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EDICIÓN | Julio 2016

De piropo, nada

María Francisca Valenzuela Observatorio Contra el Acoso Callejero
De piropo, nada

El acoso sexual callejero es una forma de violencia de género y para lograr un cambio, la educación es fundamental. Un proyecto de ley encaminado y un observatorio que saca a la luz pública el problema, son señales de que aquí algo bueno está por pasar. Un nuevo peldaño en la lucha por la igualdad de género que erradicará, entre otras cosas, la publicidad sexista.

Por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A.

“¡Quién fuera noche para caerle encima!, ¡Con esa delantera ganamos el mundial!, ¡Tanto bombón y yo, diabético!, ¡Tanto cuero y yo sin zapatos!”. Son tantos y tan variados los piropos arraigados en la cultura nacional, más o menos subidos de tono, que en el 2008 dio para editar el libro ¿Quién fuera…? de Memoria Chilena.

Se trata de una práctica tan habitual, que hasta está aceptada y normalizada en nuestra sociedad; pero no por ello deja de ser extremadamente violenta, ofensiva y agraviosa y, lo peor de todo, antesala para otras muchas situaciones de violencia, más dejativas y traumáticas, como las que hemos podido ver últimamente en diarios y noticieros de televisión.

Hace casi tres años, la socióloga María Francisca Valenzuela pisó el freno y dijo basta. Y para eso creó el Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC), que sacó a relucir un fenómeno que, si bien puede incomodar en mayor o menor grado, a todos nos afecta.

Feminista de formación, siempre estuvo muy ligada a los temas de igualdad de género; hizo su práctica en el Centro de Estudios de Masculinidad y Género de Uruguay, una ONG que trata temas de violencia masculina, y luego en nuestro país, trabajó como asesora en el núcleo de género de Julieta Kirkwood, de la Universidad de Chile. “Hay un distanciamiento enorme entre la realidad que vemos en la calle y la de la sociología; pese a que uno estudia constantemente problemas de la sociedad, cuesta muchísimo poder aterrizarlos. Ese puente roto siempre me generó mucho ruido y decidí dejar de escribir ensayos y crear el Observatorio, siempre pensando en hacer algo que generara cambios de verdad”.

Cambios que hoy se ven concretados en un proyecto de ley contra el acoso callejero que busca sancionar, con presidio efectivo, a quienes cometan acoso sexual en lugares públicos, y con multas monetarias a quienes realicen hostigamientos, ya sean verbales o gestuales. “Estamos muy contentos de que se haya hecho este ejercicio, porque es como una iniciativa popular; lo que se hizo fue redactar un proyecto de ley desde la sociedad civil y tuvimos que ir al Congreso a educar, a mostrar videos, a dar cifras, y así lograr el apoyo necesario para sacar adelante esta iniciativa”.

Si de cifras se trata, la última encuesta realizada por OCAC, el 2015, y que contó con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social y el Instituto Nacional de la Juventud, es alarmante: tres de cada cuatro personas confiesan haber sufrido acoso sexual callejero en nuestro país, cifra que se eleva a un 85% en el caso de las mujeres. La pesquisa reveló, además, que dos de cada cinco mujeres han sido víctimas en el espacio público de roces, tocaciones o punteos y que un veintitrés por ciento de ellas ha sufrido algún tipo de acoso grave, es decir, persecuciones, exhibicionismo o masturbaciones.

¿Qué es el acoso sexual callejero?
Estamos hablando de todo lo que tiene que ver con tu sexualidad; cuando te tocan la bocina en la calle, te están diciendo “te encuentro buena”, ¿pero buena para qué? No es precisamente para que me cuentes un chiste; es finalmente súper sexual. Lo mismo con un piropo, puede ser que uno no se sienta atacada cuando te lo dicen, pero eso tiene que ver con la educación que recibimos; es triste que a las niñas se les enseñe que la belleza depende de comentarios de un hombre en la calle, que penca que ese bienestar lo hayamos construido de esa forma. Hay muchas personas que lo sienten como un ataque, sobre todo porque las brechas generacionales son súper grandes. Recordemos que el acoso se vive desde los once años, y a esa niña la piropean hombres de treinta, no sus pares, entonces para ella cualquier comentario es un ataque, le da mucho asco y lo siente súper invasivo. Más que cuestionar el contenido, hay que cuestionar la lógica que se construyó.

Y va más allá: “Chile es un país todavía súper machista, conservador y homofóbico para muchas cosas, y todo eso es parte del sentido común. La idea es hacer un clic y que volvamos a tener una perspectiva más inclusiva, equitativa. Una niña de quince años no tiene por qué recibir veinte comentarios en la calle; cambiemos esa realidad. Las sociedades cambian y la nuestra, justamente ahora, está experimentando un cambio que tiene que ver con cómo entendemos lo sexual en el ámbito público, en este caso, mayoritariamente hacia las mujeres”.

Cuando ellos son las víctimas, ¿lo perciben de igual manera?
No, es todo lo contrario. Convengamos en que hombres y mujeres no vivimos la violencia sexual de igual forma, y eso responde precisamente a esta educación machista. Ellos, efectivamente, sufren menos agresión sexual y si la reciben, no se les permite decir que son víctimas de violencia, es mal visto; y ese es el machismo que termina dañando a los hombres. O sea, ¿cómo vas a llorar porque te agarraron el poto?... Hay hombres que incluso sienten el no derecho a reconocer la violencia sexual porque creen que si lo confiesan se van a reír de ellos. Eso tiene que ver con esta formación en la cual el hombre tiene que ser inviolable, poco vulnerable y, por el contrario, la figura de la mujer es súper frágil.Las personas, especialmente las mujeres, deben empoderarse y entender que nadie puede invadir su espacio. Si alguien se te acerca mucho, inmediatamente pon un freno y alza la voz.

¿El principal problema del acoso es la normalización que existe a nivel social?
El principal problema, más que del acoso, es la normalización de un montón de machismos que todavía tenemos arraigados. Hay muchas variables que llevan a que exista el acoso callejero, a que violen a una niña en la calle —que es, sin duda, la máxima expresión de este problema—, entonces no se puede pensar el fenómeno aislado, sino que en lo que se llama continuo de violencia, que es entender que las distintas expresiones de violencia construyen un continuo que puede significar cosas más graves que otras, pero todo es parte de una misma lógica, que permite que esto ocurra.

La publicidad sexista tampoco escapa a esta lógica. ¿Por qué todavía vemos en las calles avisos así como los que propone una compañía de celulares?
La publicidad sexista, o aquella que comete violencia de género en alguna de sus muchas dimensiones, no se encuentra regulada de ninguna forma en Chile, por lo tanto la única forma de detenerla es que los propios consumidores digan que les desagrada. Y eso es lo que está ocurriendo hoy: el mismo descontento del público hace que las empresas desistan de este tipo de publicidad. El caso específico de esa campaña, es más triste todavía porque responde a un tipo de estrategia publicitaria que funciona a través de la incitación, generando controversia y violentando a las mujeres o violando derechos humanos, situación que no se puede justificar de ninguna forma.

EDUCACIÓN

Dentro de sus múltiples labores como presidenta de OCAC, Francisca realiza charlas en liceos y colegios. “Hoy hay un cambio de percepción generacional. Es muy improbable que una niña de quince años te diga que le gusta que la piropeen. Les carga, y son lejos las que más lo sufren. El problema es que cuando esa adolescente cumpla cuarenta, dejarán de piropearla y ya no se sentirá bonita, porque dejaron de gritarle en la calle”.

¿Cambia la percepción sobre el acoso según el nivel socioeducacional?
Mucho. A quienes han tenido acceso a información sobre igualdad de género o feminismo, les encanta la labor que hacemos. Por el contrario, en niveles socioeconómicos donde hay menor acceso a la educación, con desigualdad también en el capital cultural, cuesta más que les llegue la información. Hoy en día en los colegios no se habla de equidad de género y el conocimiento sobre temas de violencia de género es nulo. Hay jóvenes en condición de vulnerabilidad, cuyo contexto es tan violento que su percepción es distinta. Muchas veces me enfrento a chicas con las que voy a conversar sobre acoso y terminamos hablando de violación.Tenemos pendiente trabajar más en los colegios, porque el alumno de bajos recursos no se entera de estos temas.

¿Es posible llegar del piropo a casos de violencia tan extrema como el de Nabila Rifo en Coyhaique?
Lo que sucedió con Nabila resulta muy enigmático, porque ella había presentado una denuncia por violencia. Su caso da cuenta de la insuficiencia de protección que existe a las víctimas y es parte de un continuo de violencia que deja de manifiesto que crímenes muy horribles, que pensábamos estaban alejados de la realidad nacional, están incrustados en nuestra sociedad, en nuestra cultura y formación que fomenta este tipo de desigualdad, y que en sus versiones más extremas, genera este tipo de crímenes de horror y odio hacia nuestra mujeres.

 

"Hay una formación en la cual el hombre tiene que ser inviolable, poco vulnerable y, por el contrario, la figura de la mujer es súper frágil. Las personas, especialmente las mujeres, deben empoderarse y entender que nadie puede invadir su espacio. Si alguien se te acerca mucho, inmediatamente pon un freno y alza la voz”.

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