De su padre, Eduardo Rojas, pionero anticuario de la zona, Elsa y Miriam heredaron su oficio y cientos de valiosas piezas cargadas de historia e identidad. Hace más de dos años, cada una formó su propio negocio, decididas a continuar con un rubro del que, simplemente, se enamoraron. Hasta aquí llegan coleccionistas, decoradoras, niños, adultos y matrimonios jóvenes en busca de un objeto único, curioso, pero más aún, con un origen especial.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Definitivamente lo antiguo no pasa de moda, incluso hoy, mezclar piezas modernas con las de antaño, está marcando una atractiva tendencia en la decoración. Raquetas de tenis, tablas de esquí, vinilos o máquinas fotográficas de hace más de cincuenta años son los objetos preferidos para ornamentar una habitación y, los enlozados, se han convertido en los predilectos para decorar una cocina o un salón. De esto y mucho más saben las hermanas Elsa y Miriam Rojas, quienes aprendieron de este rubro de la mano de su padre, Eduardo Rojas, coleccionista innato y primer anticuario de esta zona.
Por años, la tienda de antigüedades La Belle Epoque fue un ícono comercial en el centro de La Serena. Ubicada a un costado de la catedral, Eduardo Rojas lucía con orgullo y pasión miles de objetos, muebles y colecciones de las más increíbles procedencias y edades. Reunir estas piezas significó un largo camino de esfuerzo y dedicación. “En el año 1975, mi padre se instaló con un taller de tapicería y mueblería, en la calle Colón. Aquí tenía una vitrina llena de objetos antiguos que formaban parte de su colección personal. Los clientes siempre le preguntaban si estaban a la venta, hasta que un día decidió vender la primera pieza. Luego, en calle Peni se instaló con el primer negocio de compra y venta de antigüedades, pero como él compraba de manera compulsiva y todo le servía, en la década de los ochenta llegó a tener tres tiendas de manera simultánea”, comenta Miriam Rojas.
Con el tiempo, el anticuario optó por disolver los tres negocios y se instaló en la esquina del Cine Centenario. Aquí estuvo diez años, hasta que el arzobispado de La Serena, dueño de la propiedad, le solicitó el espacio y lo reubicó en un nuevo local, a un costado de la catedral. “Aquí permaneció cerca de quince años. Después de que mi padre falleció en el 2011, nosotras continuamos con esta tienda por tres años más. Sin embargo, el arzobispado nos solicitó entregar la propiedad y tomamos la decisión de independizarnos”, afirma Miriam.
Miriam y Elsa optaron por dar continuidad a este oficio y decidieron dividir todo lo que estaba en la tienda de una manera distinta. “Había muchas cosas que a ambas nos gustaban y, obviamente, no podíamos aplicar la Ley Salomónica. Hicimos varios lotes enumerados con diferentes piezas y armamos unas vitrinas con variados objetos, luego tiramos una moneda para que fuese lo más justo y equitativo posible”, recuerdan.
PIEZAS CON VALOR AGREGADO
La primera tienda de la Galería Ancarola en calle Brasil es propiedad de Miriam Rojas. La Bella Época es el nombre de su negocio, en homenaje a su padre. Al ingresar se luce una vitrina con innumerables monedas, pues las más valiosas corresponden a la Segunda Guerra Mundial. La vista se pierde en medio de un sinfín de piezas que van marcando un pequeño pasillo y a un costado, llama la atención un juego de living estilo Rivadeneira y una añosa puerta de pino oregón. Sobre muebles y vitrinas se exhiben cristales, vasos, lozas, cajitas, máquinas de escribir y fotográficas, filmadoras a cuerda y tocadiscos. En los muros, casi no hay espacio disponible en medio de vinilos, cuadros y litografías.
“Hoy, nada es tan estructurado y el gusto por las antigüedades ha variado con el tiempo, por ejemplo, hoy, los jóvenes compran bastante los vinilos. Estos se pueden copiar, pero jamás serán como los originales. Es que nada se compara con lo antiguo. Además, la mayoría de los compradores de antigüedades son entendidos en la materia. Investigan, averiguan, de manera que quienes saben compran”, recalca Miriam.
¡Y pagan! porque no son artículos baratos
¡Por supuesto! En una oportunidad una señora me dijo que esa sopera de cerámica (la indica) la había visto en una tienda de productos chinos. Estaba marcada en quinientos mil pesos y ella esperaba que yo le diera el vuelto de quinientos pesos. Le expliqué que se trataba de una pieza inglesa, única y muy valorada. Situaciones así ocurren porque, evidentemente, no todos conocen este rubro.
¿Qué tipo de público busca antigüedades?
Es muy variado. Niños que compran monedas o billetes de colección o necesitan un artículo para disfrazarse, jóvenes que buscan adornos decorativos para mezclarlo con lo moderno y adultos que son coleccionistas o que simplemente desean tener una pieza especial, exclusiva.
¿Cómo adquieres estos objetos o muebles?
Viajo a diferentes lugares o llegan personas a ofrecerlas. Pero, gran parte de lo que tengo son cosas que pertenecían a mi padre. Él conoció a mucha gente, compraba o hacía trueque con argentinos y cuando las familias se iban de La Serena al extranjero, le vendían casas completas a mi padre. Comenzó a acumular tanto que era impresionante todo lo que tenía. Finalmente, vendía la cuarta parte de la tienda y todo el resto decía que era de su colección personal.
¿Cuál es la pieza más antigua de tu tienda?
Un reloj mural de origen alemán. En este momento tengo solo la caja que es de madera, porque el reloj que es de bronce y con esfera de loza, lo mandé a reparar. Esta es una herencia de mi padre…
¿Y la pieza más cara?
Una vitrina elaborada con madera de lingue y marquetería de palo de rosa. Es una pieza muy fina de origen francés, con puertas de cristal.
¿Algún objeto curioso?
Una cajita de metal que sirve para afilar gillette. Es una pieza inglesa de la marca Rolls Razor. Lo otro curioso es una bolsita de shampoo en polvo del año setenta, fabricado en Valparaíso.
¿Qué hace especial cada una de estos objetos?
Aquí todas las piezas tienen una historia y un valor agregado que es el arte. Muchas de ellas, en especial los muebles, fueron hechos a mano y con materiales muy nobles. Los ebanistas, los orfebres o artistas de antaño creaban con una intención, se inspiraban en los detalles… no fabricaban solo por vender.
SIEMPRE VIGENTE
Elsa Rojas, hermana mayor de Miriam, bautizó su tienda de antigüedades con el nombre El Tata Yayo, también en honor a su padre. Comenzó a trabajar con él cuando tenía diecisiete años y desde entonces se convirtió en su maestro. “Mi padre conocía la historia de todas las cosas que llegaban a su tienda y con el tiempo, aprendí a hacer lo mismo. Cada vez que viajo, no solo busco antigüedades, sino que me intereso por conocer su origen, su identidad”, comenta Elsa.
¿Por qué decides continuar con este oficio?
Se fue transformando en una pasión ¡Me enamoré de las antigüedades y de su olor!
¿Te especializaste en el estudio de alguna pieza?
En el último tiempo se están falsificando mucho las monedas y he aprendido a identificarlas. La diferencia entre una moneda antigua y una réplica está en el peso, en el sonido del metal y en el color. Las monedas más valiosas que tengo son del año 1890 hacia atrás.
¿Y de las pinturas, alguna que sea especial?
Un óleo de la Esmeralda avaluado en dos millones y medio de pesos.
¿También tienes piezas solo de exhibición?
Sí. Tengo un ejemplar del Diario El Día enmarcado que data del 10 de enero de 1957. Es especial y llama mucho la atención, porque es el día que falleció Gabriela Mistral y en su portada aparece publicada esta noticia. Los fósiles milenarios tampoco los vendo.
¿Y aún conservas muebles heredados por tu padre?
Varios, pero la gran mayoría están en mi casa. En la tienda tengo un arrimo de jacarandá con patas de garras de león. Mi padre lo compró en un remate y pertenecía a la familia Matta.
¿Qué es lo que más cotizado hoy por las personas?
Están muy de moda las piezas enlozadas que se usaban en los años sesenta, entre ellas, las teteras, azucareros, lavatorios, jarros, etc.
¿Sientes que decorar con antigüedades siempre está vigente?
¡Sí! incluso hoy, las decoradoras de interiores compran bastante para decorar los departamentos pilotos. De preferencia utilizan enlozados, herramientas, vinilos, cuadros o litografías, máquinas fotográficas o raquetas de tenis.
Definitivamente, tú y Miriam heredaron no solo un oficio, sino también parte de la historia…
Todo esto tiene un valor muy significativo, que va mucho más allá de lo comercial. Mi padre tenía un sueño que nunca cumplió y era crear un museo de antigüedades. Yo tengo la misma idea y espero concretarlo, porque mi objetivo es que las nuevas generaciones conozcan parte de la historia, a través de estas piezas.
"Las decoradoras de interiores compran bastante para decorar los departamentos pilotos. De preferencia utilizan enlozados, herramientas, vinilos, cuadros o litografías, máquinas fotográficas o raquetas de tenis”, Elsa Rojas.