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EDICIÓN | Septiembre 2016

La joyita del Barón

Hostel La Joya

Este espacio, que renació de las cenizas y que por años sirvió de bodega a una panadería, hoy brilla con luz propia. Luego de varios intentos, asesorías e intervenciones arquitectónicas por reflotar los cerca de mil metros cuadrados, sus dueños se pusieron manos a la obra. Y el resultado está a la vista. Con una cuidada estética, que hace referencia al puerto y a la decoración industrial, este hostel es una joyita en pleno Cerro Barón, que revolucionó el concepto de viajar.

Por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

Como en la mayoría de los lugares de Valparaíso, esta casa tiene historia. Y vaya historia. A mediados de los ochenta, un incendio redujo a cenizas los recuerdos de la que había sido, hasta esa fecha, la residencia de la familia Oroz Pusic. “Era una casa preciosa, que construimos a pulso, de espacios libres y un gran interiorismo”, recuerda la empresaria Elizabeth Pusic, sentada en uno de los sillones de lo que hoy es el Hostel La Joya.

Fue el arquitecto Michael Bier quien, años después, le propone a la familia construir un proyecto de pensión estudiantil. Se hacen las obras, se diseñan dormitorios tipo loft, se utiliza el bambú para diferenciar los ambientes, el techo de doble altura amplía aún más los volúmenes, sin embargo, el proyecto no llega a puerto y queda como un gran galpón en desuso.

La posterior visita de Víctor Petterman —dueño de varios hoteles, entre ellos el Huilo Huilo— el 2013, fue clave para el futuro del inmueble. “Tienen que enfocarse en mochileros, pero con un nuevo concepto”, les dijo, y los puso en contacto con el arquitecto Rodrigo Verdugo, que dio las primeras pautas en cuanto a la sectorización del lugar y la iluminación.

La llegada de Esteban, el segundo de sus hijos, desde Santiago, hace que Elizabeth reactive el proyecto y juntos comienzan a tirar líneas de lo que sería el hostel La Joya. Reclutan al ingeniero comercial Leonardo Zúñiga, creador de la desaparecida agencia creativa Cabros. Su experiencia en marketing y publicidad, junto a un marcado gusto por el interiorismo, lo llevan a encargarse del diseño y la decoración del hostel. De a poco fueron buscando detalles que ambientaran el lugar. Lámparas, muebles, baúles, cuadros, campanas y ganchos, fueron rescatados de diversas ferias de antigüedades. “Hemos disfrutado el decorarlo, el trabajarlo. Para mí, ha sido como una suerte de juego y un gran placer verlo crecer”, dice Elizabeth.

¿Cuál es el concepto del hostel?

Aprovechamos las vigas estructurales de fierro a la vista, que cumplen a la perfección el rol decorativo, los pallets, las cuerdas y todos los elementos que hicieran referencia al puerto y al barrio industrial.

¿Por qué La Joya?

Por la Joya del Pacífico y porque pensamos que esto es una joyita del Cerro Barón. Hay mucha gente que es del cerro que nos felicita por la iniciativa y que, en cierta forma, se siente parte del proyecto.

DE LUJO

La Joya tiene dieciocho habitaciones, algunas compartidas, otras individuales. También una terraza, un bar y una sala de juegos, que los clientes agradecen. Las paredes del lugar están intervenidas por frases precisas. Cerca de la recepción, un piano. Más allá, un locker antiguo color verde musgo. Un artista intervino a mano los números en serie de las puertas de las habitaciones. Una bicicleta de paseo cuelga de las vigas de fierro. “Quería transmitir la sensación de un hangar, de una bodega”, cuenta Leo Zúñiga.

¿Quién fue el primer cliente?

La Cecil, una francesa que llegó a estudiar y nos arrendó una habitación por cinco meses.

¿Mucho europeo?

Casi todos los extranjeros que vienen por back package lo hacen desde Estados Unidos y Europa. Por lo general vienen haciendo un tour por Sudamérica y nosotros estamos dentro de su circuito.

¿Qué les provoca Valparaíso?

Enamoramiento. Tuvimos una rusa, María, que venía por dos noches y terminó quedándose tres semanas. Ya era parte del staff.

¿Han trabajado extranjeros que están de paso en el hostel?

Trabajamos con voluntarios, por ejemplo ahora en recepción hay un belga que lleva dos semanas con nosotros. Le ofrecemos alojamiento y desayuno y a cambio él nos da cinco horas diarias de su tiempo. Lo rico es que los huéspedes, al ver este ambiente familiar, se involucran y nos aportan con ideas; por ejemplo, una argentina nos dijo que había visto en un hostel en Madrid cajas de electricidad en las camas para poder cargar los celulares.

¿Y lo implementaron?

Ya están listos.

¿Qué otras ideas les han dado?

Ayer un francés nos decía que vendiéramos cargadores y transformadores de corriente para notebooks y celulares. También hay muchos que nos preguntan si vendemos poleras de La Joya, porque les encanta el logo.

¿Piensan crear una línea de merchandising?

Ese es nuestro próximo paso. Estamos trabajando para implementar papelería corporativa, marcador de libros, calcomanías, en fin, cosas para regalar, porque la gente se enamora de La Joya y siempre piden recuerdos para llevarse. Queremos tener una vitrina donde poner poleras, polerones, gorros, posavasos, tazones y vestir a todo el staff con la marca. Hay muchas cosas por hacer, queremos poner frigobar en las piezas y una pantalla touch con los datos culturales de la región.

Al fondo hay un comedor informal, donde los turistas pueden cocinar y juntarse a comer y comentar el día. Próximamente tendrán un servicio de sandwichería gourmet. Se llamará La Joya Sandwich Bar. “Me integro al proyecto para desarrollar la carta del restorán y armar el concepto de Kitchen Lab, una idea que está hace cuatro años en el mundo, que vuelve versátiles a las cocinas y con la capacidad de adecuarse a los gustos personales de cada cliente”, agrega Gabo, el chef.

¿Qué les comenta la gente que se queda en La Joya?

Algunos nos dicen que deberíamos ponerle hotel boutique. El otro día llegó una pareja que nos contaba que llevaban tres meses viajando y que este era, lejos, el mejor hostel en el que se habían hospedado. Eso nos motiva aún más por seguir desarrollando el lugar.

NUEVOS PROYECTOS

A un costado del hostel están construyendo un espacio de coworking, ideal para emprendedores. El tiempo apremia, porque ya tienen un ofrecimiento de una empresa extranjera —Cloud Tribe—, compuesta por viajeros que trabajan en forma independiente desde sus computadores y que buscan ciudades de destino en todo el mundo. “Son algo así como nómades digitales. Les interesa Valparaíso como sede y quieren arrendar el cowork durante enero y febrero. Sería una vitrina increíble en cuanto a marketing y publicidad”, asegura Esteban.

¿Tienen promociones?

One week, one night free.

¿La filosofía de La Joya?

Hacer bien las cosas.

¿Lo más desafiante?

Enamorar al turista. Lograr que en lugar de quedarse un par de noches, se quede cuatro.

¿Qué buscan?

Nos queremos posicionar como el mejor hostel en Sudamérica. Para allá vamos.

 

"Nos queremos posicionar como el mejor hostel en Sudamérica. Para allá vamos”.

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