El Cerro San Cristóbal está tan relacionado con vacaciones de escolares que en estas semanas se transforma en una obligación: la visita al zoológico, el viaje en funicular, la peregrinación a la Virgen viven su mayor rating del año.
Nombre Cristóbal, así lo bautizó Pedro de Valdivia, como el santo patrono de los viajeros. Al parecer, los nativos lo conocían como Tupahue, o lugar donde residen las divinidades. De sus laderas desiertas, los hispanos extrajeron rocas. Una cantera que ha nutrido muros, puentes, adoquines, defensas fluviales, pequeños trozos anónimos depositados en las paredes del Palacio de La Moneda o los adoquines de históricas calles de nuestro centro histórico. También operó como punto de referencia y mirador en altura. Desde su cumbre es posible contemplar cuatro comunas: Vitacura, Recoleta, Providencia y Huechuraba.
Junto con sus vecinos, los cerros Tupahue, Chacarillas y Los Gemelos componen el Parque Metropolitano, la superficie que lo transforma en el más grande del país y que también lo ubica en el top ten de los parques urbanos a nivel mundial.
Era un gran terrón, distinto del pulmón verde que vemos ahora. El plan de forestación se inició a comienzos del siglo XX. Pensando en un lugar familiar, rescate y habilitación de espacio público, las autoridades de la época expropiaron los terrenos particulares. Y desde entonces sus cumbres y laderas se han llenado de habitantes humanos y construcciones. Primero, la Virgen del Cerro, la Inmaculada Concepción, cuida la ciudad de día e iluminada en las noches, desde 1908. Cuando la contaminación lo permite, se puede admirar el monumento de veinte metros de altura, de pie sobre una capilla. Fue el monumento más alto del país. Los fieles reunieron fondos para honrar a la Madre de Dios y conmemorar los cincuenta años de la formulación del dogma de la Inmaculada Concepción. La capilla se construyó en la misma cúspide, en tanto que la Virgen fue subida por piezas, según recuerda Oreste Plath en sus crónicas para la revista En Viaje.
Durante el mandato del presidente Alessandri se autorizó dar un espacio para la construcción del parque zoológico. Hoy un poco cuestionada por los ambientalistas, animalistas, y público adulto en general, aunque es la delicia de los niños. Antes de internet, del cable, de la globalización y de los viajes, era oportunidad única en el país para contemplar bestias salvajes. Una de sus fundadoras fue Fresia, la elefanta asiática que vivió allí por más de cincuenta años: repertorio musical infantil. Su muerte, en 1991, fue luto nacional, con responso, dibujos, flores y procesión incluidos.
Por el acceso desde Pío Nono, es posible ascender a la cumbre por el funicular. La terraza estación, ubicada en la plaza Caupolicán, fue diseñada por el reconocido arquitecto Luciano Kulczeswki, en 1926.
Por eso, en este siglo se ha asentado como el lugar de vacaciones para muchos, el cerro San Cristóbal reúne lo que se busca en el asueto: cambio de ritmo, naturaleza, deporte, caminata, paseo, cocaví, bebidas, mote con huesillos, helados. La fotografía del regalón con una llama es recuerdo de varios álbumes familiares. La máscara de superhéroe o heroína con elástico y el mono collar (que enrolla sus brazos sujetados por velcro) es moda invernal entre los más pequeños.
Por estos días debiera volver un clásico de la infancia del adulto joven: el teleférico, un sistema de cabinas redondeadas de colores que se deslizaban por un cableado de dos kilómetros. Desde 1980 hasta 2009 paseó a familias locales y turistas entre cumbre y cumbre, desde Pedro de Valdivia hacia la Virgen.
Decenas de atracciones se han sumado en estos años. Piscinas gigantes, senderos temáticos y ciclovías, zona de picnic, un jardín japonés e, incluso, un túnel que lo atraviesa de norte a sur.