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EDICIÓN | Julio 2016

A paso firme

Nicolás López zapatos Kolen
A paso firme

Sólo tiene veinticinco años, y ya posee su empresa: zapatos Kolen, una línea de calzado masculino que diseña y crea solo, gracias a sus dotes manuales y a la herencia de su abuelo y padre, ambos zapateros. En estas páginas, una colección donde la vanguardia y la elegancia destacan.

Por María José Pescador D. / fotografía Andrea Barceló A.

Su abuelo, Antonio López, nació en Rengo, y fue aquí donde todo comenzó. Aprendió el oficio de un zapatero y buscando nuevas oportunidades se trasladó a la capital con su familia. Su hijo, Luis López, distribuía los zapatos por la región: San Vicente, Pichilemu, Rengo, San Fernando y Rancagua. Con el tiempo Don Luis siguió el legado de su padre, dándole siempre prioridad a la Región de O’ Higgins pues es aquí en donde están sus lazos familiares, tarea que hoy continúa Nicolás (25). “Todos los veranos nos veníamos a Pichilemu con los compadres de mi papá, y fueron ellos los que me dijeron que por qué no hacía zapatos y aprovechaba los contactos que teníamos en Pichilemu y además en Rengo, donde ellos tienen un café boutique, para vender los zapatos. Y así lo hice.”

En una primera instancia estudió kinesiología, pero pronto continuó con el oficio de la zapatería, y es que lo lleva en la sangre. El lugar más entretenido para jugar siempre fue el taller de su padre. Jugaba con las hormas, dibujaba modelos y hasta armaba zapatos. “Crecí viendo cueros acumulados en mi casa. Pasaba veranos enteros en el taller con mi hermana. Había que apoyar en diferentes cosas y nosotros felices. Ayudábamos a hacer ojetillos, usábamos los pegamentos, ordenábamos la bodega, entre otros…”.

Cada vacación hacía de ayudante de su padre, quien hoy sigue haciendo algunos zapatos, pero de forma más esporádica y sólo a pedido. Lo de esta familia es absolutamente artesanal. Aquí no hay gran cantidad de máquinas, ni de maestros; la idea nunca fue la de industrializarse, porque “las cosas únicas se hacen a mano, de a poco, uno por uno, con la idea de lograr un producto ultra exclusivo”.

¿Cómo llega el tema de fabricar zapatos?
Siempre me gustó la manualidad. Empecé haciendo muebles ergonómicos y me fue muy bien con eso. Hice varias estaciones de trabajo para distintas empresas y se me ocurrió hacer zapatos ortopédicos y ergonómicos, pero de diseño, porque estos no suelen ser muy bonitos. La idea siempre ha estado, yo sé hacer zapatos desde chico y quise continuar con el legado familiar. Hace un año empecé a formar Kolen.

INSPIRACIÓN CHILENA

Como hacer un zapato ortopédico no era tan fácil —hay que tener maquinaria especial y estudios en el tema—, Nicolás decidió emprender, primero, con calzado de diseño para hombres e ir de a poco aprendiendo más del rubro. “Siempre quise que se llamaran “Zapatos López”, pero lo encontré muy fome, así que llegue a Kolen. El logo es una araucaria, porque me encantan y quise que mi línea se inspirara en la geografía chilena”.

Así fue como Nicolás, en el escritorio que tiene en su departamento de Ñuñoa, tomó lápiz y papel y empezó a dibujar los que serían sus primeros zapatos. Pronto partió a la calle Victoria en Santiago a buscar las materias primas: cueros, hormas, suelas, plantas, platillas, entre otros…“Me conozco el barrio de memoria. Ahí se compran los mejores insumos para calzado”.

¿Qué te dijo tu papá de este emprendimiento?
Yo pienso que siempre lo esperó. Está feliz. Él sabe que hago esto por todo lo que aprendí de él. En gran parte es un agradecimiento a mi padre.

¿Por qué zapatos para hombres?
Porque en el mercado chileno hay poca variedad de estos. La mayoría son los mismos modelos, sin casi modificaciones, tradicionales, fomes. Entonces quise hacer un zapato de diseño. De hecho son para hombres, pero los he vendido también para mujeres que calzan arriba de cuarenta y les cuesta encontrar modelos diferentes. También se han llevado los mismos modelos papás con sus hijos. Y esa es la idea que todos puedan usar Kolen, sin importar la edad o el sexo.

¿De dónde viene la idea de cada modelo?
Modernicé los zapatos que hacía mi padre.

¿Cuál es el proceso de fabricación de un zapato?
Absolutamente manual, artesanal. Primero se piensa y se hace un bosquejo del modelo. Luego se envuelve con huinchas de papel una horma y se dibuja encima de estas el modelo. De ahí se cortan las piezas y se rearman en lata, para crear un molde hecho de este material. Ese zapato de lata se manda a aparar, es decir, a hacer las piezas de cuero y unirlas cosiéndolas con una máquina especial. No es nada de fácil el proceso. Hay un tanto de matemáticas y de cálculo que he ido perfeccionando, porque si falla la medida del alto de la caña y queda más baja que el largo de la punta, resulta un zapato deforme…

MODELOS DE VANGUARDIA

Lo que diferencia a los zapatos Kolen de los del mercado tradicional, es claramente la manufactura, la dedicación con la que Nicolás trabaja cada detalle y la mirada vanguardista que le ha dado a cada uno de sus modelos, todos distintos, con cortes modernos, suela de crepe —lo que los hace flexibles por lo tanto muy cómodos—, cordones de colores y materiales de primera calidad.

¿Cuáles son los tipos de zapatos que creaste?
Tengo por ahora cinco modelos: El primero con el que incursioné se llama Cordillera, porque tiene un corte en la caña que es de otro color. Es una oda a la Cordillera de los Andes; luego viene Kisú, es una palabra mapuche que significa simple. Y así es este modelo sencillo. Luego viene Cartagena, porque es bajo, no es como los anteriores que son botines (Cartagena está al nivel del mar); este es un modelo más tradicional. Luego viene el Quinchao, que es una isla cercana a Chiloé, y tiene una forma recortada, por lo tanto los zapatos de este estilo tienen la punta recortada. Y por último está el Angostura que tiene una pieza distinta en medio del zapato.

¿El que más se vende?
El Kisú. Creo que por lo simple y más tradicional.

¿Cuántos zapatos de cada modelo haces?
Quince de cada uno y dos por talla, más o menos.

¿Cuánto te demoras en hacer un par?
Al principio me demoraba entre ocho a diez días. Todo es manual…

¿Lo haces todo solo?
Casi todo. El aparado lo mando a hacer porque eso se realiza con una máquina especial para coser el cuero. Y tengo un maestro que me ayuda.

¿Las cualidades de tus zapatos?
Es un zapato de cuero, hecho a mano, de diseño. El objetivo es además que Kolen entre al mercado como un zapato accesible con la idea de que cualquier persona lo pueda usar.

¿Dónde podemos encontrar los zapatos?
Vengo todo el tiempo a Rengo y los dejó ahí, en la cafetería de los compadres de mi papá, se llama La Despensa. Es en la única parte que están expuestos. Y pronto se viene una tienda en Rancagua o en Pichilemu. Mi idea es distribuir en esta región y asentarme en ella luego, porque además mi pareja vive en Rengo.

A EXPORTAR

¿Cuántos zapatos empezaste a hacer y cuántos haces ahora?
Empecé haciendo solo los prototipos. Así que sólo hacía a pedido, unos diez o quince pares al mes.

¿Hoy cuanta capacidad tienes de producción?
Ahora ya tengo un stock. Trabajo con tres maestros y somos capaces de hacer treinta zapatos en un día.

¿Cuánto ha crecido tu venta?
Empecé vendiendo de dos a tres pares al mes. Hoy vendo siete pares al mes. He crecido el doble en muy poco tiempo. Haciendo yo mismo la publicidad en Facebook, página web (www.kolen.cl ), instagram… Kolen también tiene un área de accesorios… Sí, hago bolsos de lana con bolsillos y tirantes de cuero, también hago sobres enteros de cuero. Esos son más para mujeres, pero hombres también los han comprado… Ahora estoy masificando esa producción y creando nuevos modelos.

¿Las metas?
A mediano plazo, sacar la colección de mujer que ya se viene, y la de niños. Por otro lado, esta lo de la tienda, el traslado a la zona… Mi objetivo es poder llegar a las regiones de Chile, terminar con el monopolio santiagüino y enfocarme en que la gente de otros lados pueda acceder a zapatos de diseño, que no se siga pensando que las cosas buenas sólo están en la capital. A largo plazo quiero exportar los zapatos. He recibido muy buenos comentarios de gente del extranjero que me escribe y felicita por el trabajo.

 

"Vengo todo el tiempo a Rengo y los dejo en la cafetería La Despensa. Es en la única parte que están expuestos. Y pronto se viene una tienda en Rancagua o en Pichilemu. Mi idea es distribuir en esta región y asentarme en ella”.

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