En 1930, los clarines sonaron a duelo: las exportaciones de salitre cayeron bruscamente. Se detuvo el progreso y el desarrollo de Chile y las provincias espantaron a sus habitantes. Comenzó a extenderse un manto de pobreza. El rostro macabro de la crisis económica comenzó a ser una figura habitual. Los ciudadanos de la pampa se instalaron, en las ciudades costeras, en carpas de sacos. La cocina familiar sobrevino en “olla del Pobre”. Las estadísticas marcaron las consecuencias: cesantía; decrece en un 2% la población del Norte Grande.
Todos se van, vivos y muertos; los sectores con mayores recursos venden sus mausoleos y junto con sus muertos huyen al sur; los barcos contratados por el Estado, atiborrados de trabajadores salitreros, navegan hacia la zona central para “botarlos” en alguna parte. No somos el único país en crisis: un derrumbe mundial derrota las economías de los más poderosos. Somos el país más afectado, así lo acreditan los organismos que toman el pulso al fenómeno.
LOS ESPADACHINES DEL NORTE
En los años treinta y cuarenta, dos jóvenes políticos se habían desempeñado como directores del diario El Tarapacá de Iquique. Ambos estaban comprometidos con el norte para sacarlo de su miseria. Junto a ellos comenzaron a destacarse Jonás Gómez y Juan Luis Mauras, también Juan de Dios Carmona. Todos llegaron al parlamento. Tomic se especializó en estudios del cobre. Su primer gran triunfo se lo ganó a los Estados Unidos que tenía congelado el precio del metal, logrando un mejor precio para el comodato chileno.
Los parlamentarios formaron un grupo unitario del norte para presentar en conjunto una propuesta de leyes pues comprendieron que solos caerían derrotados de antemano. De tal forma que integraron a su alianza a los parlamentarios de Atacama. Así se fortaleció el proyecto de ley que proponía el 5% de las ganancias del cobre para ser destinado al norte. Es la conocida ley del Cobre para beneficiar la provincia productora y a las municipalidades y a Corfo Norte, propuesta también unida a la anterior.
EL DINERO QUE NO RECIBIMOS
El 5 de marzo de 1955, por ley 11 828, se promulgó la Ley del Cobre bajo el segundo gobierno del presidente Carlos Ibáñez del Campo, que dicho sea de paso, también dictó la Ley de Frontera Libre para ingresar al norte productos esenciales para la alimentación, libres del derecho de aduana.
La ley del Cobre estuvo vigente hasta 1977, cuando el general Pinochet la derogó para reemplazarla por la ley que beneficia a las Fuerzas Armadas, pero ya no entregaba el 5% de las ganancias de la venta del cobre, sino sobre el valor total de las ventas. Si hubiese estado vigente la ley, hay que imaginarse cuánto dinero habrían contabilizado las regiones productoras de cobre y cuántas obras se habrían realizado. Cerca de dos siglos el Norte Grande ha sostenido la economía nacional. Lamentablemente, sin reciprocidad.