Bordados, impresos, con texturas, de animales, grandes y chicos, la idea aquí es crear y qué mejor que una pequeña pieza metálica, de no más de treinta y dos milímetros, que guarda el secreto de la antigua confección con el encanto del diseño contemporáneo. Un artículo utilitario que a partir de hoy se convierte en una nueva pieza de arte.
Por Carolina Vodanovic G. fotografía Andrea Barceló A. y gentileza de Patricia Vogel y Dominique Serrano
Varias cosas tienen en común estas socias y amigas. Ambas estudiaron Licenciatura en Arte en la Universidad Católica; tiempo después coincidieron haciendo clases de dibujo en la Facultad de Diseño de la UDP; ambas se casaron con artistas y cada una tiene solo una hija. Junto a sus familias, hace tres años embalaron su máquina overlock, la de bordar, su prensa y las matrices de fabricación, y con su emprendimiento en la maleta, partieron, una a Temuco, la otra a Frutillar, desde donde hoy diseñan, confeccionan y comercializan los botones y prendedores artesanales de la marca chilena Button.
“Producimos botones y prendedores pequeños, livianos, con una variedad temática infinita y en ediciones siempre limitadas, fomentando con ello el coleccionismo a partir de la rotación de estos diseños”, explica Patricia.
Con más de trescientas creaciones exclusivas que hoy se pueden encontrar en línea (www.button-art.com), en distintos tamaños e infinidad de materiales, aquí el único límite viene dado por el espacio: el diseño debe caber en la matriz.
“Todo lo que exista en el imaginario sirve mientras quepa y el botón se pueda cerrar. Tenemos botones bordados en punto ruso; otros que llevan tachas, remates, pompones, cintas de terciopelo, entre otros muchos materiales; y todos los que son impresos, ya sea en Canvas (plotter de alta definición), telas sintéticas o algodones. Estas telas las diseñamos nosotras, pues queremos que todo sea exclusivo”, cuenta Dominique.
Creativas por definición, ellas han hecho de sus botones y prendedores una verdadera obra de arte. “El arte aplicado al diseño de productos cotidianos es cada vez más valorado en el mundo entero y tiene un mercado creciente. Se trata, sin duda, de pequeños objetos utilitarios de arte”, afirma Patricia.
Y es que estas socias, además de compartir el gusto por la docencia, siguen desarrollando de manera paralela su trabajo artístico: Patricia, en el campo de la escultura, el grabado y el bordado, mientras que Dominique, por medio del dibujo, la acuarela y la escultura. “Los botones son un puente entre lo que nosotras somos, artistas visuales contemporáneas. Se nota que hacemos un trabajo de investigación, igual que nuestro ojo en los encuadres y el que sean ediciones limitadas, porque valoramos el derecho a lo de otro y no al plagio, que se da mucho en diseño hoy”, dice Dominique.
LOS INICIOS
Fue el 2010, cuando todavía vivía en Santiago, y con el propósito de generar nuevos ingresos familiares, que Patricia concibió el negocio. “Hace seis años partí investigando el tema de los botones, como una forma de armar un emprendimiento creativo, paralelo a la docencia, que me permitiera trabajar en casa y ponerle atención a la maternidad. Quise rescatar el oficio de los botones forrados, como los que se hacían antiguamente y desarrollar un nuevo producto sobre la base del concepto antiguo. Investigué en torno a los materiales, maquinarias y proveedores. Comencé con sets de ocho botones, iguales o mixtos y los empecé a comercializar de forma directa”.
Dos años después, Dominique se sumó al proyecto y desde ese día trabajan a la par. “Vivimos mirando telas y aplicaciones, desarrollando imágenes que se nos ocurren a nosotras y también otras que nos sugieren los clientes. Desarrollamos prototipos y luego los probamos y producimos. Gracias a los fondos que nos hemos ido ganando en estos años, hemos comprado maquinaria que nos ha permitido independizarnos de los proveedores. Aquí el armado es a mano, uno por uno, igual como se hacía antes.”
¿Difícil trasladarse al sur y sacar adelante un emprendimiento artístico desde allá?
Nos trasladamos buscando ganar calidad de vida y lo conseguimos. El negocio también se vio beneficiado. El traslado a un foco turístico del país como Frutillar, nos abrió las puertas a un nuevo público, aumentando considerablemente nuestro número de clientes. Por el hecho de estar en provincia llegamos a otro público que valora mucho el emprendimiento descentralizado y a escala humana. Sin duda, ser parte de esta zona se convirtió en un plus para el relato de la empresa… Lo que sí se nos ha hecho difícil ha sido armar un negocio, que funcione como negocio, desde la formación artística que ambas tenemos, ya que la creatividad es una cosa, pero la formalidad que implica desarrollar un emprendimiento, es otra muy distinta.
Han debido aprender de administración y finanzas, pero lo suyo es definitivamente el arte. “Probamos todo tipo de materiales y hemos desarrollado colecciones muy lindas; buscamos, seleccionamos, imprimimos nosotras, también usamos telas que nos han regalado. De hecho, un tío de la Dominique se jubiló y nos regaló todas sus corbatas de seda. A partir de ellas desarrollamos una colección preciosa y eso nos mantuvo entretenidas todo el año pasado. Es fascinante trabajar con retazos; nosotras reciclamos y armamos colecciones únicas y súper exclusivas”, afirma Patricia.
Dado que controlan todo el proceso, ¿es posible confeccionar diseños personalizados?
Sí, podemos hacer todo tipo de tirajes personalizados, grandes y chicos. Hemos hecho botones para eventos publicitarios, para mascotas, con fotografías de niños… También hemos desarrollado una colección exclusiva para la Fundación Neruda, con imágenes que ellos determinaron y que se venden como suvenires en las tiendas de las distintas casas del poeta. De hecho, es ahí donde queremos entrar con nuestros productos, en las tiendas de los museos.
¿Qué materiales faltan por explorar?
Nos encantaría sacar una línea de lujo en los prendedores, con cuero y alpaca. Actualmente trabajamos con aguayos peruanos, pero sintéticos, porque nos parece terrible cortar en pedacitos el trabajo textil de una indígena. Este año estamos enfocadas en full difusión, muchas ferias, una misión de mujeres empresarias a Suecia, un viaje a Nueva York y ponerle mucha energía al tema online y a las redes sociales, que todavía no manejamos mucho. Estamos agarrando impulso para saltar al mercado internacional.
"Todo lo que exista en el imaginario sirve mientras quepa y el botón se pueda cerrar. Tenemos botones bordados en punto ruso; otros que llevan tachas, remates, pompones, cintas de terciopelo, entre otros muchos materiales”, explica Dominique.