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EDICIÓN | Julio 2016

Una momia muy exclusiva

Floreal Recabarren Rojas
Una momia muy exclusiva

Se supone que hace 2.984 años, un indígena estaba dedicado a extraer cobre en un sitio donde miles de años después se establecería la mina abierta más grande del mundo, Chuquicamata. Premunido con herramientas muy elementales y otros utensilios, un deslizamiento de tierra lo sepultó vivo. Quizás solo sus familiares constataron su ausencia.

En aquellas tierras y cuando ya se había desgajado el imperio español y el proceso de independencia dio origen a las repúblicas americanas, un numeroso grupo de mineros con gesto de aventurero invadieron el cerro de cobre y formaron pequeñas empresas explotadoras del metal. Una de ellas fue la mina “Restauradora”, en cuyas faenas, dirigidas por el ingeniero francés Mauricio Pidot, se provocó un derrumbe de tierra. Cuando pasó el pánico y se disipó la polvareda, quedó al descubierto la figura de un hombre momificado, cubierto de un color verdoso semejante al óxido de cobre. Espontáneamente lo bautizaron como “El hombre de cobre”. Cerca de tres milenios sepultado sobre una cubierta de cobre, sin oxígeno, se produjo un proceso químico que provocó el fenómeno.

MOMIA ANDARINA

En 1899, fecha de su descubrimiento y sin tomar ninguna precaución para preservarla, se inició su deambular por tierras chilenas y extranjeras. Un norteamericano que en esos años vivía en Chuquicamata, ofreció comprarla por quinientos pesos. Fracasó. Volvió a insistir: mil. Tampoco. Finalmente fue adquirida por dos socios que la expusieron al público, previo pago de una entrada. Los antofagastinos pagaron sin reclamar. Luego fue llevada a Valparaíso y Santiago. Por último se transó en quince mil pesos chilenos a una sociedad formada por Torres y Tornero, quienes la enviaron a Estados Unidos y la presentaron en la Exposición de Buffalo (1901).

Los socios estimaban que la exhibición a tan alto nivel, atraería a muchos oferentes por adquirir el “Hombre del Cobre”. Lamentablemente no ocurrió así. Los socios se transformaron en deudores. Como no pagaron, la Casa Hemingway les embargó la momia y sus bienes. Fue adquirida, entonces, por el empresario norteamericano J.P. Morgan, de conocido espíritu filantrópico, quien lo donó, en 1905, al Museo Americano de Historia de Nueva York. Allí permanece, mientras Chile realiza gestiones por retornar la pieza al patrimonio del país. La institución de Nueva York acepta la repatriación del bien arqueológico, pero exige que para trasladarlo se haga con una moderna tecnología para evitar daños. Igual exigencia para su mantenimiento para la exhibición. ¿Será sólo una excusa para no retornar a Chile el patrimonio arqueológico?

 

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