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EDICIÓN | Agosto 2016

Entre manchas y monos

Totoy Zamudio, pintor.
Entre manchas y monos

En mayo, visitó Talca para hacer un taller dirigido a los niños. Estuvimos con este tremendo artista del pincel, que ha traspasado las fronteras de nuestro país siendo reconocido por su arte a nivel internacional. Aquí nos cuenta los cómo, cuándo y qué de su vida.

Por María Paz Macaya O. fotografía Andrea Barceló A.

Lo que Totoy (44) siempre quiso fue cantar. Siempre supo que tenía un talento, siempre se vio “distinto”. “Lo primero que descubrí fue que podía cantar, improvisar y hacer música. Eso era un talento que lo tuve de base, tenía mi grupo, incluso hacía clases de jazz”.

A pesar de esto, a José Manuel —su verdadero nombre—, sólo le llegaban de su padre, materiales para hacer cualquier creación plástica y no aburrirse en la casa. Y aunque estudió ingeniería en acuicultura antes de arte, su destino cambiaría cuando un gran amigo le regaló para su cumpleaños unos óleos, pinceles y una tela. Nunca se imaginó que ese sería un maravilloso descubrimiento. Quiso estudiar arte y así lo hizo, se inscribió en la Universidad Finis Terrae.

Desde el segundo año, empezó a participar en exposiciones colectivas y a exponer regularmente, haciéndose conocido entre los curadores y artistas nacionales. Logró darse a conocer por su colorido despampanante y sus divertidos y multitudinarios seres que llenan sus cuadros y a los cuales él llama “sus monos”.

¿Por qué siempre monos?
Porque me nace en forma natural hacerlos, son parte de mi léxico.

ARTE EN DIMENSIONES

En esos tiempos universitarios, Totoy conoció lo en el Bellas Artes de un grupo de creadores llamados Cobra, que venían de Europa. Ellos traían una corriente pictórica que se llama art brut o arte primitivo. Este que ver con la no intención, con la expresión automática del gesto, que es como pintan los niños y los enfermos mentales. Hay muchos exponentes de esa corriente, como Jean Dubuffet, Jean Atlan, Karel Appel y Pierre Alechinsky. Yo fui a ver esa muestra y me sentí absolutamente identificado”.

¿Quién te ha influenciado?
En Matta hay un microcosmos, un universo en movimiento, capaz de generar energía que se autogenera sola. Y esto fue muy evidente al principio de mi trabajo. Déspués conocí un material maravilloso que es el esmalte sintético, donde uno puede chorrear y dibujar con el chorreo. Descubrí un mono de línea continua, dibujé el contorno de ese personaje y empecé a hacer otros”.

La inquietud y la curiosidad hacen que Zamudio lleve la técnica del chorreo al computador: la pintura digital. “La pintura se chorreó en el computador, esa fue la sensación que provocó literalmente. Entonces, me di cuenta de que la pintura es una extensión del ojo, el ojo es el que pinta y da lo mismo el material que ocupes”.

Con su lúdico y ameno estilo, Totoy Zamudio cuenta que muchas veces conversa con el cuadro y este le pide cosas. Un día un cuadro digital le habló y en la conversación le dijo: “Totoy, yo necesito moverme, quiero contar una historia”.

¿Y qué hiciste?
Me fui a estudiar a Barcelona, a la Universidad Pompeu Fabra, animación digital, que es cine 3D. Aprender cómo el mono tenía cuerpo, cómo se mueve, qué historia tenía que contar.

¿Con qué te quedas, la pintura digital o el pincel?
Hoy día estoy tratando de reencontrar la mancha, volví al esmalte sintético, porque quiero que la mancha se mezcle con el mono.

LO INNATO

Luego de vivir por siete años en España, del noventa y siete al dos mil cuatro, y de desarrollar su etapa digital, Zamudio se reencuentra, al volver a Chile, con la pintura. Asi es que vuelve a sus orígenes y empieza a pintar como un niño.

¿Qué pasó en tu vuelta a Chile?
Encontré unos dibujos guardados en unas cajas y cuando los vi, me di cuenta de que eran mejores que lo que estaba haciendo en ese momento; eran más libres y espontáneos.

¿Por qué te gusta trabajar con niños?
Porque los niños son maravillosos, porque son iluminados y te iluminan. No te contaminan, te hacen mejor y aprendes de ellos. Yo nunca he querido crecer mucho y cuando estudias pintura los gestos empiezan a tener un nombre y no es que se prostituya la mano, pero en la academia intervienen tus gestos, al gesto le ponen nombre. Por eso, me di cuenta de que era mejor mi pintura antes de estudiar arte.

¿Qué otro gran momento marca tu obra?
Me tocó ser papá y eso me modificó: si la pintura era colorida, en ese momento explotó el color, si los monos estaban alegres, ahora estaban llenos de felicidad. Tengo tres hijos, Borja (10), León (7) y Bilu (5) y ellos me dan constantemente esa energía. Cambiaron mi forma de ver la vida.

¿Otro más?
Cuando murió mi papá, el dos mil siete. Yo no entiendo la muerte, para mí la muerte no existe y el mundo es mágico. Yo estoy siempre con mi papá y con mis niños. Entonces me relaciono con la gente desde la magia, funciono desde la energía y vivo de eso. Por eso a mí no me interesa el dominar, el controlar, el poseer.

¿Entonces cómo lo haces con la fama?
La fama es loca, es extraña. A mí no me interesa y he llegado a ser reconocido, sin tener ganas de serlo. La gente sabe quién soy, y eso ha sido bien impresionante, pero me complica cuando usan mi nombre. Hace tres años me invitaron a un jardín infantil, porque le habían puesto mi nombre a la sala. Entonces, ahora los papás pasan a buscar a sus hijos a la sala Totoy Zamudio…. eso es freak, es especial. En los próximos meses, se podrán ver exposiciones de Zamudio en Buenos Aires, en una Galería de Palermo Soho; otra en la Universidad Católica de Concepción. Entre agosto y septiembre expondrá en New York.

 

"Cuando estudias pintura los gestos empiezan a tener un nombre y no es que se prostituya la mano, pero en la academia intervienen tus gestos, y al gesto le ponen nombre. Por eso, me di cuenta de que era mejor mi pintura antes de estudiar arte”.

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