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EDICIÓN | Julio 2016

Chile, país de arquitectos

Pilar Urrejola, presidenta del Colegio de Arquitectos.
Chile, país de arquitectos

Está a la cabeza de uno de los colegios profesionales más importantes de nuestro país. Desde hace rato que la arquitectura se está transformando en la nueva poesía para los chilenos: estamos llenos de talentos, obras y proyectos. Y sobre ellos está una mujer que respira y vibra con lo que hace.

Por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A.

La sede del colegio de arquitectos está en plena Plaza Italia. Un edificio diseñado por Luciano Kulczewski y declarado Monumento Nacional, resiste estoico los embates del tráfico, el ruido y las marchas estudiantiles.

En su oficina principal trabaja una de las mujeres fuertes de la arquitectura nacional. Pilar Urrejola lleva cuarenta años dedicada a pensar, diseñar, planificar y construir la ciudad y tres décadas formando alumnos en la Universidad Católica. Por sus salas ha visto pasar a varios de los más destacados
arquitectos nacionales, muchos de los cuales después se han transformado en sus colegas. También ha visto evolucionar la arquitectura, desde el dibujo a mano alzada hasta las elevaciones en 3D de sus planos. La tecnología, las modas, los nuevos estudiantes… ha sido testigo del cambio desde el momento en que se decidió por esta profesión.

Estudió en La Maisonette, un colegio de mujeres bastante vanguardista para fines de la década del sesenta. Su primer acercamiento con su vocación lo tuvo arriba de la micro, camino al colegio, cuando se dedicaba a observar las casas y a pensar cuál de ellas elegiría para vivir. Por lo mismo, a nadie le extrañó que, en 1971, optara por la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile. “Era una época muy entretenida, en que todo se discutía y siempre había que tomar posición… me acuerdo que hasta las entregas de trabajos eran sometidas a votación. A mitad de la carrera vino el golpe y las cosas cambiaron; en la Escuela había todo el tiempo militares, no te permitían juntarte en grupos muy grandes en el patio. El cambio fue gigantesco, pero sirvió para entender la trascendencia de las cosas de un sentido y de otro”.

Mientras estaba estudiando, un profesor la invitó a ser su ayudante en la Universidad Católica. Para ella fue muy marcador iniciar su carrera docente en ese lugar, porque “eran dos modos de entender la arquitectura. Por un lado, la Católica de una tradición mucho más artística, imaginativa y proyectiva y, por el otro, la Chile, bastante más politécnica”. En esa época también comenzó a trabajar como dibujante en la oficina de arquitectura de Eduardo Cuevas Valdés, quien le entregó las herramientas de acercamiento al mundo profesional.

Se quedó en esa oficina por varios años y, en 1986, se transformó en profesora titular en la UC, donde dicta la cátedra de Taller, quizás una de las materias más importantes en la formación de un profesional de esta área.

¿Cuánto ha cambiado la enseñanza de la arquitectura en estos años?
La revolución tecnológica ha tenido un peso importantísimo en la arquitectura, de hecho, hay muchos profesionales que creen que hoy la profesión tiene un nuevo sentido. El espacio es móvil, se regenera y no es estable. La arquitectura siempre ha trabajado con una imagen que parte de un sueño, de una pregunta que se transforma en un proyecto. Y la relación entre la mano que dibuja y que, al mismo tiempo, va pensando, se ha modificado con los programas computacionales.

El cambio es muy fuerte: del papel y el lápiz mina al Autocad.
Exactamente y, en estricto rigor, el computador y la pantalla también son instrumentos, pero el tema es la reflexión. Sigo creyendo que cuando trabajas con lápiz y papel, tu cabeza y tu mano van pensando juntas, se iluminan mutuamente. En el software dibujas una planta, aprietas un botón y te arma la  ridimensionalidad gratis; y te puede dar doscientas alternativas sin pensarlas. El problema no está en el uso de estas tecnologías, sino en que antes de usarlas hay que pensar como arquitecto.

¿Y cuánto ha cambiado el estudiante?
Muchísimo. En mi época el trabajo era necesariamente en equipo, se trabajaba en conjunto… te pasabas la noche dibujando, tomando café, fumando y discutiendo. Hoy eso existe en las oficinas de arquitectos, pero muchas veces pasa que armas un proyecto, puedes mandárselo a alguien a que lo dibuje en el computador de su casa y te comunicas con él por teléfono. Es imposible educar a un arquitecto a distancia y, en ese sentido, el taller es esencial.

¿Y los alumnos se resisten a dejar la tecnología?
Sí. Por ejemplo, ahora uno de los problemas que hay en los talleres, especialmente en el de inicio, es que los internacionales”. profesores les piden a los alumnos que vayan a un lugar y el tipo se mete a Google Maps y sabe exactamente la topografía, los vientos, las sombras del verano y el invierno; tiene todos los datos. Así que saca la foto y la calca. Además, los alumnos de hoy conviven con esos monstruos que son el éxito y el fracaso, un peso que nosotros no cargábamos. Siento que les ha tocado una vida más dura, pero al mismo tiempo más cómoda, porque muchas veces, más que estudiantes se creen clientes.

EL COLEGIO

“Los colegios profesionales son esenciales para el país. No es posible que en un país como el nuestro, que se cree en vías de desarrollo, no exista un listado de profesionales que sea capaz de garantizarte que el tipo que te a va a operar sea, efectivamente, cirujano. Todos debiéramos saber quiénes son los médicos, los veterinarios, los bibliotecarios, los periodistas o los arquitectos. Primero, porque hay vocabularios propios de cada disciplina y porque es necesario el sentido de pertenencia, porque mis problemas no son iguales a los tuyos y no es posible que la gente salga de la universidad y se quede absolutamente sola.

Y en el caso de los arquitectos, no sólo se trata de lo que les pasa a ustedes como profesionales, sino también de la defensa de las ciudades y del territorio…
El noventa por ciento de los chilenos son urbanos, lo que es muchísimo. Entonces, tenemos que preocuparnos de la habitabilidad del territorio, del hecho de que tenemos climas y paisajes distintos, pero la vivienda social que se hace es la misma desde Arica a Punta Arenas. Y sí, reconozco que muchas veces no hemos sido lo suficientemente potentes para hacernos oír.

Estamos en un momento en que el arquitecto se está transformando en “rostro”.
Sí, y yo estoy orgullosísima de eso. Nosotros tenemos un excelente nivel en las escuelas de Arquitectura, muchas reciben alumnos de doctorado que vienen desde Europa a estudiar acá, a nuestros alumnos de intercambio les va magnífico. Damos una muy buena educación y como resultado de eso hemos tenido una gran cantidad de arquitectos talentosos… o sea, podemos hacer en un minuto una lista de veinticinco que el año pasado tuvieron reconocimientos internacionales. Hace poco Eugenio Tironi escribió una columna en El Mercurio, donde decía que en Chile no había ninguna otra profesión que tuviera más importancia mundial que la arquitectura.

De “Chile, país de poetas” a “Chile, país de arquitectos”…
Gabriela Mistral y Pablo Neruda son a la poesía chilena lo que Alejandro Aravena va a ser a nuestra arquitectura.

¿Hay un antes y un después del Pritzker de Aravena?
Por supuesto, el Pritzker fue como la gota que faltaba para hacer la luz.

 

"Cuando trabajas con lápiz y papel, tu cabeza y tu mano van pensando juntas, se iluminan mutuamente. En el software dibujas una planta, aprietas un botón y te arma la tridimensionalidad gratis. El problema no está en el uso de estas tecnologías, sino en que antes de usarlas hay que pensar como arquitecto”.

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