Han pasado varios meses desde que abrió sus puertas. Se trata de una vieja casona del barrio Yungay, remodelada y recuperada completamente por el arquitecto Smiljan Radic, que acoge artistas de todo el mundo. Un espacio posible gracias al mecenazgo de una familia que cree en el poder del arte.
Por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.
Está en la esquina de Compañía y Libertad en pleno barrio Yungay, al norponiente de la comuna de Santiago. Por fuera parece una casona bien conservada, de las pocas que quedan en el sector, sin embargo, por dentro sorprende.
NAVE es un nombre que evoca un espacio en movimiento, lo que pretende ser este lugar. Se define como un centro de creación y residencia de artistas, único en Chile y escaso en el mundo, donde se busca dar las mejores condiciones para que sea posible desarrollar procesos creativos.
Se trata de una realidad que no sería posible sin tres ingredientes: el amor de un hombre adinerado por el arte, el talento de un arquitecto de renombre y el sueño, difícil, pero hasta ahora posible, de ofrecer un espacio gratis para acompañar la creación artística.
EL MECENAS
María José Cifuentes, directora artística de NAVE, recuerda aquella época en la historia de Chile en que las familias adineradas aportaban con donaciones a la cultura y las artes. “Existía la tradición del mecenazgo, pero después la entrega de recursos para las artes se le fue atribuyendo cada vez más al Estado y las familias a su vez volcaron sus aportes de responsabilidad social a la caridad”, explica.
Por eso la recuperación de una vieja casona, frente a la Peluquería Francesa, que estaba abandonada y amenazada por los habituales incendios del barrio, y la creación en ese espacio de un centro generoso para que artistas de todo el mundo se reunieran a experimentar nuevas propuestas, resultó una enorme sorpresa.
El responsable fue el empresario Rodrigo Peón-Veiga Herranz, que hizo la donación que permitió crear un espacio de más de dos mil metros cuadrados al más alto nivel. Junto a su familia, además, creó la Fundación Patrimonio Creativo. “Se dieron cuenta de que no existían en nuestro país espacios de investigación, pues cuando sales de la universidad no hay un lugar para profundizar e inmediatamente tienes que postular a fondos. No hay posibilidades de equivocarse ni de probar cosas nuevas”. Explica María José Cifuentes.
Y como Javiera Peón-Veiga, hija del matrimonio y trabajadora activa en el proyecto actual, había estado mucho tiempo estudiando en Inglaterra y Francia, quisieron devolverle la mano a esa oportunidad generando un acceso similar, pero en Chile.
EL EDIFICIO
A seis meses de su inauguración, parada en medio de la Sala Negra, que es el espacio principal de Nave con setecientos cincuenta metros cuadrados diseñados con mucha versatilidad, Magdalena Carvallo, coordinadora de comunicaciones, explica que “en cinco años la única máquina que entró fue la que removió los escombros. Para cuidar la fachada había que hacer un trabajo a mano, artesanal”.
Durante todos esos años unos paneles de construcción cubrieron la fachada del edificio. Los vecinos del barrio esperaron con entusiasmo y mucha paciencia que concluyeran los trabajos a cargo del arquitecto Smiljan Radic, el mismo que diseñó el restaurante Mestizo en Vitacura. Por eso, cada vez que NAVE se abre como edifico al público, la respuesta es muy masiva. Con la espera se generó curiosidad entre los vecinos y muchas ganas de ver la recuperación que se hizo del lugar.
El diseño de Radic consideró que además del salón principal, que se levanta como un enorme espacio abierto, hubiese una sala de danza, amplios camarines, salas de ensayo, una residencia para albergar a diez artistas y una espectacular azotea.
EL PROYECTO
Si los trabajos de construcción se extendieron por años, no fue muy distinto para el diseño de los contenidos. Un equipo comenzó a la par a crear las bases de lo que sería este centro de creación. El énfasis se puso en las llamadas artes vivas, es decir, danza, performance, música y teatro.
María José explica que, con el tiempo, se están “abriendo a una lógica más interdisciplinaria”. En los meses que llevan se han hecho experimentos de música, cine y vienen de desarrollar “Espacios Revelados”, donde más de veinte artistas activaron instalaciones y otras acciones en edificios abandonados, como un día fue la casona de Compañía y Libertad, para que se transformaran en espacios que hicieran nexos entre arte, patrimonio y comunidad.
"NAVE es un nombre que evoca un espacio en movimiento, como lo que pretende ser este lugar. Se define como un centro de creación y residencia de artistas, único en Chile y escaso en el mundo".