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EDICIÓN | Agosto 2016

Al rescate

ONG Tarukari
Al rescate

Cuerpo robusto y esbelto, pelo color pardo y una mirada profunda e intensa son las características de uno de los ciervos más hermosos del norte chileno. Tranquilo y con el don del camuflaje, en Chile se estima que la población de tarukas bajó a solo setecientos individuos, una alerta que estudia la ONG Tarukari, fundada en 2013 por Nicolás Fuentes-Allende, actualmente coordinador desde Inglaterra. La invitación de este profesional es a salir a la naturaleza, a querer y disfrutar lo que somos y tenemos como país.

Por Soraya Valdivieso V. / fotografía Nicolás Fuentes-Allende.

En la majestuosa precordillera del Norte Grande encontramos un ambiente que permite que especies únicas de animales y vegetales puedan vivir en un clima que mezcla desierto y altiplano, en un espacio privilegiado. Una de estas especies es la taruka, ciervo que vive en la Cordillera de los Andes de Sudamérica.

La taruka no es un animal que arranca, sino que se esconde. Es difícil verlas porque se mantienen inmóviles lo que hace que pasen desapercibidas. Sólo cuando la presión es muy alta emiten un sonido y corren a esconderse a otro arbusto. Es de tamaño medio con una altura de hombros entre los 70 a 90 centímetros y un peso de 60 a 75 kilogramos. Se alimenta principalmente de pequeñas plantas dicotiledonias y se ha observado que también de cultivos agrícolas.

La taruka tiene un excelente camuflaje, su coloración combina con la vegetación y se mantienen quietas frente a la presencia humana. Su distribución actual es desde el norte de Perú al norte de Argentina y Chile. Viven sobre laderas montañosas dominadas por rocas y acantilados. Aunque en Chile su caza está prohibida por el Ministerio de Agricultura, decretado en 1996, la especie está amenazada.

Las razones radican, en primer lugar, por la competencia con ganado doméstico, la destrucción de hábitat, caza ilegal y depredación por perros. Esta realidad impactó profundamente a Nicolás Fuentes-Allende, ingeniero en Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile, Máster en Ecología, Evolución y Conservación Imperial de la College London y estudiante de Doctorado en Ciencias Biológicas de la Durham University, quien, desde 2003, funda y comanda la ONG Tarukari. De la voz de este joven de alma salvaje escuchamos la preocupación y estado de conservación de la taruka.

¿Hay interés internacional en la taruka?, ¿Por qué?

Sí, porque la taruka es una especie amenazada y es vulnerable de desaparecer del planeta. Por ello existe un comité de expertos que evalúa su estado cada cierto período.

¿Cuál es la importancia de esta especie para los ecosistemas de la montaña?

Al igual que el guanaco, es la comida del puma; si queremos cuidar al puma, debemos cuidar a la taruka. Además es un dispersor de semillas. Las plantas que come las dispersa por sus heces y las semillas en su pelo.

¿Qué pasaría si la taruka desapareciera de la precordillera?

Parte de nuestra cultura e identidad se iría con ella.

¿Por qué la taruka está en peligro?

Debe convivir con personas el cien por ciento del tiempo. Desgraciadamente, hoy no existe ningún tipo de regulación que asegure que la convivencia de la taruka con las personas sea “sana”. El ambiente de la taruka no está en áreas protegidas, por lo que está expuesta a que las zonas que ocupa sean utilizadas para la agricultura, la caza ilegal y el ataque de perros. En resumidas cuentas, llegamos a habitar su ambiente y la echamos de allí cerrándole el paso al agua, cazándola y tirándoles nuestros perros.

Suena mal ese panorama…

Pasa en general con los animales endémicos del norte. Chile es un país muy centralizado y todo gira en torno a Santiago, por lo que el norte ha estado siempre con cierto abandono. Me parece curioso que muchos iquiqueños y ariqueños tampoco salen a la cordillera y casi no conocen su región. No sé por qué, con las maravillas que tienen en la región, no se interesan. Hay extranjeros que pagan millones de pesos sólo para ir al altiplano de Iquique.

Parece ser un tema de educación. Según tu visión, ¿en qué estamos fallando como país?

Hay que querer más lo que somos y lo que tenemos, pero sobre todo disfrutarlo. Hay que educar sobre nuestra identidad y fortalecerla. Asimismo, hay que educar para que todos conozcamos nuestra naturaleza, es la única forma de protegerla, hay que “conocer y valorar para cuidar”. Hace unos años muy pocos sabían que había un huemul en Iquique y Arica, y creo que nadie sabe que está severamente amenazado en el país.

Pero existen áreas protegidas. ¿Cómo funcionan?

Las SNASPE es un sistema de áreas protegidas del Estado que fue creado, en un principio, para proteger ciertos paisajes naturales, aunque ahora se ha enfocado a crear áreas pensando en cuidar ciertas especies. Su objetivo es resguardar y proteger los ambientes naturales para las generaciones futuras, pero no asegura especies específicas.

MANOS A LA OBRA

La ONG Tarukari está compuesta por once profesionales con diversas especialidades: cuatro veterinarios, dos agrónomos, un ingeniero en recursos naturales, una profesora, una bióloga marina, una arqueóloga y un ingeniero forestal. Todos son voluntarios y paralelamente mantienen una actividad remunerada que les permite dedicar parte de tiempo a la ONG.

Sus integrantes pertenecen a distintos centros académicos como Universidad de Tarapacá, Universidad de Chile y Universidad Austral. En el grupo todos tienen el mismo peso y opinión, es una relación horizontal, aunque cada integrante se hace cargo de ejecutar un proyecto en particular.

En términos legales, André Vielma (veterinario) es el presidente, Carla Orellana (agrónoma) es la tesorera y Cristóbal Arredondo (veterinario) es el secretario. Mientras que Nicolás, por estar en el extranjero, pasó a ser coordinador.

Estos expertos trabajan en Biología, Ecología, Arqueología y Educación ambiental, aunque su mayor lucha está en la difusión, la que realizan mediante publicaciones científicas, asesoramiento a organismos de Estado y difusión de resultados en la comunidad nacional e internacional. Esto mediante boletines, charlas, exposiciones y redes sociales. En Facebook le siguen más de dos mil quinientas personas (www.facebook. com/tarukari), también está la página institucional (www.tarukari.cl), un boletín electrónico que reparten gratuitamente cada año en la comunidad internacional y participan con stands de congresos y eventos de universidades, zoológicos, museos y colegios.

¿Cómo se financian?

Nuestras principales formas de financiamiento son proyectos que postulamos a fondos del Estado de Chile y fondos internacionales, donaciones de privados y venta de productos que produce la ONG, como poleras, fotografías, calendarios, chapitas, stickers, etc.

¿Qué información científica manejan hasta ahora?

Hoy en día somos parte del comité internacional de expertos que evalúa el estado de la conservación de la taruka en el mundo para la UICN y nos encontramos asesorando a las instituciones de Estado y difundiendo resultados en medios internacionales.

¿Qué políticas públicas crearías para apoyar esta causa?

Me gustaría lograr que los distintos organismos de Estado que trabajan con vida silvestre y agricultores se sentaran a trabajar en conjunto para definir lineamientos de acción para esta especie. Por otro lado, trabajaría con la comunidad para llegar a acuerdos. La taruka hace daño en cultivos, por lo que hay que negociar con la comunidad cómo la protegemos y cómo también los protegemos a ellos. Implementaría un área protegida para la especie en una zona donde está su ambiente y sin personas que vivan en los alrededores.

ESTILO HOLMES

El corazón de Nicolás late fuerte por la naturaleza, es más que un rasgo en su vida; es el motor que por veintinueve años lo ha llevado a diferentes partes del mundo, a entenderse con huellas, heces, huesos y pelos, desarrollando poderes de observación y deducción tal como Sherlock Holmes. Este hombre dispara un arma, pero no de balas, sino de imágenes, ya que a través de su obturador atrapa las mejores postales de animales en la vida silvestre.

Últimamente ha estado fotografiando la sabana sudafricana, lugar al que va durante cuatro meses al año para concretar su doctorado en antílopes. Su trabajo en terreno demanda más de doce horas diarias buscando especies para fotografiar y estudiar.

¿Cómo es ser fotógrafo de la vida salvaje?

Es bastante entretenido. No sólo se necesita técnica, sino que también mucha suerte. Hay que estudiar sobre las especies que uno busca, saber dónde, cómo y cuándo buscar, al igual que ser cauteloso en cómo hacerlo. A diferencia de un fotógrafo de estudio, aquí el “modelo que vas a fotografiar” no sabe que será fotografiado, por ello se esconde, te evita y no posa para ti. Uno debe ingeniárselas para darle carácter y una historia a cada fotografía.

¿Cuál es tu actual desafío?

A largo plazo, implementar un centro de investigación en la precordillera de la Región de Tarapacá o de Arica y Parinacota, en donde se realice investigación y educación ambiental para la conservación de la vida silvestre del norte de Chile.

¿Qué mensaje les enviarías a todos los chilenos?

Creo que hay poco control legislativo que proteja a la vida silvestre en Chile, lo que lo deja en alto riesgo de desaparecer. El ser humano necesita entender que los terrenos que ocupamos, no son totalmente nuestros, sino que los compartimos con otros seres vivos y, por lo mismo, debemos ser respetuosos y convivir en armonía.

 

"El ser humano necesita entender que los terrenos que ocupamos, no son totalmente nuestros, sino que los compartimos con otros seres vivos y, por lo mismo, debemos ser respetuosos y convivir en armonía”.

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