Lleva en su sangre una tradición de más de un siglo. A sus ochenta y tres años es voz autorizada en entidades como la Cámara de Comercio, la asociación de usuarios de Zona Franca, la Cámara Chilena de la Construcción y otras. En la voz de la tercera y cuarta generación, reconstruimos la historia de esfuerzo y sabiduria detrás de la Vidriería Crispieri.
Por Soraya Valdivieso V. / fotografía Fabián Albaray Q.
Era todo un panorama visitar la vidriería Crispieri en los noventa, su fachada de vidrio y su salón de exhibición, además de la atención personalizada, identificaban una de las empresas con mayor credibilidad y seriedad de la época. Son ciento quince años de historia, tradición y excelencia en todo el norte de Chile.
Para precisar cómo la vidriería Crispieri se ha mantenido viva durante tantos años, nos remontamos al siglo pasado, cuando aún se andaba sobre carretas y la luz era escasa, época cuando los afuerinos llegaban por barcos de vela a las costas chilenas o avezados migraban sobre burros, desafiando la Cordillera de los Andes. Fue por esos años cuando Mario Crispieri Palma llegó desde Italia. El mediterráneo tenía conocimientos industriales que enfocó en formar la primera industria de papel en Chile, en la ciudad de Quillota, y durante diez años se dedicó a este rubro.
En 1890, la vidriería “Scheggia y Belgeri” contrató al prócer de la industria papelera para que se hiciera cargo de las sucursales de Santiago y Valparaíso. La empresa, que aún funciona en Valparaíso, fue la primera piedra que ha sostenido a la dinastía Crispieri. El tenaz Mario junto a su esposa, Rosa Lillo, y sus cuatro hijos: Domingo, Deysa, Mario y Elio, este último padre de Lido, migran a la ciudad de Arica donde se fundó la primera vidriería. Para 1905, el temerario se había encargado de abrir sucursales en Lima capital de Perú, pero el mercado se encontraba es una estado de sopor y al contrario de lo esperado el negocio no fue fructífero, pronto inyectado nuevamente de energía decide desafiar el mercado boliviano. La Paz fue donde lograría establecerse. En tanto, la descendencia se dispersaría haciendo frente a las sucursales en Chile y Bolivia.
TRADICIÓN DESDE 1906
La historia entraña una tragedia familiar que incluso puso en riesgo la vida de don Lido. Augusto, su hermano cuatro años menor y su mano derecha en los negocios, recibió un garrotazo a manos de una turba enardecida en contra de la política y a favor del pueblo. La hemorragia fue fatal.
El llamado telefónico fue decisivo y tajante, Lido debía dejar todo y volver inmediatamente a Chile. “Para mi padre nunca fue lo más importante lo material”, agrega.
La voz de Lido tiene un fuerte acento boliviano Lo suyo fueron siempre los deportes y los estudios, destacando con una precisión única en el lanzamiento de la bala, el disco y el martillo. Una vez que nació en Santiago de Chile, fue reasentado en Bolivia y es la razón que explica su acento, pues vivió allí hasta los veinticuatro años. Estudió en la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras, en la Universidad San Andrés de La Paz, desde 1950 hasta 1954.
HISTORIA REGIONAL
El imperio de los Crispieri fue creciendo y abarcando más territorio en el norte de Chile, aunque no estuvieron excluidos de crisis como la de los ochenta, el trance político en Chile durante la Unidad Popular y otros inconvenientes de índole económica supieron vencer.
En 1954 se inaugura la sucursal en Arica, actualmente a cargo de Ricardo Crispieri, hermano 12 años menor que Lido. En 1977 se abre la vidriería en Iquique, la que cambió de dirección en 1981, ubicándose hasta la actualidad en Latorre 740. Después de diferentes estudios de mercado, don Lido decide instalar una sucursal en Antofagasta, lo que se concreta en el año 1982 en calle Esmeralda, la excelente plaza de ventas significó que la vidriería Crispieri Antofagasta se instalaría oficialmente en calle Bolívar.
¿Cómo fueron extendiendo el mercado?
Viajamos mucho. Esta herencia familiar marca cuatro generaciones de Crispieri que han hecho alianzas con proveedores tradicionalmente de Europa: Inglaterra, Italia y Bélgica, pero luego, los chinos abarcaron gran parte del mercado, por lo que estamos constantemente viajando hacia tierras orientales. También ofrecemos productos de nuestros vecinos como Bolivia, Brasil y Perú, materiales que se caracterizan por ser de buena calidad y cómodo precio, como el cemento peruano. Lo principal fue hacernos especialistas en el rubro y distribuidores exclusivos.
¿Cómo han logrado manejar el éxito de esta empresa por tantos años?
Los conocimientos sobre los vidrios se fueron expandiendo con el objetivo de mejorar el servicio a la comunidad. Hemos sido visionarios y hemos ido actualizando la oferta. En mi época hicieron furor los papeles murales y el revestimiento de pisos. Hoy mi hija Daniela y su esposo Pedro apuestan por la modernización de baños, ampliando la gama de productos y pisos que satisfagan las necesidades del mundo moderno.
¿Cómo han luchado contra el monopolio de grandes marcas?
Nosotros ofrecemos servicios que van desde las terminaciones de la construcción hasta enmarcar un título universitario, la recuperación de ventanales y la restauraciones de baños. Nuestro público objetivo es bien amplio.
Este mercado que ha ido evolucionando y reinventándose con los años, actualmente está dominado por porcelanatos en diferentes formatos y diseños, productos para baños y cocina, piedras naturales y artificiales, los mismos que se materializan en la nueva propuesta ubicada en la calle Salitrera Victoria de Zofri. Pero más allá de eso, a la vidriería Crispieri se suma un nuevo motor de trabajo: la cuarta generación de Crispieri, de manos del matrimonio de Daniela Crispieri y Pedro Barrientos, ambos ingenieros comerciales.
Pedro, ¿cuál es la nueva propuesta?
Con cincuenta metros lineales de largo, en dos niveles, presentamos salas de exhibición de primer nivel, donde los azulejos reciben las luz de grandiosos ventanales lo que permite apreciar cada detalle; las muestras de piso flotante transmiten la calidez de un hogar y los muebles para baños y artefactos son de máxima modernidad para satisfacer a quienes quieren ampliar u ornamentar espacios tan personales.
Daniela, según tu visión, ¿cuál es uno de los secretos para mantener tan fuerte esta empresa?
Lo anterior no podría haberse hecho realidad sin uno de los brazos más fuertes de la empresa: su capital humano. Esta empresa ha tenido siempre buenos resultados porque contamos con la experiencia de quienes nos han acompañado por casi cuatro décadas de servicio, como don Arnoldo Cruz, jefe en Zona Franca y la señorita Lily Salazar, jefa de ventas de Iquique. También destacamos a Yudhi Barraza, jefe de local, y Manuel Sepúlveda, jefe de bodega de Antofagasta.
Daniela y Pedro, desde 2001, trabajan con el objetivo de levantar las sedes de Antofagasta, Iquique y próximamente Calama, profesionalizando y modernizando la Vidriería Crispieri, la empresa que sigue siendo ejemplo y hoy viene a dar un nuevo impulso a la zona industrial de Iquique.
"Esta empresa ha tenido siempre buenos resultados porque contamos con la experiencia de quienes nos han acompañado toda una vida. Uno de sus brazos más fuertes es su capital humano”.