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EDICIÓN | Septiembre 2016

EL NEGRO

por Shila Aldunate
EL NEGRO

E n la temporada primavera–verano, rosados, verdes, corales, amarillos y toda la gama de los azules forman un arcoíris que incide directamente en nuestro ánimo, pero hoy, antes de iniciar la temporada estival, mencionaremos el negro como una forma de reflexionar ante el color y dar inicio a una nueva y esperada temporada. Nosotras, que nos queremos tanto, tenemos el mismo sentimiento con respecto al negro: ¡lo adoramos!, es la carta bajo la manga, la solución inmediata y de poca notoriedad, que tapa todos los desastres que no hemos querido enfrentar antes... ¡qué mejor solución!

Bien, les daré mi opinión, producto de años de experiencia: si la prenda cae mal, si no favorece tu cuerpo, si no tiene el largo adecuado, no hay color que resista, incluyendo el negro. Deja inmediatamente de ser elegante. Hay muchas que, para no verse viejas según ellas, van acortando el largo y, simultáneamente, acortan también la elegancia. Hay otras que piensan que es austero, sinónimo de elegancia, pero pueden caerse por una barranco, porque como es negro se cuelgan todo, haciendo un mix de volados, flecos, brillos, calados, acompañados de medias con diseño, cuyo resultado es fatal.

Lo que verdaderamente vale, no importando el color, es la simplicidad y la austeridad. Un lindo collar con aros de buena factura, le dan el toque final. Un buen maquillaje, cálido y natural, se las lleva todas. Y aquí llegamos a lo más importante y que nos lleva a tomar malas decisiones: pensamos que el negro es adelgazador, por eso encontramos grandes manchones de negro en eventos, matrimonios y celebraciones de todo tipo. Vemos una masa negra que no tiene identidad propia.

Siempre he sido partidaria de tener en nuestro ropero un vestido negro, que sea versátil, práctico, eterno, neutro, atemporal. Pero de nosotras, de nuestro cuidado personal y físico, depende que nos quede bien, porque es impresionante ver cómo la gran mayoría, al probarse un vestido, descubre cuán abandonado está su físico, sin hacer ejercicio, ni tener una vida sana, algo que es imposible de entender viviendo en una ciudad costera, con lindas costaneras para caminar.

El negro no adelgaza, nos estiliza dependiendo del corte y del calce, lo mismo ocurre con el blanco, no engorda si tiene un buen corte y caída. Cambiemos nuestra óptica y preparémonos para recibir y adoptar el color y la luz del blanco. Lo necesitamos.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

 

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