MIÉRCOLES 21:20 en Fox life.
El chef Gordon Ramsay convir tió a los cocineros en una nueva categoría de rock stars. Desde su irrupción en 2004 con el programa original en Gran Bretaña, delineó un tipo de personaje explosivo y mal hablado de la telerealidad que ha marcado escuela. Ramsay intenta arreglar el mundo a través del conflicto y esa técnica, que en la vida real no funciona en las relaciones interpersonales, representa el motor de sus programas. Los gritos, los improperios, la honestidad brutal son las herramientas de su peculiar estilo de hacer televisión. Ramsay no va a pasarla bien y tampoco lo desea para su entorno. La pesadilla a la que alude el título es real y el paquete completo subraya una tensión permanente. La música de fondo es parecida a la que utilizan los noticiarios para reportar hechos policiales o denuncias, piezas orquestales que sugieren al mundo como una catástrofe. Los restaurantes elegidos para ser inter venidos por el prestigioso chef, quien goza de una reputación considerable en el rubro desde hace quince años, son como el Titanic, condenados a un destino fatal. Locales con modelos de trabajo anticuados que redundan en equipos mal organizados, por ende desmotivados, caldo de cultivo para rencillas y escaso compromiso.
La técnica de shock de Ramsay, así lo establece el guión, casi siempre funciona. El ego y el renombre del iracundo cocinero se imponen a los malos jefes y los empleados patanes. La fórmula de tensión permanente es tan adictiva como escasa de giro. La preparación es siempre igual, los ingredientes no varían, pero la fórmula jamás pierde encanto. Siempre es un gusto ver cuánto más se puede enfurecer y maldecir Gordon Ramsey ante los ojos de todo el mundo.