Cuatro horas diarias de entrenamiento durante toda su adolescencia, dieron como resultado una excelente participación en los recientes Juegos Escolares de la Juventud Trasandina, JUDEJUT 2016, donde la brillante nadadora ganó seis medallas de oro y dos de bronce. Su destacado rendimiento refleja la pasión que siente por competir y dar lo mejor de sí en este deporte que cambió su vida.
Por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Son apenas unos segundos los que debe recorrer entre el camarín y el punto de partida. Lentes de agua listos, posición perfecta, concentración total y adrenalina al máximo. Se da la largada y Mariana Trigo Guzmán solo está enfocada en la meta, dispuesta a dar todo para superarse a sí misma y lograr una presea.
A sus diecisiete años es una de las nadadoras más destacadas a nivel nacional, gracias a su perseverancia y disciplina en este deporte que descubrió como una alternativa para solucionar una tendencia al sobrepeso y que hoy, literalmente, llena su vida.
“Cuando empecé no me gustaba tanto. Ni siquiera sabía nadar. Pero cuando me invitaron a competir, cambió mi visión. Ir superando todos mis objetivos y representar a mi ciudad y a la región fue un tremendo incentivo para mí. Desde entonces, nunca más dejé de entrenar”, señala la hija única del matrimonio formado por Marcos Trigo y Faride Guzmán.
En esta versión de los Juegos Escolares de la Juventud Trasandina, JUDEJUT 2016, Mariana se coronó como reina de la natación, encabezando la delegación antofagastina de su disciplina. Este año la competencia fue en la piscina Sambaray de Quillabamba en Perú y los chilenos, literalmente, brillaron.
¿Cómo fue esta experiencia?
Superó todas mis expectativas. El IND nos mandó para allá tres días antes para aclimatarnos. Quillabamba es un pueblo que está a unas cinco horas de Cuzco, donde hace mucho calor, pues tienen un clima más bien tropical. Al llegar antes pudimos entrenar y aclimatarnos, lo que fue muy positivo.
¿Crees que eso influyó en tus resultados?
Siempre es un aporte tener tiempo para concentrarse y entrenar en el terreno. Yo sabía que estaba bien preparada, pero no me esperaba ganar tantas competencias. Como equipo estuvimos a punto de ganar el primer lugar en la general, lo que me hubiera hecho muy feliz, pero el segundo lugar también fue muy bueno y mis resultados me dejaron bastante contenta.
¿Sientes que la natación cambió tu vida?
A los nueve años los médicos le recomendaron a mis papás que me buscaran un deporte que me ayudara con algunos problemas de salud y una tendencia a ser más gordita. La natación era el más completo y además mi prima, que tenía doce, también practicaba. Al principio no me gustaba nada. Lloraba cuando tenía que venir porque no sabía ni flotar, pero después de unos meses, me inscribieron en una competencia. Sin muchas ganas participé y salí tercera. Cuando subí al podio y vi las medallas me empezó a gustar. Sabía todo el sacrificio que tenía que hacer si quería nadar en forma competitiva, pero estuve dispuesta.
¿Apenas a los nueve o diez años ya asumiste eses desafío?
Es que me gustó mucho competir. Pero el entrenamiento es duro.
¿Cuál es tu rutina?
Tengo que venir (a la Piscina Olímpica) a entrenar todos los días. Empiezo antes de las seis y hasta pasadas las siete de la mañana. Voy al colegio, en las tardes; día por medio, voy al gimnasio y todos los días, de diecinueve a veinte horas, de vuelta a la piscina.
¿Cómo combinas tanto ejercicio con el colegio?
Estudio en el Colegio Antofagasta, donde existe mucha tradición deportiva. Hay otros alumnos y alumnas que practican distintas disciplinas, así que hay un entendimiento de parte de todos con mis horarios y mis viajes.
Al principio es difícil, porque algunos desconfían cuando no puedo entregar trabajos o dar pruebas a tiempo. Pero después de tantos años ya se dieron cuenta de que no es un pasatiempo ni un juego para mí. Han ido entendiendo todo el tiempo que le dedico a entrenar y, poco a poco, me han ayudando, facilitando algunas cosas, como los trabajos de grupo o las tareas que implican mucho tiempo. Llego a las nueve de la noche a la casa, realmente muerta, pero hago mi mejor esfuerzo por cumplir en todos lados y que en el colegio también se sientan orgullosos.
¿Crees que otros estudiantes podrían motivarse a practicar deportes gracias a tus triunfos?
Quizás, pero no sé si todos mis compañeros dimensionan las posiblidades que da practicar alguna disciplina deportiva. Algunos ni siquiera saben que les puede ayudar a abrir puertas en univerdades con becas. En ese sentido, creo que todos los deportistas que representamos a la región y al país podríamos ayudar a otros jóvenes. Mi profesor jefe siempre está atento a lo que hago y a darme apoyo en lo que necesito y eso para mí es muy importante. Finalmente, cada vez que compito siento que estoy representando a toda la ciudad, a mi colegio, a mi familia. Es algo muy difícil de explicar, pero de verdad es como una responsabilidad. Yo entrego todo de mi parte, incluso trato de coordinarme para dar las pruebas pendientes apenas vuelvo de las competencias, pero es complicado estudiar con resúmenes o cuando uno está concentrado en otra cosa.
¿Sientes que eres un poco distinta a otros jóvenes?
Hay algunas cosas que me cuesta compatibilizar. Estoy todo el día con actividades, solo descanso un poco los fines de semana, aunque también entreno en la mañana del sábado. Mis primos que tienen veintitrés y dieciséis años también practican natación y con ellos tengo temas en común, también con mis compañeros de club. Son cosas que para mí están bien, pero quizás hay personas que no entienden mucho mis opciones.
¿Eso te complica?
No, para nada. Me siento muy afortunada porque con mis primos hemos estado juntos toda nuestra infancia, nadando, entrenando, viajando a competencias. Incluso cuando hay actividades familiares, las reprograman en los horarios en que nosotros podemos estar y si alguno de nosotros se duerme en algún sillón, todos entienden. ¡Siempre nos dormimos en los asados! Pero es como una anécdota familiar, nos apoyan mucho.
¿Qué rol juegan tus padres?
Son lo más importante. Mi mamá me trae todos los días a entrenar, mañana y tarde. Soy hija única y realmente mis papás entregan todo para que yo pueda cumplir mis sueños. Yo sé que es sacrificado para ellos y por eso trato de cumplir en todo lo mejor posible. Mi mamá me acompaña siempre e incluso me apoyan con las comidas. En mi casa no se compran bebidas gaseosas ni se comen frituras. Me siento muy acompañada.
¿Cuáles son tus planes?
La verdad es que he tenido que pensar mucho. Estoy cerrando una etapa, que es la del colegio. Eso cambia todo, incluso las categorías de competencia. Mis papás me dicen que me prepare y rinda la PSU, que siga nadando y vaya dosificando según sea necesario, porque no podría dejar de nadar. Yo creo que incluso en la universidad podría competir en torneos nacionales u otras cosas que me permitan logros importantes. Dejar de nadar no ha pasado por mi mente.
¿Así de importante es para ti?
Yo seguiría entrenando siempre, porque me gusta, me relaja, me suelta de muchas tensiones. Si fuera por mí nadaría toda mi vida, me entretiene mucho. A futuro me imagino trabajando como enfermera, que es una carrera que me encanta porque permite ayudar a mucha gente. Combinar natación y una carrera sería perfecto.
"Al principio es difícil, porque algunos (en el colegio) desconfían cuando no puedo entregar trabajos o dar pruebas a tiempo. Pero después de tantos años ya se dieron cuenta de que no es un pasatiempo ni un juego para mí”.