Museo viene del latín y alude al “lugar consagrado a las musas”. Para la gran mayoría de los mortales, un museo es donde se conservan y exponen objetos artísticos o científicos, con el objetivo de estudiar y aprender. Sin embargo, lo que hasta hoy eran edificios muchas veces distantes y poco cálidos, se han ido transformando en verdaderas experiencias donde niños y jóvenes pueden vivir el conocimiento gracias a la tecnología.
Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Su proyecto partió con el objetivo de crear un espacio de interactividad que acercara a niños y jóvenes al conocimiento, logrando un aprendizaje vivencial. Querían lograr un cambio en los modelos metodológicos y “si Mahoma no va a la montaña…”, harían que la montaña fuera a Mahoma.
Es así que con computadores, tablets y juegos electrónicos bajo el brazo comenzaron sus intervenciones en diferentes lugares como colegios, organismos públicos e instituciones, donde potenciaron lo que hoy se conoce como “Mi Experiencia Interactiva”, MEI.
Rodrigo Muñoz Flores, treinta y dos años, de profesión arquitecto nació en Antofagasta y desde siempre estuvo ligado a la tecnología. Desde muy pequeño buscó la manera de lograr sus objetivos de una manera distinta. Esa fue la base de todo “y lo que me llevó a ser lo que soy hoy en día”, señala el creador de MEI.
¿Pensaste en estudiar algo más asociado a la tecnología?
Cuando egresé del Colegio Antofagasta opté por Ingeniería en Informática, aunque siempre tuve debilidad por la Arquitectura. Descubrí que la parte más dura de la tecnología no era lo mío y que solo a través de la arquitectura podría saciar mi sed de crear. Estuve en el Centro de Alumnos por tres años en la universidad y siempre luché por encontrar nuevas maneras de hacer las cosas. Dentro de ese proceso hubo profesores que se dieron cuenta de este perfil más ligado a las nuevas plataformas y lo fomentaron.
¿Fue complejo imponer tu mirada frente a otras más tradicionales?
Si, debo decir que fue difícil, sobre todo en el proceso final. Para mi proyecto de título quise presentar un rascacielos, aunque muchos me decían que no era factible de hacer en Antofagasta, pero no iba a desistir por la nota, mi necesidad de crear algo así era algo mucho más fuerte. Me tiré a la piscina. Si me reprobaban era mi culpa, mi riesgo, pero mi idea no podía estar tan mala. Finalmente presenté mi proyecto de título, que fue sin maquetas, totalmente virtual y eso rompía el esquema tradicional de la Escuela.
¿Qué te decía tu familia ante esta especie de rebeldía frente al sistema tradicional?
Yo creo que me dejaron ser. Tengo la suerte de contar con el apoyo incondicional de mi familia.
SOÑAR UN MUSEO
Para Rodrigo, uno de los pocos lugares donde la arquitectura se puede fusionar con la tecnología es en los museos interactivos o lo que se conoce como centros de ciencia. “Los museos son espacios únicos donde la tecnología genera vivencias. Es lo mismo que pasa con la arquitectura. Cuando entras a un lugar, un edificio, una casa o vas de viaje, es tu cuerpo el que siente el concepto completo de espacio. Si a eso se le suman otros estímulos se puede lograr un acercamiento más concreto a los contenidos que esperas entregar, porque las percepciones se multiplican”, señala Rodrigo.
¿Cuál era el objetivo inicial del MEI?
Cuando comenzó el sueño MEI, estábamos con una empresa de desarrollo de videojuegos. Postulamos al Antofa Emprende, con la idea de emular de la mejor forma posible un museo tradicional. No solo se trata de tecnología interactiva sino de crear una experiencia.
“Haber ganado el Antofa Emprende, de Fundación Minera Escondida, fue un apoyo inmenso, que nos hizo ser más conocidos y de esta forma canalizar nuestros talleres de robótica a colegios y hacer gamificaciones para los profesores. Eso nos llevó a ganar diferentes concursos, como el Experiencia Global organizado por CORFO, que me llevó a Perú a compartir nuestra experiencia y conocer gente que está en la misma.
¿Y hoy en día cuentan con apoyo?
Siempre hemos encontrado aliados en el camino. Por ejemplo Incuba2 con quienes viajamos a una gira tecnológica a México, lo que nos ha ayudado a definir de mejor forma la línea que vamos a adoptar como proyecto.
¿Cómo ha ido evolucionando esta idea?
Hemos perfeccionado nuestros procedimientos y ajustado nuestras metas. Nos dimos cuenta que para cumplir nuestro objetivo, no bastaba una mañana o una tarde de actividades. Llevar tecnología por una jornada a un colegio podía ser entretenido, pero sería un elemento aislado. Para lograr un aprendizaje significativo, tiene que ser una conducta repetitiva, pero nosotros como entes externos, no tenemos la capacidad de incorporar nuestras propuestas al currículum académico. Por ello, buscamos hacer una especie de alianza con profesores, apoderados y alumnos, de manera de incorporar temas pedagógicos y sicosociales.
¿Cómo ha sido esta especie de evolución hacia la educación?
Inicialmente éramos tres en el equipo y hoy en día ya somos seis, que estamos avanzando y creciendo cada vez más. Por eso incorporamos a una profesora y una sicóloga, además de desarrollar una línea de investigación que explore con mayor profundidad la relación entre los juegos y la enseñanza de contenidos, es decir la gamificación.
¿Qué es la gamificación?
La utilización de dinámicas y mecánicas de juegos en contextos que no son de juegos. Se aplica tanto en el marketing como en la enseñanza. Hoy en día estoy estudiando un magister en gamificación y narrativa transmedia, que es la construcción de espacios y contextos virtuales a través de soportes tecnológicos.
¿Cómo se proyectan?
Sería un sueño estar presentes en todos los colegios y a eso apostamos porque creemos que hoy en día la enseñanza tiene que ser a través de la experiencia. Si repites algo constantemente, claro que te va a quedar, pero de manera momentánea, en cambio si se aprende mediante la experiencia, nunca se te va a olvidar. Por eso buscamos la manera de canalizar el programa MEI, tanto dentro de Chile como hacia el exterior.
¿Salir de Antofagasta al mundo?
Todo es posible. La tecnología ha evolucionado de una forma vertiginosa por decir lo menos. Y debemos tomar esta inmediatez como una oportunidad. Estamos en la época del “CO”: del co crear, del compartir, del colaborar, de ser COmunidad. Queremos romper las murallas de las salas, de los museos, de las instituciones. Que el conocimiento salga y se expanda. No me veo estudiando nuevamente en una sala de clases sentado y escuchando una persona adelante, sin tener mi celular donde puedo resolver mis propias dudas y compartir material con mis compañeros.
¿Sientes que tu equipo es partícipe de tus sueños?
Todos estamos involucrados. Cada uno desarrolla su trabajo con un profundo compromiso, Eduardo Chávez, programador líder; Damián Rodríguez, diseñador gráfico; Nicole Astudillo, sicóloga y Rosa Campos y Paulina Pino, ambas profesoras encargadas de contenidos educativos.
Es todo un desafío… Los profesores en general hacen un gran esfuerzo, sobre todo quienes son migrantes digitales y no nativos digitales. Por eso nosotros apuntamos que la tecnología aplicada a la educación tiene que ser tan doméstica como lo que ocurre con un aparato cualquiera. Por ejemplo, si vas a una tienda a comprar un hervidor eléctrico lo sacas de la caja, lo enchufas y lo usas. No viene un tipo a entregarte un tutorial de cuarenta horas sobre cómo se usa. Eso queremos lograr: mantener la tecnología “así de simple”.
"Queremos romper las murallas de las salas, de los museos, de las instituciones. Que el conocimiento salga y se expanda. No me veo estudiando nuevamente en una sala de clases sentado y escuchando una persona adelante”.