con su estructura de ciudad caótica y única fue su inspiración y que nunca abandonó:
“Solo busqué cantar, no me preguntes sino lo que te di escribiendo versos, más allá de mi canto no soy libre y al reverso del mar ya no hay encuentro”
Por su trabajo recibió importantes premios, pero tal vez por aquello “del pago de Chile”, nunca llegó el Premio Nacional de Literatura o el de periodismo:
“Y somos los que somos y seremos y la noche es vivir lo que se ha dado en amistad, fraternidad y encuentro” (del Soneto en tinta verde al Bar Inglés)