Sólidos como bloque y dispuestos a darlo todo, esta alianza chileno-taiwanés ha logrado obtener cemento de cobre de gran calidad; son pioneros en la región, ya que su trabajo se hace de la forma más artesanal posible. Un avance de la pequeña minería que ha llamado la atención de la autoridades regionales y que promete seguir creciendo.
Texto y fotografía: Soraya Valdivieso V.
Un llamado telefónico en plenas Fiestas Patrias, cambió la vida de estos dos empresarios. Era septiembre de 2010, cuando un amigo de Mario Saavedra, afligido y con algunos problemas económicos, llegó hasta las dependencias de Zofri para conversar y ofrecerle la “mina”. Pese a los temores, Mario decidió arriesgarse en este nuevo rubro para él.
Hizo la oferta y compró doscientas hectáreas en plena Cordillera de la Costa, en el sector de Huantajaya, conocido por concentrar gran cantidad de minas de plata.
Hoy, junto a su socio, continúan en la búsqueda de la estabilidad en el retorno económico, aunque la inversión de dinero, pero sobre todo la de tiempo y dedicación, está lentamente dando frutos. El reflejo de esto, es que un día después de esta entrevista, la mina bautizada con los apellidos de ambos socios “Liu y Saavedra”, fue visitada por las autoridades regionales del rubro minero, para poner en valor y colaborar con esta iniciativa que marca un antes y un después en la minería a pequeña escala.
Técnico automotriz, padre de dos hijas, sesenta y un años de edad, es Mario Saavedra, contándonos sobre qué tan difícil es trabajar la minería artesanal en tiempos vertiginosos.
¿Por qué cree que su proyecto es importante para la región?
Porque “somos mineros”. Con nuestro trabajo hemos dicho a la comunidad que sí se puede. Muchos han tenido minas y han trabajado en ellas, pero la escasa perseverancia y las malas inversiones no les han permitido obtener el material que nosotros, de la forma más artesanal que existe, obtenemos. Nuestro producto es de una calidad entre el setenta y el setenta y cinco por ciento del estándar y, probablemente, lo mejoremos. Hoy sentimos que esta minera es un laboratorio, estamos siempre investigando para desarrollarnos.
¿Qué vieron en ustedes las autoridades regionales, que hoy observan con expectación su mina?
Nuestro proyecto es algo nunca antes visto en Iquique, en vez de lanzarnos en grande, lo hicimos en tarros chiquititos de mil litros, con la filosofía de ir creciendo poco a poco. También creo que nos ven serios y, sobre todo, optimistas y con ganas de más.
¿Cómo ha sido el trabajo con las entidades del rubro?
En lo personal, me he sentido apuntalado; no entiendo cuando la gente dice que la burocracia no los deja trabajar en sus minas. Por mi parte, la colaboración ha sido fundamental y la he encontrado en Sernageomin, la Seremi de Minería, Enami y otros, incluso en profesionales que sólo por el interés de trabajar en un proyecto artesanal como este han confiado en nosotros, entregándonos los conocimientos metalúrgicos
en forma gratuita.
¿Cuál es el proceso de producción?
Nosotros ya extrajimos el metal, lo tenemos en cancha, pasa por el proceso de chancado, posteriormente el remojo, después le ponemos la chatarra, se retira el cemento, se va al secado y finalmente al refino. Lo purificamos con máquinas absolutamente artesanales, jamás hemos comprado una máquina después de la chancadora, el resto son tambores y latas. Hemos sacado un buen producto.
¿Qué cantidad producen?
Enami nos ha dado la posibilidad de entregar sesenta toneladas mensuales, pero con suerte podemos hacer diez toneladas, sin embargo, estamos en conversaciones con la Seremi de Minería para hacer un proyecto de apoyo.
¿Qué es lo importante para ustedes?
Crecer, he ahí donde está el problema de nosotros, no hemos podido crecer. Principalmente por las limitaciones regidas por el precio del cobre. Tenemos una gran planta diseñada, pero falta vestirla. En conclusión, el proyecto siempre se sale del presupuesto.
CAMBIO DE VIDA
Son amigos, son confidentes, sus intereses tienen puntos en común y, lo más importante, han podido equilibrar los negocios, con cariño y buenas cifras. Confiesan que no ha sido fácil, sobre todo para Mario, quien tuvo que enfrentar una grave crisis familiar, aunque siempre con el apoyo de Jimmy. Son historias completamente diferentes, pero no opuestas, ya que ambos han potenciado sus respectivos talentos con dos ingredientes: sacrificio y esfuerzo.
En Taiwán nació Jimmy Liu, quien estudió ingeniería en Ecuador; no se graduó por inmadurez, argumenta él. Y quizás nunca soñó con tener una mina, tampoco tenía conocimientos, porque en Taiwán no hay minería, pero su talento con las matemáticas, su optimismo y alegría, lo han lleva do a creer en este proyecto. De apariencia juvenil, y con los “po´” y chupallas clásicos del lenguaje coloquial chileno, este oriental de cuarenta y cinco años, padre de dos hijos, nos comenta su visión de mundo y trabajo.
¿Hace cuantos años llegaste a Chile y qué te pareció Iquique?
Cuando me bajé del avión, en 1999, pensé que se habían equivocado de destino; me sentí en África o Arabia Saudita, pues jamás imaginé que Iquique sería un desierto. Pero la playa y el cerro me cautivaron. Rápidamente me hice usuario de Zofri y pude concretar mis negocios vendiendo motores.
¿Qué diferencias ves entre Chile y Taiwán hablando de mercados?
Muchísimas. En Taiwán todo es más rápido, la estructura del tiempo está medido en su capacidad máxima. Trabajamos muchas horas y también los fines de semana. A veces me quedo perplejo de la demora, por ejemplo, en obtener un carnet o un permiso; en Taiwán eso es una limitante grave. Por lo tanto, está listo en minutos, no se puede perder tiempo en papeles, aquí todo funciona más lento.
¿Cuál es su visión de la minería artesanal en Chile?
El mercado de la pequeña minería es seguro en Chile, el gobierno apoya. Por otra parte, dentro del rubro no tenemos competencia, porque no estamos ofreciendo un artículo con valores agregados, el precio del cobre es uno solo. El secreto radica en que cada minero disminuya sus gastos de operación y obtenga mayor cantidad de producto. Pero el comprador es siempre el mismo y sus valores se rigen en base al mercado mundial.
NADANDO CONTRA LA CORRIENTE
Sólo nueve personas trabajan en la minera “L y S”, quienes se dividen el trabajo en turnos, no obstante, sus dueños son 24/7. La minera se ubica en una curva de la cordillera de la costa, aproximadamente a unos 1.500 msnm., con el Océano Pacífico de frente, una vista preciosa a la inmensidad. El camino para llegar desde Iquique es de treinta y cuatro kilómetros. Pasando la comuna de Alto Hospicio se debe tomar una vía alternativa de tierra, muy antigua y descuidada, donde gente sin escrúpulos bota escombros y quema basura, amparados por la lejanía.
Sin embargo y con la mente fija en el sueño de crecer, los emprendedores construyeron un refugio que puede albergar hasta dieciocho personas, con el máximo de comodidades, casino, baños y buenas habitaciones.
Mario, ¿cuál es su sueño?
Debo confesar que este proyecto robó mi corazón, aunque hay gente que me dice que lleva años en la minería artesanal y que no ha logrado nada. De hecho, en la región sólo estamos vigentes junto a dos mineras artesanales más, lo que dice que la pequeña minería está agonizando. Lo más importante es que hemos levantado este proyecto sin créditos ni endeudamientos, situación que vamos a mantener porque queremos que esto sea lo más real posible. Sueño ver la mina creciendo y produciendo cátodos de cobre con total autonomía.
"Cuando me bajé del avión, en 1999, pensé que se habían equivocado de destino, me sentí en África o Arabia Saudita, pues jamás imaginé que Iquique sería un desierto. Pero la playa y el cerro me cautivaron”, Jimmy Liu.