Tell Magazine

Columnas » Asia Dónde Vamos

EDICIÓN | Septiembre 2016

Madre Patria

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports smcarrasco@vtr.net
Madre Patria

Madre Patria equilibra los principios femenino y masculino. El concepto brotó espontáneo tanto en Oriente como en Occidente, y en todas partes ha sido amado y respetado. Madre Patria no es contraposición sino una junción, porque une de modo integrador lo materno y lo paterno en fructífero encuentro. Importante consideración en el mes de la Madre Patria, cuando vuelve a florecer la vida, no obstante la acción intransigente de grupos minoritarios que insisten en dañarla. Matricidio diario en cada acto de mal gusto, de destrucción y retorcimiento.

En el tribalismo primitivo, condición común y generalizada en la infancia de la Humanidad, el principio generatriz lo poseía el grupo. No hay paternidad clara; todos son hijos de la Madre-tribu, o clan, o gens, o gotra. Se es, en la medida que se pertenece a un grupo. La expulsión, el abandono o la marginación implicaban la imposibilidad de dejar descendencia, la extinción y la muerte.

El desarrollo de la agricultura, hace unos doce mil años atrás, trasladó la idea de aquello que es fértil y protector, pues prodiga alimento, a la Tierra. Madre Tierra, pues de ella emana la vida (en muchos mitos antiguos, el ser humano es hecho con arcilla; es hijo de la Tierra). Crecieron las aldeas, se transformaron en ciudades; urbes que antes que nada eran santuarios. Por medio de esos lugares sagrados la fuerza cósmica bajaba a inseminar la Tierra. No importaba si la deidad “patrocinadora” era una diosa; Ishtar, Innana, Parvati. La ciudad siempre fue paterna, como el mundo aldeano-campesino es materno. Ambas cosas unidas eran la Madre Patria.

Orden, organización, liderazgo, fue un rodar de milenios. Alcanzó su momento crítico en los reinos antiguos del Cercano Oriente. Por esos entonces era evidente que los humanos deben vivir bajo un reino, una Madre-Patria; así como los dioses viven en lo Alto, en sagrado connubium. Jesús mismo, para darse a entender, usó esa imagen: mi Reino no es de este mundo.

A ese desarrollo habría que añadir el aporte griego de “comunidad política”. La civilización griega cedió lo mejor de sí al cristianismo. El ser humano le habla a Dios, y Él oye al que se confiesa. Redime de manera individual, pero también lo hace a través de la comunidad. Fe y Caridad; Cristo y su Iglesia, cruce y equilibrio perfecto. El misterio mismo de la existencia universal también se simbolizan en la Madre-Patria.

La civilización cristiana occidental desarrolló y afinó la idea de Madre Patria. Los aportes vinieron de todas partes: Roma, humilde y rústica, le llamó patria a la tierra que se abría para acoger a los antepasados; la misma tierra que bien cultivada derramaba la abundancia y satisfacía el corazón. Madre Patria, de campos feraces; pero también severa y rigurosa como para imponer la ley, y dar justicia y la paz. Toda esa tremenda herencia desembarcó en América, y en nuevo amasijo, para nada fácil, dio nuevos frutos.

En nuestro caso, el Reino de Chile integró madres y padres en largo y fructífero abrazo que concibió a nuestra comunidad nacional, que es una sola y que en septiembre conmemora su nacimiento. Ahora, somos una familia más grande, y somos todos distintos e hijos de esta Tierra. Madre Patria que hay que cuidar, cada día. Aquí se conduce de modo mañoso y solapado hacia la demolición de todo lo que es establecido, lo que es normal y tradicional. La táctica es retorcer lo que es natural, sembrar odio, crear conflictos, herir y enfermar a la nación. Cuidado. Lo que ha tomado milenios, se puede extinguir en un par de generaciones; y eso lo saben muy bien los que dirigen las acciones destructivas. Con procedimientos lastimeros, despiertan solidaridad y logran una actitud receptiva para sus razonamientos. Entonces, inyectan su ponzoña que disuelve estructuras y envenena instituciones. Dirán que defienden la naturaleza, que están por la igualdad, o esto, o lo otro; pero su intolerancia fanática resulta ser más contaminante que cualquier derrame tóxico.

Pero anímese. En septiembre, haga flamear con orgullo la bandera, por cierto, la tricolor con una sola estrella; vaya a un rodeo, baile, cante y respire hondo el aire perfumado de la primavera. Y luego, con heroísmo sencillo y sincero, sin alardes ni discursos, sino donando la vida en las pequeñas cosas cotidianas, sigamos edificando la noble Madre Patria chilena.

 

Otras Columnas

Y llegó el 18
Rodrigo Barañao
83 años de servicio a la comunidad. Sanatorio Marítimo San Juan de Dios
Archivo Histórico
Innovación empresarial en tiempos complejos
Visión Emprendedora
Tan lejos, tan cerca
Presta Oído
Es la cumbia
Presta Oído
EL NEGRO
Look Urbano
PATRIA
Monocitas
» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación5+4+2   =