Doctora en Antropología Social y Diversidad Cultural en la Universidad de Granada, hoy es la Coordinadora Regional del Proyecto Trama, cuyo principal objetivo es “contribuir a mejorar las condiciones laborales y la sustentabilidad económica de los trabajadores de la cultura en Chile”. Desde su rol de gestora cultural ha logrado desarrollar sus múltiples habilidades, combinando vocación y talento.
Por Claudia Zazzali C. / fotografías Andrés Gutiérrez V.
Siempre soñó con ser escritora, pero nunca imaginó que en su búsqueda irían surgiendo tantas historias como para una novela, de esas de aventura, romance, viajes y amor.
Paula Orellana se doctoró este año, ama su trabajo, y es reconocida como una de las mujeres líderes en temas culturales de la región. Estudió periodismo en la Universidad Católica del Norte y luego de una larga lista de trabajos esporádicos, muchos ligados a lo social, sintió el peso de ser “cesante ilustrada”. Un amigo que hasta hoy vive en Francia, le recomendó postular a una beca y probar suerte en Europa. Decidió aceptar el desafío y comenzó a desarrollar su proyecto para postular, estudiar francés y soñar con nuevos horizontes.
“Después de casi un año preparándome, postulé a una beca para ser asistente de español. Quedé seleccionada en la primera fase, viajé a las entrevistas… y no quedé. Fue como un balde de agua fría. Sentí que volvía a fojas cero, me quedé sin perspectivas”, recuerda.
¿Qué hiciste entonces?
Estaba confundida. Ya había egresado hace algunos años y no sabía qué dirección tomar. Estaba un poco decepcionada de todo, mi profesión no me llenaba por completo y mis sueños de independencia se veían cada día más lejanos. Habían pasado dos meses y estaba aún pensando qué haría con mi vida, cuando me llamaron de la Embajada de Francia porque una chica desertó y yo era la número uno de la lista de espera. “¿Acepta ir a Francia?”, me preguntaron. Fue una alegría indescriptible.
¿En qué consistía esta beca?
La beca que gané era para trabajar por seis meses como asistente en español en un IUFM (Instituto Universitario de Formación para Maestros).
Fue una experiencia que cambió mi vida. Compartí con otras becarias de distintos países, de quienes aprendí que, independiente de nuestro país de origen, somos mucho más parecidos de lo que pensamos. El trabajo era maravilloso, pero lo mejor era que trabajaba doce horas por semana y tenía la ventaja que el sistema francés te permite tomar vacaciones luego de cortos periodos, por lo que pude viajar, estudiar y conocer. Estaba fascinada.
¿Qué fue lo primero que te llamó la atención una vez establecida al otro lado del charco?
La cantidad de prejuicios que uno tiene. A veces se idealiza Europa en algunos aspectos, pero existen tradiciones y pensamientos que son mucho más conservadores de lo que esperaba. Un de las grandes diferencias es que son respetuosos de las decisiones individuales y no existe cotilleo ni se opina sobre la vida de los demás, al menos en los entornos que yo conocí. Después de seis meses no quise venirme. Le pedí al profesor con quien trabajaba que me ayudara y me consiguió un trabajo en la universidad en que estaba. Tenía veintisiete años y hacía clases en una universidad en Francia, era un sueño. Durante tres meses trabajé haciendo un reemplazo para enseñar español a alumnos de sociología e informática y me di cuenta de lo mucho que me gustaba hacer clases. Ahí decidí hacer un posgrado que me permitiera dar un giro en mi profesión.
¿Y por qué no estudiar otra carrera?
Lo analicé, pero a pesar de que el periodismo no satisfacía mi vocación social, tampoco es algo que quiera eliminar de mi vida. Más bien mi idea fue encontrar un complemento que me validara para explorar en otros campos. De hecho, los trabajos que más disfruté antes de irme a Europa estaban relacionadas con organizaciones sociales.
Pero volviste a Chile…
Sí, ya era el momento, pero venía con mis planes bien definidos. Sobre todo porque antes de terminar mi beca fui a visitar a mi hermano, que en aquellos años vivía en Granada. Él es kinesiólogo y estaba haciendo un doctorado en su especialidad. Apenas regresé, comencé a investigar por algunos magísteres en Antropología. Definitivamente era muy caro. En cambio, en Europa, se pagaba una cuota inicial y luego dependía de los ramos que se fueran tomando. Infinitamente más conveniente. Pedí un crédito CORFO que me alcanzaba para los pasajes, un computador y para sobrevivir algunos meses. Allá me puse a trabajar de garzona para vivir. Así fueron dos años.
¿Dudaste en algún momento?
Intenté obtener algunas becas o beneficios, pero no me las gané, así que fui combinando el garzoneo con algunos talleres de orfebrería, que me abrieron muchas puertas. Entre medio me casé, obtuve la nacionalidad, pero sin querer comencé a dejar de lado los estudios.
¿Fue duro?
Al principio fue todo muy agradable, pero ya pasados los años comencé a extrañar. Necesitaba volver a mi centro. Fui editora de escritores independientes, organicé encuentros literarios, hacía joyas de fantasía, corría de un lado a otro y ya no quise seguir. Volví a casa.
PROYECTO TRAMA
Después de un periodo de adaptación, Paula llegó a Antofagasta, literalmente con lo puesto. Volvió a golpear puertas, buscar oportunidades y con el apoyo de amigos se fue sintiendo cada vez más segura. Es así como Trama llegó a su vida, un proyecto que lleva tres años ejecutándose y donde ella está, desde hace dos, trabajando como coordinadora regional de esta iniciativa que busca “potenciar el mercado para las artes, por medio de la construcción de redes comunales, regionales y nacionales”, como uno de sus pilares.
En este sentido, han propuesto la construcción de distintas plataformas donde se incluyen ferias de programación, convenios de circulación, e incubación de emprendimientos culturales, entre otros. También incluyen en sus objetivos el formular propuestas de políticas públicas a través de mesas de trabajo territoriales con actores públicos, privados y de la sociedad civil; profesionalizar los trabajadores de la cultura en gestión y capacidades técnicas y fomentar el respeto por los derechos de los trabajadores de la cultura a través del fortalecimiento de los gremios, más la información y sensibilización sobre los derechos.
¿Por qué nace Trama?
Son cuatro instituciones involucradas: Matucana 100, Balmaceda Arte Joven, Observatorio de Políticas Culturales y Santiago Creativo que se unen y postulan un proyecto en el parlamento Europeo en Bélgica, porque existía una sensación de precariedad laboral del trabajador cultural, lo que requería ser observado y comprobado, para luego ser revertido. Se consigue el financiamiento de la Unión Europea y lo primero que se hace es una investigación sobre esta temática en Chile, donde, por primera vez, se da cuenta de esta realidad en lo que se refiere a términos laborales, de contrato y fundamentalo que es Proyecto Trama, donde todas las acciones que hacemos, están orientadas a mejorar esta situación.
¿Podría haber cambios en el corto plazo?
El trabajador cultural tiene una serie de características particulares: trabaja por proyectos, en horarios complejos, donde pocas veces existen los contratos, más que por mala voluntad, por desconocimiento del tema. Sabemos que no podremos revertir esta situación en tres años, que es el periodo para el que existe financiamiento, porque es un proceso que requiere esfuerzos de distintas entidades, pero sí hemos dado pasos importantes, entregando herramientas para empoderar a los artistas, darles formación, información, vincularlos y, sobre todo, poner el tema sobre el tapete.
¿Cuál crees que es el primer paso?
Como trabajadores de la cultura debemos conocer nuestros derechos para exigir el cambio. Y también nuestros deberes. Hemos hecho asesorías y este año sacamos los códigos laborales que han tenido muy buena recepción y estamos trabajando en políticas culturales con propuestas y recomendaciones concretas sobre los cambios que nosotros, desde el sector cultural, consideramos necesarios.
¿Cómo ha sido la recepción de los artistas?
Muy buena. Cada vez estamos congregando a más artistas y gestores con quienes hemos podido definir áreas de interés, de manera de lograr capacitaciones efectivas y que, de esta forma, el conocimiento vaya multiplicándose. Estamos trabajando con distintos modelos de negocio que cada persona puede adoptar o no, pero al menos debe conocer. Presentamos estas opciones, las proponemos y las acondicionamos para el sector cultural. Cada quien es libre de optar por la que mejor le parezca o implementar nuevas formas; lo importante es que se sienta un trabajador cultural y lo haga de una manera lo más concreta posible, resguardando sus derechos y cumpliendo también sus deberes.
Es un poco complejo…
Más que complejo, es muy diverso. Nosotros fomentamos la asociatividad, abanderándonos por los trabajadores de la cultura y es el artista quien decide. Si alguien quiere vivir de su arte tiene todo el derecho de hacerlo en las mejores condiciones posibles.
¿Sientes que se ha cumplido el objetivo?
La gente que ha participado con nosotros ha quedado muy conforme con los contenidos que les entregamos y con eso sentimos que tenemos mucho terreno ganado. Hemos posicionado el tema y concretado actividades muy interesantes y con resultados positivos. Ahora tenemos que seguir trabajando.
¿Y tú? ¿Has cumplido tus objetivos?
Estoy muy contenta y tranquila. Este año me doctoré, después de diez años ¡y con tanta agua que pasó bajo el puente! Entre medio me reencontré con un pololo del colegio y estamos hace dos años juntos, en un momento bastante mágico. Siento que ya definí un rumbo y ahora pretendo seguirlo a paso firme.
"Como trabajadores de la cultura debemos conocer nuestros derechos para exigir el cambio. Y también nuestros deberes”.