Hace veinte años este hombre decidió dar un giro a su vida y aprender a fabricar sombreros, oficio que desde la Guerra del Pacífico realiza la familia de su mujer y que lo ha convertido en un destacado artesano en Curicó. Reconocido por la factura y calidad de sus productos, en su tienda taller, ubicada en pleno centro de la ciudad, trabaja cada detalle del proceso a mano.
Por Bernardita Watkins V. / fotografía Margarita Landeta R.
A los veintiocho años, casado y con dos hijos, y después de haber trabajado desde los quince en el negocio de bicicletas que tenía su padre, Eduardo León decidió reinventarse, pues la incorporación de los productos chinos en el mercado nacional hizo que las ventas y el servicio de post venta bajaran considerablemente. De esta forma, e i mpulsado p or s u m ujer, R ossana A brigo, tomó el rumbo que por décadas había seguido la familia de ella: la confección de sombreros. “Mi señora me incentivó a formarme en este oficio en el que llevo veinte años y que es una tradición en su familia. Su bisabuelo, Maximiliano Abrigo, hacía los sombreros de los soldados de la Guerra del Pacífico. Todas las generaciones han sido expertos y reconocidos sombrereros”.
Aprendió el oficio con su cuñado Patricio en Los Ángeles, Región del Bío Bío, donde estuvo cuatro meses. “Día y noche me dediqué a conocer la técnica, sin embargo, al regresar a Curicó y emplearme con mi cuñada Viviana terminé de formarme, trabajando hasta la madrugada”. En la actualidad, Eduardo y su señora tienen su propia tienda llamada “El Corralero”, al cual llegan clientes de diferentes lugares: Curicó, Santiago, Rancagua, San Fernando, Santa Cruz, Chimbarongo y hasta del norte del país, pues saben que aquí la calidad está asegurada.
¿Cómo se hace un sombrero?
Todo es a la antigua. Recibimos la clocha (paño) que es la materia prima y luego la engomamos con una gelatina que se deja secar. Después se ablanda con vapor para darle forma y se mete con fuerza en una horma de madera. Posteriormente se trabaja con una lienza apretando hasta abajo. Se va estirando con vapor y paños mojados. Después se corta con tijeras. Las cintas y terminaciones también son hechas a mano. Sin duda, un sombrero a medida queda mejor que ninguno, no puede compararse con uno hecho en serie y confeccionado en una máquina que lo deja más marcado y a veces hasta chueco.
¿Cómo se mantiene firme un sombrero de huaso?
Con una cuerda se da forma a la curva y firmeza al sombrero para que las alas no se caigan.
¿Cuánto demoras en hacer un sombrero?
El proceso de cada sombrero, considerando el tiempo de secado, es de aproximadamente veinticuatro horas.
¿Cuántos sombreros haces en una semana?
Reparamos, recuperamos y lavamos sombreros. En total, semanalmente trabajo en alrededor de cien. En el taller me ayudan mi hijo Felipe, mi señora y dos personas más. Cuando empecé en esto, hacía máximo tres sombreros al día. Hoy hago doce.
¿Quienes son tus principales clientes?
La gente del campo, quienes trabajan con el sombrero puesto. También los corraleros y amantes del rodeo, ellos los cuidan más.
¿Han cambiado las técnicas de trabajo con los años?
Usamos la misma técnica de siempre, la que usaba el bisabuelo de mi mujer para hacer los sombreros de los soldados. Innovamos en los diseños, pero no en la forma de confeccionarlos. Nuestros sombreros quedan perfectos, sin arrugas, sin cototos, absolutamente simétricos y a la medida de la persona.
LA TRADICIÓN
Al instalar su propia tienda hace dieciséis años, Eduardo quiso innovar y ampliar la oferta a sus clientes.
¿Qué productos encontramos en El Corralero?
Vestidos, mantas y zapatos de huaso. Además hay cinturones, pañuelos de cueca, billeteras, monederos, carteras, pulseras de reloj, llaveros, hebillas, estribos, espuelas, taloneras, alforjas, etc…Todo confeccionado por artesanos de la zona del Maule. En cuanto a la variedad de sombreros, hay chupallas y de huaso, sombreros cucalón, de pita, chute, mago, cowboy, estilo bombín, Rugendas, Indiana Jones, mexicanos y diferentes jockey, de cuero, pita y paño.
¿Cómo distribuyes tus productos?
Los vendemos en nuestro local. Las personas pueden venir y mandar a hacer sus sombreros a medida. También reparamos y limpiamos sombreros que han sido “trabajados” en el campo. Además, hemos participado en la fiesta de la vendimia y en la competencia de Enganches de Carruajes de Curicó para darnos a conocer.
¿Cuál es el valor agregado?
Nos caracteriza la calidad. Un sombrero a medida no molesta, logramos un calce perfecto para la cabeza de cada persona. Son productos bien hechos y bien terminados. Con todos los detalles perfectos, muy estirados por dentro, bien vaporeados o peinados, son detalles que hacen la diferencia.
¿En qué te inspiras para diseñar un modelo?
Películas, rodeos... Tengo muchos modelos en la mente y puedo hacer lo que me pidan. Hace un tiempo me trajeron la foto de un roquero con un sombrero bien especial, con el ala partida... algo bien loco, y ¡lo hicimos!
¿Cuál es su producto estrella?
El sombrero de huaso. Y ojo que las mujeres también están comprando hartos sombreros.
¿En qué época del año aumentan tus ventas?
En septiembre las ventas aumentan un trescientos por ciento, y a veces más; realmente es el mes en que aseguramos el capital para el resto del año. En Navidad las ventas también son muy buenas.
¿Has sido testigo de cambios en los gustos de los consumidores?
Tradicionalmente el sombrero de huaso tenía una copa alta y alas cortas. Con los años ha bajado la copa, llegando a los ocho centímetros, pero hay lugares como Los Ángeles, en los que han solicitado copas de seis y hasta cinco centímetros y medio. Aquí en Curicó no me han pedido una copa tan baja, lo normal son ocho centímetros y un ala de once centímetros y medio.
¿Has pensado vender tus productos afuera?
Lo hemos conversado, pero lo vemos muy lejano porque nuestro producto es a medida... No se trata de hacer sombreros y al que le quede, le quede... Sí me encantaría participar en un concurso para mostrar mis productos y representar a nuestro país.
¿Te gustaría que tus hijos continuaran esta tradición?
Definitivamente. El mayor de mis hijos trabaja acá conmigo. El otro está estudiando ingeniería comercial. Uno sabe el oficio y el otro nos puede transformar en una tremenda empresa. Además, nos damos cuenta de que las raíces son valoradas, las personas estiman los productos tradicionales y bien hechos.
"Usamos la misma técnica de siempre, la que usaba el bisabuelo de mi mujer para hacer los sombreros de los soldados. Innovamos en los diseños, pero no en la forma de confeccionarlos. Nuestros sombreros quedan perfectos, sin arrugas, sin cototos, absolutamente simétricos y a la medida de la persona”.