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EDICIÓN | Septiembre 2016

Piedra ancestral

Carlos Luarte escultor de piedra
Piedra ancestral

Imprescindible para estas fiestas patrias, el mortero es el utensilio ideal para moler ajo, sal, preparar pebre o pesto y el infaltable “chancho en piedra” para el asado. En Molina, región del Maule, encontramos a Carlos, experto en el trabajo artesanal de la piedra de río, con la que hace un trabajo único, moderno y vanguardista.

Por María Paz Macaya O. / fotografía Francisco Cárcamo P.

A cuatro kilómetros de Molina, por el camino a Lontué, en el sector de Casablanca, se encuentra el lugar donde Carlos Luarte (42) le da forma a la piedra y crea estos impresionantes morteros. Todos son únicos e irrepetibles, de distintas formas, texturas, colores, peso y fondo, así como cada piedra es única y diferente.

Su proceso creativo comienza junto al agua dulce, porque una vez por semana Carlos va al río Lontué que le queda a dos kilómetro desde su casa. Por la orilla camina buscando la piedra ideal, entre miles, eligiendo formas y colores que llamen la atención. “Es como amor a primera vista, me gusta una y me imagino cómo podría ser un mortero, siguiendo su forma o viendo la profundidad que le puedo dar”. Pero, a veces, las cosas no salen tan fácil, porque una piedra puede ser muy dura para trabajar. “Hay piedras que son más blandas, y también hay algunas que son muy duras y me cuesta mucho lograr la forma y, suele ocurrir, son las que más me gustan”.

EL OFICIO

El esfuerzo y emprendimiento de este artesano no se agota. Pese a lo difícil y sacrificado que es este oficio, además de que no le garantiza un sueldo fijo todos los meses, Carlos Laurte dejó su trabajo anterior de ventas en el del rubro de la construcción, para dedicarse tiempo completo a fabricar morteros.

¿Cómo empezaste en esto?

Porque un día trabajando en la construcción vi cómo un maestro cortaba con un galletero, con un disco diamantado, una cerámica, y me quedé pensando que con esa herramienta yo podría cortar una piedra. Un día probé y me resultó. Hice un cenicero y me gustó como quedó, claro que era lo primero que hacía y un día picando unos tomates y pensando en el “chanco en piedra” se me ocurrió hacer un mortero.

¿Por qué elegiste hacer morteros?

Porque a todo el mundo le gusta tener un mortero en la casa, es un utensilio muy práctico para la cocina, puede tener muchos usos y es muy típico de esta zona de campo. Es algo tradicional que la gente me empezó a pedir. Se corrió la voz entre familiares y amigos que se fueron pasando el dato que yo hacía morteros de piedra.

¿Has tratado de hacer otras formas o figuras en piedra?

Sí, trabajando uno va probando y va inventando cosas nuevas. Un día probando hice unos platos de piedras tipo plancha para la parrilla o tablas, también he hecho floreros, maceteros, ceniceros, posavasos y ahora último comencé a hacer vanitorios para baños.

EL PASO A PASO

La historia del mortero de remonta a los pueblos indígenas de América. Muchas tribus americanas usaban el mortero o lo hacían cavando en las mismas rocas para moler frutos secos, maíz o distintas semillas. Con el tiempo, este fue tomando forma en piedras individuales, y también fue fabricado en otros materiales como madera y, en la actualidad, también hay en cerámica. El mortero típico chileno y el más demandado, explica Carlos, es en piedra, porque se logra una textura más suave del alimento que se muele.

Según el tamaño, puede ser usado para varios fines, hay algunos más pequeños para moler sal o ajo y, también, los más hondos o profundos que son usados para preparaciones que requieren mayor cavidad como el guacamole o el pebre. Carlos explica que casi siempre el redondo y con más cavidad es el más pedido.

EL proceso de elaboración de un mortero dura aproximadamente dos días para este artesano. En su taller, Luarte toma la piedra y antes de empezar a esculpir la mide y, dependiendo del diámetro —entre quince y veinte centímetros tiene la mayoría—, marca el diámetro que tendrá la cavidad.

Luego, con un lápiz de carbón, marca la circunferencia y con el gallletero — herramienta que tiene un disco diamantado que gira— va haciendo cortes verticales de poca profundidad.

Después viene un proceso manual, donde Carlos golpea y empieza a romper estos cortes con un cincel y un martillo. Ahí comienza a esculpir la cavidad, a darle la forma y profundidad que se pueda, girando con el cincel en forma de trescientos sesenta grados. Posteriormente, cuando ya tiene listo el fondo, con una pulidora al agua —para evitar el polvo y sacar brillo— se va emparejando la curvatura, hasta dejarla suave y pareja.

¿Cómo has comercializado tus productos?

He participado en ferias artesanales y exposiciones donde me he dado a conocer. Recientemente, a través de las redes sociales, tengo mi página en Facebook: “Piedras Valentina”.

¿Cuáles son tus proyectos?

Lo primero que quiero tener es un taller más armado y para eso necesito recursos, por eso el próximo año voy a postular a un Capital Semilla, o a través de un proyecto de Sercotec. Teniendo ayuda de financiamiento, puedo mejorar la infraestructura de mi taller y comprar más herramientas.

 

"He hecho floreros, maceteros, ceniceros, posavasos y ahora último comencé a hacer vanitorios para baños”.

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