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EDICIÓN | Julio 2016

Juguetes criollos

Valentina Pereda juguetes Meli Mari
Juguetes criollos

Después de un exitoso paso por Europa, Valentina Pereda regresó a su natal Concepción para emprender un sueño que la inquietaba: su propia línea de productos para niños que tuviera como respaldo alguna característica del territorio nacional. Así nacieron Ramona la camarona, Renato el gato y Pancho el chancho.

Por Paz Moraga S. / fotografía apoyo Meli Mari.

Si bien durante el 27 de febrero de 2010 Valentina Pereda estaba en España, cuenta que ella se “terremoteó por dentro”. Si ya extrañaba a su familia, este episodio de la naturaleza, le pegó más fuerte, lo que fue suficiente para tomar la drástica decisión de dejar una exitosa carrera en la juguetería Saro y regresar a Chile.

Valentina es penquista. Al salir del colegio, se fue a Santiago a estudiar Diseño Gráfico. Trabajó durante cinco años en la capital y luego tomó las maletas y se fue a España siguiendo el amor, reconoce. En esas maletas llevaba sueños y la claridad de querer seguir especializándose, y así lo hizo.

“Allá me especialicé en diseño e ilustración infantil, hice algunos cursos, trabajos freelance, y terminé trabajando en una empresa española (Saro) que tiene ya cuarenta años de existencia, dedicada al diseño y desarrollo de productos infantiles, como un Fisher Price o Chicco, más pequeño, y español”, cuenta Valentina.

La joven emprendedora trabajó por diez años en Saro y estuvo a cargo de la implementación del departamento de diseño: “comencé a darle una identidad corporativa al diseño de productos, no sólo a la marca y al logo, sino que también a los productos. Creé un departamento de diseño y eso me permitió especializarme aún más en la categoría infantil. Llegué a diseñar más de cien colecciones, las que se comercializan en Europa, Asia y el norte de África. Pusimos casi mil productos, y con la firma de diseñador”.

SUEÑO

“A pesar de estar feliz en España, también era feliz en Chile antes de irme”, fue la reflexión de Valentina y lo que la incentivó para finalmente regresar. Pero además, tenía la idea de crear su propia línea infantil, “necesitaba estar cerca de mi familia y cumplir el sueño de diseñar en Chile una línea y una colección con identidad chilena, pero manteniendo los estándares de seguridad europeos”.

¿Dónde parte la idea de crear a Ramona, Pancho y Renato?
Cuando viajaba a Chile y regresaba a España, siempre quería llevar algún regalo a los hijos de mis amigas españolas. Y ahí me comencé a dar cuenta de una situación que finalmente fue el detonante de lo que estoy haciendo hoy, y es que encontré que la oferta de productos para guagüitas de cero a tres años, en Chile, con identidad chilena, eran, en su mayoría, no apta para ser manipuladas por niños tan pequeños, y lo que sí cumplía con aquello, era todo importado, es decir, carecía de esa identidad. Era un poco absurdo que llevara a mis amigas un producto fabricado en Europa.

Ahí encontraste tu nicho
Sí, ahí me comencé a cuestionar, con qué interactúan en Chile los niños de cero a tres años, qué códigos tienen estos productos. Inicié un estudio de mercado, armé una idea perfecta de la situación y vi que había una problemática que podía sincronizar con mi deseo y sueño. Regresé a Concepción hace tres años para armar lo que tengo hoy. Durante el primer año me dediqué a inspirarme y a diseñar la colección, porque diseñar algo con identidad chilena es una fuente infinita de inspiración.

CREACIÓN

¿Dónde nace la inspiración para crearlos?
Cuando regresé a Chile, venía con los refranes españoles y me costó volver a utilizar las expresiones chilenas. Desde esa experiencia, me adentré en el mundo de los refranes chilenos, que fueron mi inspiración para la primera colección, así como también los animales. Seleccioné tres animales que tuvieran relación con los refranes que había escogido: Con “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”, creé a Ramona, la camarona y tiene como elemento el copihue; con “Gato por liebre”, Renato el gato, acompañado por un ají verde; y por último, “A todo chancho”, representado por Pancho el chancho, un motorista, junto a una araucaria. Cada uno tiene su historia y conviven en un universo. Una amiga le hizo un poema a cada uno, y mi idea más adelante es crear algunos elementos audiovisuales en torno a ellos.

¿Por qué Meli Mari?
Llegó un día en que me dije que no podía dilatar más esa tarea de crear el nombre, y había tantas cosas estudiadas en el proyecto, que una de ellas quería que fuera espontánea y que fuera como una cábala.

Hoy cumplo cuarenta años, ¿cómo se dice cuarenta en mapudungun? —que es una lengua que fonéticamente me gusta mucho: “Meli Mari”. La registré, compré los dominios y así quedó.

Todo muy personal
Eso me encanta de mi proyecto. Todo el mundo a mi alrededor ha participado de alguna manera. Mi mamá me ayudó con toda la parte logística. Tengo muy buena relación con mis exjefes de Madrid, ellos me hicieron una asesoría general, porque yo me encargaba de un eslabón de esa cadena en Madrid; aquí tengo que desarrollar toda la cadena productiva. Ese fue el desafío más grande, lo que me asustó en un comienzo. Mi plan A era proponer a una marca chilena, encargarme de esta nueva unidad de negocio, con la logística e instalaciones de la empresa. Toqué puertas, presenté una idea general, y no tuve ningún feedback y mi plan B fue “lanzarme sola a la piscina”.

CALIDAD

La línea Meli Mari es hermosa, llamativa y con cada detalle muy bien pensado. Pero el mayor empeño de Valentina es la seguridad, por lo que cuenta con certificación de seguridad europea, una de las más estrictas del mundo.

¿Cómo financiaste este sueño?
A raíz de una entrevista periodística, conocí la existencia de Innova Biobío, de los fondos que daban y que era bastante factible que me los concedieran.

¿Cuáles son tus creaciones?
Son siete productos en total, y de cada uno hay tres modelos. En total son veintiún artículos. Escogí tres tipos de productos didácticos y lúdicos, y cuatro, funcionales. Tengo peluches musicales, con melodías y luz; sonajeros de paseo, con una pinza para llevarlos a todas partes; luego, el reposa cuellos ergonómico. También un portachupete, un mudador plegable y un tuto.

¿Cómo fueron recibidos los productos?
Tengo mis productos en boutiques y tiendas especializadas. Voy una por una, conversando directamente con la persona que lo va a vender. Si en tres años más la marca es suficientemente conocida, pudiera llegar a canales más masivos. Actualmente, estamos en veinte tiendas del país, además de la venta en nuestra página web www.melimari.cl. En Concepción, en Nanai, A colores, Espacio Alma y Amo Mamá.

 

"Tengo que desarrollar toda la cadena productiva. Ese fue el desafío más grande, lo que me asustó en un comienzo”.

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