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EDICIÓN | Julio 2016

Travesía olímpica

Nadja Horwitz y Sofía Middleton, veleristas.
Travesía olímpica

Nada parece detenerlas. Ni siquiera haber perdido su embarcación en un accidente a dos meses de los Juegos Olímpicos. Imparables, están dispuestas a todos por lograr el sueño de representar a Chile en Río 2016.

Por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.

Dos meses antes de su debut en los Juegos Olímpicos, la embarcación de Nadja Horwitz y Sofía Middleton viajaba desde Argentina hacia Río por carretera. Sin embargo, a pocos kilómetros de llegar a su destino, el vehículo que la transportaba volcó. Perdieron todo: el barco, la vela y los implementos.

A partir de ese momento, y como si no hubieran luchado ya suficiente para estar ahí, comenzaron una nueva travesía que no iba precisamente a favor del viento. Necesitaban conseguir, en tiempo récord, un barco y buscar la forma de no afectar su preparación.

“No perdimos ningún día de entrenamiento, conseguimos barco para arrendar durante el período programado, y nos trajimos por avión uno más viejo de Europa para que llegara en junio”, explica Nadja, quien junto a Sofía ajusta, por estos días, los últimos detalles de su preparación para los Juegos Olímpicos.

Nadja cuenta que debieron pedir a la fábrica que les hiciera “un mega favor”. No sólo necesitaban que les construyeran un barco nuevo. También que las pusieran como prioridad en la lista, pues demora un mes hacer una embarcación a la medida.

Lo consiguieron. Y no sólo eso. También lograron que llegara a tiempo, por avión, desde Nueva Zelanda.

¿Cómo han vivido este tiempo?
Como una tragedia. La verdad es que fue un gasto económico extra importante, además de un problema logístico. ¡Ni hablar de lo difícil de resolver! Doy las gracias a mi papá y amigos que han dedicado muchísimo tiempo a ayudarnos en esta emergencia.

Lograron que el Banco Santander les comprara el barco nuevo y que LATAM les ayudará a agilizar el traslado, además de transportarlo gratis desde Nueva Zelanda. Se sienten agradecidas y con muchos deseos de ganar luego de saber que familiares, amigos, conocidos, personas de la federación, del Ministerio de Deporte y del Comité Olímpico, así como sus auspiciadores (MEDS y Mitsubishi), creyeron en ellas.

Sofía, ¿fue muy duro enfrentar esta dificultad de último minuto?
Siempre van a existir dificultades en el camino. A veces unas más grandes que otras. El problema ya está solucionado. Fue un peso extra, pero dicen que lo que no te mata te hace fuerte.

EL VIENTO EN LA CARA

Las dos aprendieron a navegar en Algarrobo, en el Club Cofradía Náutica del Pacífico. Cuando apenas era una niña, Nadja descubrió lo placentero que era sentir el viento del mar en la cara. Sofía, por su parte, vio en su papá (“un gran navegante y amante de la vela”) la motivación para echarse al mar.

A ser pareja deportiva llegaron por una casualidad. Sofía recuerda que se inscribió en el mundial de Turquía, el 2010, con su hermano Tomás, y que meses antes del campeonato se dieron cuenta de que él superaba la edad y no podía competir.

“Tuve que buscar a alguien que me acompañara y ahí apareció Nadja. Después de ese mundial nos dimos cuenta de que hacíamos buen equipo y decidimos seguir juntas”.

“Si bien nos separamos por un tiempo por diferencias de intereses, volvimos a juntarnos el año pasado para buscar el cupo olímpico y representar a Chile en Río. Tenemos el mismo objetivo, y eso mantiene unido a un equipo”, dice Sofía.

¿Cómo podrían describir la clase 470, en la que compiten?
El 470 es un barco bastante completo. Tiene tres velas, un mástil alto y cuando alcanza cierta velocidad entra en planeo, lo que lo hace ir muy rápido. A nivel internacional es una clase bastante grande, de mucho nivel y que lleva muchísimos años en los Juegos Olímpicos.

Nadja, ¿qué es lo más importante en esta categoría?
Lo más importante es conseguir la puesta a punto, la afinación correcta para ir rápido, además de correr estratégica y tácticamente bien. Hay que pensar mucho, es como un juego de ajedrez en el agua con muchas variantes.

CONGELADAS

Sofía recuerda que desde que empezó a navegar con Nadja llevaban un ritmo de alto rendimiento. “Estábamos las dos en el colegio, pero nos dedicábamos mucho a este deporte. Viajábamos casi todos los meses a campeonatos en diferentes lugares del mundo y entrenábamos todos los fines de semana en Algarrobo”.

Cuando entraron a la universidad no fue fácil, para ninguna de las dos, combinar el deporte con las exigencias académicas. Sofía estudia Derecho y Nadja Ingeniería Civil, las dos en la Universidad Católica. Hoy ambas tienes sus carreras suspendidas.

“Seguí navegando a nivel nacional, pero me hacían falta las exigencias del alto rendimiento. Me formé en ese régimen y me gustaba mucho. Cuando me llamó Nadja el año pasado para hacer campaña olímpica no pude negarme, era volver a dedicarme al deporte, volver a lo mío, a mi gran pasión”.

¿Cómo fue tomar la decisión de congelar?
Al principio intenté hacer las dos cosas, pero se me hizo muy difícil. Sentía que estaba haciendo las dos a medias. Una campaña olímpica demanda tiempo y se viaja mucho. No es compatible con los estudios.

Nadja tomó la misma decisión: “Siempre me gustó la vela y soñé con unos Juegos Olímpicos, y ese momento había llegado. La verdad es que no podía seguir haciendo las dos cosas. Estaba reventada. Así que este último año de campaña decidí postergar mis estudios hasta después de los juegos. Estoy comprometida con este sueño ahora”.

DEBUT OLÍMPICO

Desde mayo están viviendo en Botafogo. La villa que les ofreció la organización de los juegos está a dos horas, con tráfico normal, de la marina olímpica. “Van a poner un bus que va a acortar ese tiempo de traslado, pero la verdad es que no sabemos si va a funcionar bien”, nos dice Nadja.

Como la mayoría de los deportistas, arrendaron un departamento más cerca de la Bahía de Guanabara, donde se va a correr la competencia. Pasan veinte días al mes ahí y cuando vienen a Santiago lo hacen con equipaje de mano. “Es nuestra casa por estos días”, dice Sofía.

La rutina en el lugar es muy exigente. Una hora de gimnasio por las mañanas, cuatro a seis horas diarias de navegación, y cuando vienen a Chile hacen trabajo de preparación física, controles médicos y solucionan temas logísticos y administrativos.

Para Sofía representar al país en unos Juegos Olímpicos es un sueño que se cumple. “No puedo estar más orgullosa de llevar nuestra bandera en el evento deportivo más importante de todos los tiempos. Creo que es a lo que aspira todo deportista de alto rendimiento. El sentimiento de patria es fuerte y nos da la garra y la fuerza que se necesitan”.

A Río van con el objetivo de quedar dentro del top 10. Ya conocen a sus rivales y saben que es posible. De lograrlo, quedarían clasificadas para correr la Medal Race, que es la última regata donde solo participan los diez primeros y que tiene puntuación doble. Es la regata por la medalla.

¿Y qué pasa después de Río? Nadja se ríe y sentencia: “Es algo que aún no puedo
contestar. En principio, retomaré mis estudios, pero me tendrías que repetir la pregunta en algunos meses más”.

 

"No perdimos ningún día de entrenamiento, conseguimos barco para arrendar durante el período programado, y nos trajimos por avión uno más viejo de Europa para que llegara en junio”, explica Nadja Horwitz

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