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EDICIÓN | Agosto 2016

Tejiendo la ciudad

Landa Álvarez artista visual
Tejiendo la ciudad

De carácter fuerte y con ideas claras, la artista visual y paisajista Landa Álvarez busca darle vida y color a la ciudad de Talca con el arte del Yarn Bombing, técnica que aprendió cuando vivía en Europa, y que consiste en vestir con tejidos diversos objetos del paisaje urbano. Para eso ha trabajado con un grupo de mujeres tejedoras, que han encontrado en esta actividad una forma de romper con su rutina.

Por Fernanda Schorr / fotografía Francisco Cárcamo P.

En la calle 1 Oriente, al llegar a la esquina de la plaza de armas de Talca, hay una mujer arriba de un árbol. Una cuerda la mantiene atada a una de las ramas, mientras ella, con hilo y aguja, va uniendo miles de parches de lana con los que poco a poco cubre el tronco y las ramas, formando un gran collage. Al verla, los transeúntes se detienen curiosos. Algunos le preguntan qué está haciendo, otros la felicitan. Ella sólo se concentra en coser.

Se trata de Landa Álvarez (42), una paisajista y artista visual oriunda de Cauquenes, que llegó hace poco más de un año a Talca tras vivir catorce años en Europa, y que quiere revolucionar las calles de la ciudad con esta bomba de color conocida como Yarn Bombing. La técnica, cuyo nombre traducido al español significa “bombardeo de hilo”, es un tipo de arte callejero que emplea parches de lana, hilo o fibra tejidos a crochet y a palillos, para decorar todo tipo de objetos en la vía pública. El arte del “grafiti tejido”, como también se le conoce, se originó en Estados Unidos y se masificó el año 2006, y busca darle vida al paisaje urbano.

Landa está por terminar su último proyecto que consistió en vestir de lana una fila de doce árboles en la calle 1 Oriente, pero su carta de presentación fue en mayo de este año, cuando cubrió el castaño de la India que está en Patio Rugendas. En sólo tres días el gran árbol quedó vestido casi por completo por un puzle de colores flúor, y desde entonces no ha pasado desapercibido.

¿Por qué pensaste hacerlo en ese lugar?
De todo Talca me pareció que era el lugar más similar a un café de Europa, un punto estratégico para dar a conocer este arte.

En la confección del árbol participaron mujeres de setenta agrupaciones de Talca, quienes durante un mes y medio, y de manera voluntaria, tejieron más de quinientos cuadritos de lana de diferentes tamaños, colores y diseños. Landa las contactó a través de Viviana Vega Cortés, de la Oficina de la Mujer, y durante varias reuniones las dirigió indicándoles los colores y la forma en que debían tejer. Al momento de instalar los árboles algunas fueron a ayudar mientras Landa las supervisaba: “Soy bien estricta y si algo no me gusta, les pido que lo saquen”.

Para la decoración, la artista compró gran parte de la lana. Los colores flúor —los más difíciles de encontrar— los consiguió en tiendas, y los otros los sacó de chalecos en buen estado que compró en la feria. Las mujeres que tejieron con ella también reutilizaron lanas y telas que tenían en sus casas.

¿Por qué quisiste contactarte con estas mujeres?
Lo que buscaba era unirlas, porque me doy cuenta de que hay mucho individualismo. Muchas de ellas tienen problemas, entonces esto sirve también para ayudarlas a que se sientan importantes e integradas. Me molesta la desigualdad y segregación que hay en Chile, por eso a la hora de crear es fundamental la integración. Tal como el rompecabezas que uno arma en el árbol, con este arte voy uniendo todos los estratos sociales.

La mayoría de las tejedoras que la ayudaron son mujeres de entre treinta y setenta años que trabajan en oficinas, y otras tienen sus propios emprendimientos. Según cuenta Landa, muchas de ellas participan en talleres artísticos para escapar de su vida rutinaria: “Algunas señoras me han dicho que estaban deprimidas y que les ha hecho súper bien participar en este proyecto, les ha subido el ánimo”.

EL VIAJE A EUROPA

Landa tiene un carácter fuerte, se muestra enérgica, intensa. Con ella es fácil que la conversación vaya de un tema a otro como si estuviera todo conectado por un hilo invisible que sólo ella ve. Aunque hoy maneja la técnica del Yarn Bombing al revés y al derecho, para ella dedicarse al arte no siempre fue una opción, ya que en un principio no tuvo apoyo de su familia. “Desde chica pinto, era bien artista, yo quería estudiar teatro pero mi abuela no lo aprobó”.

Su infancia y adolescencia las pasó entre Santiago, Curicó y el norte junto a su mamá y su hermano menor. “Mi mamá viajaba mucho, siempre estaba haciendo cosas. Ella es vanguardista, me enseñó que uno tiene que mirar para adelante”, comenta Landa, quien desde los dieciséis años ya trabajaba para darse sus gustos. Cuando salió del colegio, como no pudo estudiar teatro, decidió entrar a la carrera de Obstetricia pero nunca le gustó y la dejó al poco tiempo. A los veinte años, Landa quedó embarazada y tuvo a Lucas. En ese momento su vida dio un giro, tuvo que buscar un trabajo estable, lo que le permitió vivir en Santiago y darle una buena educación a su hijo, a quien hoy la artista considera su cable a tierra: “Si me pide que lo acompañe a hacer un máster a Estados Unidos, yo me voy con él”.

Recién un par de años después de irse a vivir a Europa, Landa pudo reconectarse con su lado artístico. “Ahí pude instruirme en todo lo que siempre había querido aprender”. Llevaba varios años trabajando en una tienda de Curicó, donde vestía maniquíes y decoraba vitrinas, cuando conoció a un belga que estudiaba en Santiago. Aunque al principio sólo eran buenos amigos, pronto se enamoraron y dos años después decidieron irse a Barcelona. “Necesitaba descansar, trabajaba demasiado, desde chica tuve siempre mucha responsabilidad”.

La idea era tomarse un año sabático, pero ese año se alargó y se casaron. “Sin darme cuenta el tiempo pasó y estuvimos catorce años en Europa”, confiesa la paisajista, quien hoy recuerda esa época como la mejor de su vida: “Viajamos mucho, nos pasábamos de museo en museo. Me sirvió para nutrirme, para despertar. Fue como ir a estudiar, estuve todo el tiempo absorbiendo”.

Aunque al principio le costó encontrar trabajo allá, poco a poco Landa logró hacerse su propio espacio como decoradora de vitrinas independiente. Luego la pareja se trasladó a Bruselas, donde ella trabajó en Zara como supervisora de visual merchandising y estudió paisajismo natural.

¿Dónde viste la técnica del Yarn Bombing por primera vez?
Fue en Waterloo, Bruselas. Allá conocí a unas amigas que se dedicaban a tejer y decorar escenografías con lanas y telas. Se armó un grupo y yo me uní a ellas para hacer instalaciones en diferentes puntos de la ciudad. Lo que buscábamos era sorprender a la gente. Como yo era paisajista y conocía bien la rosa cromática, sabía cómo combinar los colores, así que aunque no era experta tejiendo ayudaba en la instalación final, a armar el rompecabezas.

¿Qué buscas transmitir con este arte?
Busco despertar emociones positivas en los demás, basándome en la sicología del color, un campo que estudia el efecto que tienen estos en la percepción y conducta humana. Esto tiene un sentido. De repente a alguien le puede alegrar el día entrar a un lugar y ver esta explosión de color.

ARTE INTELIGENTE

En Talca, los árboles vestidos han causado un gran impacto y han sido bien recibidos por la comunidad. Algunos felicitan a Landa y otros le sacan fotos a los tejidos. Aunque hay quienes piensan que esta técnica puede ser dañina para los árboles, ella aclara que no es así: “el árbol sigue respirando, y en vez de que esto vaya a un vertedero y se demore más en degradarse, se biodegrada en los árboles. La idea con todo esto es crear una conciencia medioambiental al reciclar lanas y telas desechadas, que además son biodegradables. Eso, sumado a la importancia de los colores en la sicología humana, lo convierte en un arte inteligente”.

Hoy, Landa está arraigada en Talca junto a su hijo Lucas, de veintidós años, y quiere replicar en la ciudad todo lo que aprendió mientras vivía afuera. “Recién a los cuarenta me siento realmente yo, y estoy un poco ansiosa de transmitir. Estoy hambrienta de cultura”. Sin embargo, aunque llegó con la mente fresca y llena de ideas, dice que no ha sido fácil darse a conocer, y que ha tocado varias puertas, pero sus proyectos no han sido recibidos como esperaba: “Nunca me costaron tanto las cosas como ahora. Esa es una nueva lección que tengo que aprender: cultivar la paciencia. Pero yo soy un mono porfiado, así que las cosas las voy a hacer sí o sí”. Uno de los temas que le preocupa, es conseguir financiamiento para las instalaciones, para comprar los implementos y pagarle a las tejedoras. “No me gustaría que ellas siguieran trabajando gratis”. Para eso anhela adjudicarse un FONDART o trabajar en conjunto con otras entidades sociales, para hacer de este arte una actividad sustentable en el tiempo.

El próximo proyecto que tiene en mente es hacer una muestra de Yarn Bombing en algunos puntos de la Universidad de Talca y también en la Universidad Católica del Maule, por lo que está capacitando y potenciando a siete mujeres que han trabajado con ella para certificarlas como monitoras. “Quiero formar una agrupación oficial de Yarn Bombing en Chile y hacernos conocidas por nuestro trabajo”.

Su idea es expandir el color a toda la ciudad, y motivar a otros para que también se unan a este arte callejero: “La cultura es muy importante, porque le va dando baños al alma y te hace crecer. Quiero que la gente se cultive, que los jóvenes aprendan esta técnica de tejer.”

 

"Nunca me costaron tanto las cosas como ahora. Esa es una nueva lección que tengo que aprender: cultivar la paciencia. Pero yo soy un mono porfiado, así que las cosas las voy a hacer sí o sí”.

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