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EDICIÓN | Septiembre 2016

Fuego ancestral

Celeste Painepán Nicul maestra joyera
Fuego ancestral

Para ella todo tiene un significado, desde sus apellidos —cuya traducción del mapudungun es “puma celeste y veloz”—, hasta cada una de sus obras. En ellas plasma la cosmovisión de la cultura mapuche y las lleva por el mundo como una verdadera embajadora.

Por María Jesús Sáinz N. Fotografía Andrea Barceló A.

Celeste recuerda el día en que su abuela vino del campo para un We Xipantu (año nuevo mapuche) y le hizo agujeros en los lóbulos de sus orejas. No debe haber tenido más de cinco años, pero comprendió con ese gesto que ya era tiempo de vestir joyas, como sus antepasados femeninos hicieron desde siempre.

Muchos años después bautizaría con el nombre de la aguja que su abuela utilizó, “Akucha”, su propia marca de platería mapuche. Honró aquel rito de iniciación y la tradición que se sigue manteniendo viva.

Nacida en Santiago y criada por padres llegados de niños a la capital desde Lautaro y Cherquenco, estaba destinada a seguir el oficio de cocinera que aprendió de su madre. Y a eso se dedicó por años, hasta que una fuerte crisis personal la hizo recordar las enseñanzas de su hermano mayor, a quien habían sido traspasados los conocimientos familiares sobre platería. Decidió aprender el oficio.

¿Te costó mucho?

No, porque, aunque comencé grande, mi mamá me crió de niña en la enseñanza de una serie de oficios que hoy están un poco perdidos, pero que permanecen en nuestra memoria. Tenía que hilar, ayudar a coser, cocinar.

¿Cómo fue pasar de las ollas de la cocina a la joyería?

Las joyas se hacen de la misma manera que cocinar. En la cocina está el fuego, el cuchillo, la madera, el agua, y aquí yo también en el taller tengo esos elementos sagrados. Aquí hago la alquimia

¿Entonces sigues trabajando alrededor del fuego?

El fogón es súper importante en nuestra cultura, porque ahí está el alimento. Estamos calentitos, protegidos alrededor de él. Ahí está fundamentalmente el hogar. Hay que estar ahí unidos y crecer bien en kümemongen, dice el mapuche. La buena vida. El equilibrio. La armonía.

UNA HISTORIA EN CADA JOYA

“Las características de una buena platería mapuche es que tiene que brillar, tiene que sonar y se tiene que mover”, dice Celeste, mientras teje su largo pelo y acomoda unos cascabeles, a los que llama chollol, al final de cada trenza.

Dice que no siempre va tan enjoyada por la vida, pero que en un día normal no pueden faltar un anillo, unos chawai (aros) y un pillán colgando al cuello.

¿Por qué esta relación tan fuerte entre la joyería y la mujer mapuche?

Es una tradición que no se ha perdido, porque la joya puede ser una piedra, pero si te la entrega tu mamá y te cuenta la historia de esa piedra, por qué la tiene y cómo llegó a la familia, pasa a ser un objeto con significado. Cada joya tiene una historia.

¿Y cuál es la historia de la joyería mapuche?

Antes de la llegada del europeo acá se trabajaba oro y cobre. No había tanto desarrollo en plata. Nuestras familias estaban en un auge. Eran las dueñas de las cabezas de ganado, tenían las mejores tejedoras, también las mejores cocineras, y el europeo necesitaba de aquel alimento y aquellas vestimentas para el frío.

Y las cambiaba por monedas…

Ese intercambio se hacía en la frontera y había que llevarlas puestas, pues había asaltos. En ese tiempo solo imperaba la ley de la cordillera. Como el mapuche no le tenía mucho aprecio a la moneda, una forma de acuñarla era convertir esa plata en joyas, por laminado, percusión o fundido, y engalanar a su mujer y a su caballo.

¿Pero antes de la llegada de los españoles también vestían joyas?

Siempre. El material fue lo novedoso. El trarilonco, que son joyas que se ponen en la cabeza, en Rapanui son flores. Hay una simbología más allá del material. La Machi anda con joyas importantes, que evocan plantas protectoras, que piden salud, pero que antes podían ser de lapislázuli, por ejemplo. Es el significado el que importa.

UNA CULTURA VIVA

Gracias a su oficio, Celeste pasa buena parte del año viajando. Ha estado con su trabajo en lugares como Berlín, Milán o Hawái y en lo que queda del año se apronta para visitar Jerusalén y Barcelona.

Dice que los extranjeros no solo se interesan mucho por su trabajo, sino que además le sorprende el conocimiento que tienen en general de las culturas precolombinas. Los chilenos, antes más indiferentes, también están valorando este tipo de trabajos. “Las cosas están cambiando. La gente valora, busca su identidad, sus raíces”, explica.

¿Por qué?

La gente está viajando más y sabe que hay otras culturas donde sí se respeta a los pueblos originarios. El vivir en un mundo globalizado a nosotros nos beneficia. Yo hago mucha difusión, charlas de platería y publicaciones.

¿Y qué es lo que más valoran?

Valoran que podemos estar en los libros y en los museos, pero que somos sobre todo una cultura viva. Eso se puede ver en el alimento, por ejemplo. Ahí está la misma forma ancestral de hacer pan, de moler. Todas las tradiciones que se conservan en el campo, que yo las vi desde niña y que se viven dentro de un respeto real a la naturaleza.

¿Qué significados tienen las joyas que tú haces?

Son objetos que se usan para estar conectados con el Wenu Mapu, que es el cielo. Pueden ser símbolos fitomorfos, zoomorfos o antropomorfos. Abstracciones de la naturaleza.

¿Cuáles son los más importantes?

Para nosotros unos de los símbolos más importantes es Wangulén, que es el lucero de la mañana, la estrella Venus, del amor, y se representa con seis u ocho puntas, dependiendo del territorio. También se puede abstraer la flor del canelo, el árbol sagrado, que va con ocho pétalos o líneas.

¿Qué aros prefieres?

Los chawai, que generalmente están relacionados con la luna. Pueden ser lisos, calados o se pueden usar con simbología de flores.

¿Y qué anillos te gustan más?

Estoy haciendo anillos de caballo porque para nosotros es un animal muy importante. Comemos caballo y en los guillatún, las rogativas se hacen con ceremonias potentes donde tienen que haber caballos corriendo alrededor.

¿Cuál es tu joya favorita?

Los pillanes. Son figuras totémicas que se veneran.El pillán representa un antepasado protector familiar, generalmente un abuelo o a una abuela, que no está en este plano material, pero que vela por nuestros actos, es decir, es alguien que ha dejado una huella muy profunda, un legado.

¿Y qué pillán te protege a ti?

En el caso del territorio de donde viene mi padre, es el abuelo, que según la tradición habita el volcán. Él fue el más importante, preservó el apellido, lo enalteció. Llevar un pillán es una forma de proteger a los nuestros.

 

"Las joyas se hacen de la misma manera que cocinar. En la cocina está el fuego, el cuchillo, la madera, el agua, y aquí yo también en el taller tengo esos elementos sagrados. Aquí hago la alquimia”.

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